martes, 17 de abril de 2007

Peligros de la alta montaña

Peligros en alta montaña

Cuando nos alejamos de las sencillas sendas de trekking y avanzamos sobre lo que se conoce como “alta montaña” debemos tener presente diferentes características del nuevo medio en el que nos movemos. Así, la alta montaña, se caracteriza fundamentalmente por el tipo del terreno y por los peligros que este conlleva, entre los cuales la altitud es simplemente uno más. Por ello, definimos un lugar con condiciones de alta montaña, independientemente de su ubicación geográfica.
Muchos y complejos son los peligros a los que puede estar sometido un escalador. Generalmente se dividen en objetivos (derivados directamente de la naturaleza y de su acción directa sobre el individuo) y subjetivos (que vienen dados por cada persona y su actuación); estos últimos, son por lo tanto los más difíciles de evaluar.
El conocimiento profundo de la montaña es por lo tanto importantísimo para poder reconocer y evaluar los peligros a los que podemos vernos expuestos. En el mismo orden de importancia está el conocer nuestras propias limitaciones y las de nuestros compañeros. Hay que ejercer un crítico autocontrol de nuestras posibilidades. La decisión de dar media vuelta o renunciar no es a menudo fácil, pero posibilita seguir subiendo montañas. Nunca debemos menospreciar la montaña, que siempre es infinitamente más poderosa; aún aquellas de aspecto más inocente pueden darnos una lección de humildad.
Quizá todos los peligros en la montaña se reduzcan finalmente al comportamiento del hombre. Así el frío, los desprendimientos de piedras o de hielo, las cornisas o los serac inestables, son peligros latentes en el transcurso de muchas escaladas, pero éstos amenazan al hombre sólo en la medida en que éste se expone a ellos.
Entre los peligros en alta montaña analizaremos:
1- la nieve y las avalanchas.
2- el hielo y los glaciares.
3- la altura.
4- el frío.
5- la radiación solar.
1.- NIEVE Y AVALANCHAS

1.1.- Formación de la nieve.
1.2.- Propiedades de la nieve.
1.3.- Metamorfosis de la nieve.
1.4.- El desencadenamiento de las avalanchas.
1.5.- Tipos de avalanchas.
1.6.- Ideas falsas sobre la nieve y las avalanchas.
1.7.- Estructura del manto níveo.
1.8.- Factores que determinan o agravan el riesgo de avalancha.
1.9.- Precauciones a tomar y equipo preventivo.
1.10.- Búsqueda de sepultados.
1.11.- Reanimación de víctimas de aludes.

1.1. - Formación de la nieve.
Cuando el aire húmedo es forzado a ascender, ya sea por encontrar en su camino otra masa de aire más densa o bien una cadena montañosa, se enfría. El vapor de agua que esta masa contiene se condensa en torno de pequeñísimas partículas de polvo atmosférico, dando así origen a pequeños cristalitos de hielo. Si en el curso de su caída estos cristales encuentran temperaturas superiores a 0º C se funden y darán origen a la lluvia; en tanto, si las temperaturas permanecen bajas tendremos nieve, cuyas características dependerán de las condiciones especiales de temperatura y humedad dentro de las nubes.
De esta manera, pueden existir una amplia variedad de formas de cristales, si bien su base estructural es el hexágono sobre el cual pueden evolucionar pequeñas estrellitas o bien agujas. Es obvio que la forma de estos cristales, que en definitiva son los que componen los copos de nieve fresca, determine principalmente el peso volumétrico del manto níveo fresco. Este varía de 40 a 200 Kg./m3. Debido a los fenómenos de metamorfosis el peso de la unidad volumétrica del manto níveo crece a lo largo de todo el invierno llegando finalmente a constituir el hielo cuyo peso específico es de 920 Kg./m3. (Recordamos el agua pesa 1000 Kg./m3)

1.2. - Propiedades de la nieve.
La nieve es un material sólido pero debido a que el manto níveo esta supeditado a cambios, es posible encontrar en él, al agua en sus tres estados: sólido, líquido y gaseoso. Esto sucede si las temperaturas oscilan entre 0º C y -3º C. (Por debajo de -3º C ya no es posible encontrar agua en estado líquido).
La nieve tiene propiedades aislantes. Gracias al aire que contiene, protege la vegetación de los rigores del frío. La temperatura exterior puede ser de -15ª C o -20ª C pero si el manto de nieve es lo bastante espeso, la temperatura cerca del suelo se mantiene cerca de 0º C.
La nieve se calienta durante el día. Cuando brilla, el sol calienta la capa de nieve superficial. Esta acción del sol varía mucho con la calidad de la nieve (la nieve vieja absorbe mucho más energía que la nieve fresca, ésta la refleja en su mayor parte). Varía también con la estación del año y la orientación de las pendientes.
La nieve pierde su calor de noche. En una noche clara y sin viento, la nieve irradia hacia el espacio. Su temperatura superficial puede, entonces, ser inferior a la del aire, medida bajo techo, en 10 a 15º C. Al contrario, si el cielo está cubierto, si llueve, si hay viento, la temperatura del aire y la de la superficie de la nieve se equilibrarán.
La nieve es un cuerpo compresible. Acumulada por el viento, pisada por las máquinas, apretada en bollos, naturalmente asentada bajo el efecto del peso de las nuevas capas la nieve se vuelve más dura, más resistente. Acercando los cristales de nieve, la compresión favorece la creación de sólidos vínculos entre ellos.
Como contraparte, la nieve resiste mal las tracciones y la capa suele romperse, en particular en las rupturas de pendiente. La rapidez de la compresión de una capa de nieve depende de la temperatura. Más frío, compresión más lenta. Por lo tanto el frío pues no es siempre sinónimo de manto de nieve estable.
Durante todo el invierno, el manto de nieve se comprime, bajo el efecto de su propio peso y de las metamorfosis que sufre. Una capa de 3 metros al fin del invierno corresponde a una suma de alturas acumuladas de caídas de nieve de una decena de metros.
La nieve posee cierta cohesión. Por su propia peso y bajo la acción de la gravedad, la nieve tiene tendencia a deslizar hacia abajo en las pendientes (movimiento de reptación). Pero al mismo tiempo, opone cierta resistencia a este deslizamiento. Además, ciertas fuerzas de fricción entran en juego y frenan este movimiento hacia el valle. La nieve fresca posee una cohesión de “apelmazamiento”, debido a que los cristales se enmarañan, lo cual permite que la nieve permanezca sobre pendientes muy empinadas (hasta 80 grados), pero aquí permanece muy poco tiempo (Ej. los árboles que se descargan espontáneamente después de una nevada). Durante su transformación, los granos se sueldan entre sí mediante pequeños puentes de hielo, lo que vuelve el material más sólido aún cohesión de “frittage”. La nieve mojada se queda en equilibrio sobre la pendiente debido a la cohesión capilar. Este vínculo muy precario entre los cristales está hecho por el agua líquida. Bajo el efecto del frío, un manto nevado húmedo será soldado y estabilizado de nuevo gracias a la cohesión de recongelamiento.

1.3. - Metamorfosis de la nieve.
La nieve es un material vivo. Desde el momento de su caída hasta el derretimiento, su estructura y sus propiedades no cesan de evolucionar. Esto es lo que se llama “metamorfosis de la nieve”. Durante la caída o inmediatamente después, los cristales pierden algunas de sus ramas, bajo el efecto del viento o del peso de las capas superiores. Es una metamorfosis destructiva, que da una nieve liviana y sin cohesión, a menudo “en polvo” y muy agradable para esquiar. La metamorfosis destructiva es siempre producida por el viento y sus copos, redondeados, pueden ser acumulados en la montaña como base para futuras avalanchas de placa. Después, pueden presentarse tres casos:

- La metamorfosis de isoterma, que se produce cuando se mantiene una temperatura ligeramente inferior a 0º C dentro de todo el manto nevado, durante varios días. Las partículas de nieve desagregadas por la metamorfosis destructiva tienden a redondearse (las puntas desaparecen, los huecos se llenan). El tamaño de los granos se vuelve uniforme, cerca del milímetro. Se acercan entre sí, se sueldan unos a otros por “frittage”. La capa se hace más sólida y más densa (en el orden de 300 a 350 Kg./m3). Sólo un aumento sensible y prolongado de la temperatura, iniciando el proceso de fusión, puede modificar las características de este estrato de nieve. Este fenómeno natural, cuya duración varía con la temperatura, puede ser provocado y acelerado por la agresión artificial (como sucede en los centros de esquí, con las máquinas pisapistas). Es el tipo de metamorfosis que se encuentra sobre las pistas de esquí.

- La metamorfosis de gradiente, se produce cuando un período de buen tiempo, frío, sucede a una nevada. La temperatura de superficie se empareja con la del aire ambiente (a veces -10 o -15º C), mientras que la temperatura cerca del suelo está cerca del 0ºC.
El aire relativamente caliente y húmedo situado en la base del manto de nieve tiene tendencia a subir a causa de esta diferencia (o “gradiente”) de temperatura. A medida que sube el aire, el vapor de agua que contiene va a condensarse sobre cristales más fríos, que aumentan en tamaño. A su vez, éstos dejan escapar un poco de hielo por su parte de arriba en beneficio de la base de los granos colocados encima. Los cristales cambian de forma y toman poco a poco el aspecto de pirámides huecas (o “cubiletes”), de 5 a 6 Mm., que constituyen un edificio muy inestable (se hablaba antes de metamorfosis “constructiva”). Esta nieve seca, sin cohesión, no comprimible enterrada bajo nuevas capas, podrá servir de plano de deslizamiento para una avalancha.
Esta escarcha, que hace pensar a sal gruesa, es muy frágil. Su derrumbamiento bajo el solo peso de las capas superiores puede desencadenar una avalancha. Estas capas de escarcha de profundidad son tanto más peligrosas que, una vez formadas, pueden subsistir todo el invierno, formando una subcapa poco estable. Sólo podrán ser transformadas por fusión en la primavera. En pisado de las pistas se opone a esta evolución peligrosa aumentando la densidad de la nieve y consolidando el manto de nieve. Pero se sabe con que facilidad se pasa de la pista, dominio de (relativa) seguridad, a las peligrosas pendientes Sur de nieve virgen, espacios de libertad pero que esconden más de una trampa insidiosa.

- La metamorfosis de fusión, es la última fase de la evolución del manto de nieve antes de su desaparición. Esta transformación es observable en invierno, en ocasión de un calentamiento sensible, y más tarde con el deshielo primaveral. Cuando el manto de nieve contiene agua líquida, los granos evolucionan de nuevo. Los más chicos se derriten y se obtienen cristales gruesos, bien redondeados, de 1 a 3 Mm. de diámetro. Cuando hace frío, están perfectamente soldados entre sí, pero pierden su cohesión cuando el agua que los vincula se derrite. Este ciclo diario es particularmente visible durante los días lindos de primavera: muy estable en la mañana, el manto de nieve se derrite superficialmente (nieve “transformada”), luego en profundidad (nieve “podrida”) y se vuelve inestable (riesgos de derrumbes) por efecto del calentamiento. Estas metamorfosis no afectan el manto de nieve de modo homogéneo y global. Cada capa sufre su propia evolución. Es la razón por la cual es indispensable conocer la estructura del manto de nieve en profundidad, para evaluar su estabilidad y deducir los riesgos eventuales de avalancha.

1.4. - El desencadenamiento de las avalanchas.
La previsión de este riesgo reposa esencialmente sobre un mejor conocimiento del material nieve, de su evolución en el transcurso del periodo que media entre el momento de su caída y el de su derretimiento. Pero supone también que se conozcan un cierto número de factores particularmente propicios a la formación y al desencadenamiento de las avalanchas.
Modificando las propiedades mecánicas de una capa de nieve dada durante la temporada, las metamorfosis son un factor muy importante del desencadenamiento de las avalanchas. Esquemáticamente el manto de nieve es un cuerpo en equilibrio sobre un plano inclinado. Puede empezar a deslizarse porque las fuerzas que lo mueven hacia abajo (peso de la nieve) se hacen demasiado fuertes. Hay aumento de las presiones. Pero el equilibrio también puede romperse porque las fuerzas de reacción que lo mantienen en su lugar (cohesión de la nieve, fricción sobre la pendiente) disminuyen: tenemos entonces una disminución de las resistencias.
Hay diferentes clases de nieve, también hay varias clases de avalanchas, que corresponden, esquemáticamente, a las diferentes etapas de la vida de la nieve.

1.5. - Tipos de avalanchas.
Las avalanchas de nieve reciente, (en polvo). Se producen durante la nevada o poco después. Son particularmente espectaculares si ponen en movimiento una gran masa de nieve en polvo. Una vez desencadenado el movimiento, esta nieve se mezcla con el aire y cae como un gas pesado. Puede alcanzar velocidades muy grandes (más de 100 km/hs) adquiere una energía considerable y empuja el aire adelante de ella creando una onda de choque. El aerosol así formado asfixia o, mejor, ahoga los pulmones de los que atrapa. Cuando encuentra un obstáculo, el aire es bruscamente expulsado y la nieve se transforma en “hormigón”.
El mecanismo que desencadena estas avalanchas es sencillo. Los cristales primero se enmarañan entre ellos, la nieve queda sobre pendientes muy empinadas, árboles o muros. Es la cohesión de “apelmazamiento”. Sin embargo, este equilibrio es inestable. La menor perturbación (nieve nueva, viento, onda de choque) es suficiente para desencadenar el deslizamiento.
Siendo determinante la acumulación de nieve, el esquiador y andinista evitará todo circuito expuesto durante los días siguientes a precipitaciones abundantes. El peligro permanecerá durante todo el tiempo que la temperatura se mantenga baja. Esta evidente regla de prudencia, sin embargo, es a menudo ignorada: basta mirar el dominio fuera de pistas de una estación invernal tras una nevada para convencerse.
Si sopla viento, aparece un riesgo suplementario. En efecto, el viento transportará rápidamente la nieve, desnudando las crestas y ciertas laderas, favoreciendo la acumulación en las hoyas o atrás de las crestas. Tanto más aumenta el riesgo.
Avalanchas inesperadas en retardo pueden producirse en los días que siguen a la nevada. El asentamiento depende mucho de la temperatura. Si ésta se acerca a cero, basta con algunos días.
A la inversa, si hace mucho frío, la evolución es mucho más lenta y el peligro se mantiene latente. La regla por mucho tiempo afirmada: “frío igual seguridad”, es una peligrosa aberración. Es válida sólo si el frío viene después de un período de calor notable.
Las avalanchas de derretimiento, (fusión). En invierno, con nieves recientes y frías, un día de buen tiempo no tiene efecto de derretimiento sobre el manto de nieve (fuerte acción de reflejo). En cambio, en primavera sobre nieves más viejas, el sol tiene una acción más importante porque la absorción de la radiación es mayor. Por otra parte, la incidencia de la radiación es mejor en primavera. En cuanto a la lluvia, ésta aporta sólo un poco de calor a la nieve y su efecto directo sobre el derretimiento queda limitado. En cambio, es una fuente importante de agua líquida, contribuyendo considerablemente a la metamorfosis de fusión.
Las zonas del manto de nieve sometidas a una fuerte saturación en agua tendrán tendencia a perder toda cohesión y constituirán eventuales planos de deslizamiento. Las avalanchas de fondo pueden poner en juego masas de nieve enormes, que deslizan lentamente pero con una potencia considerable, aplastando todo por delante. Sin embargo, éstas son las más fáciles de evitar para el esquiador de montaña.
Las avalanchas de placa. Paralelamente a la metamorfosis de isoterma, otro fenómeno empieza a desarrollarse a medida que los granos toman su forma redondeada. Se trata del “frittage”. “Pegando” los granos entre sí, cohesiona nuevamente a la nieve que fue redepositada o que no se movió, acabando así la transformación de la nieve reciente y liviana. La capa se volverá compacta y rígida.
Este “frittage” permite explicar las placas de viento: estas placas de nieve dura están formadas por depósitos de nieve en las pendientes a “sotavento”. Es el transporte de la nieve por el viento el que, rompiendo los cristales, reduce su tamaño y así permite a la nieve desplazada tomar rápidamente una fuerte cohesión.
La temperatura tiene poca importancia y es una equivocación creer que las placas no se forman si hace mucho frío: no desaparecen por magia al cabo de tres u ocho días como creen algunos. Subsisten hasta que el asentamiento o el principio de una metamorfosis de derretimiento les permitan solidarizarse con la subcapa. El “umbral de desplazamiento” (velocidad del viento a partir de la cual una nieve dada empieza a ser desplazada) puede ser relativamente débil, en el orden de 3 m/s para una nieve reciente y fría, situación frecuente durante las nevadas invernales. Bastará una docena de horas con un ligero viento de 25 km/hs para que se forme una placa y a 60 km/hs la formación es casi inmediata.
A pesar de que las placas se forman generalmente en los faldeos a “sotavento”, el viento dominante puede cambiar bruscamente de dirección o puede ser desviado. Entonces se pueden encontrar placas en los faldeos directamente expuestos (al viento).
Las avalanchas de placa de fuerte cohesión interna se comportan como un sólido agarrado sobre las pendientes por sus anclajes “superiores”, “laterales” e “inferiores”. Hay riesgo de avalancha de placa cuando el anclaje inferior es deficiente, es decir, cuando la placa reposa sobre una mala subcapa. Esta puede ser, o nieve helada, o nieve escarchada en el transcurso de su caída, o nieve transformada en escarcha de superficie (por recristalización del vapor de agua atmosférico en contacto de un campo de nieve más o menos frió) o, más sencillamente, granos finos menos soldados entre si que los que constituyen la placa. La subcapa puede no existir porque la nieve depositada por el viento constituyó una capa muy dura que no siguió el asentamiento de las capas inferiores, creando un vacío. Entonces, la placa se derrumbará, si otro anclaje se debilita y se rompe, o, por efecto de una intervención exterior: aumento de peso por nuevo aporte de nieve o paso de un esquiador. Muy a menudo el origen del desencadenamiento de estas placas, responsables cada año del 80 por ciento de las víctimas de las avalanchas, es el esquiador.
Nunca se alertará suficientemente al montañés contra la reacción del tipo “si el primero pasó bien, el siguiente pasará también”. Una placa puede ser progresivamente afectada por dos o tres pasadas y se pondrá en movimiento sólo al cuarto esquiador. Con más razón, y esto es particularmente válido en el caso de un grupo, las reglas de distancia entre dos esquiadores en terreno dudoso tienen que respetarse siempre si se quieren evitar fenómenos de sobrecarga. Una placa puede resistir a una presión de 2 Kg./dm2 (presión ejercida por un esquiador) pero puede ceder si la presión se duplica brutalmente. Asimismo, se evitará todo movimiento brusco (vuelta saltada, flexión) que son el origen de una presión mayor (lo que cada uno podrá verificar efectuando saltitos sobre una balanza).
La configuración del terreno juega un papel importante y las rupturas se producen en general sobre las partes convexas del terreno, donde la nieve es sujeta a esfuerzos de tracción a los cuales resiste muy mal. Así todas las pendientes superiores a 25 grados son propicias al desencadenamiento de estas placas. Los esquiadores están tanto más amenazados cuando menos visibles sean las placas, y que su grado de inestabilidad, sea difícil de estimar, porque depende de las condiciones internas del manto de nieve.
Pero el viento no es el único factor generador de placas. Hay formación de placa y por consiguiente peligro de ruptura cada vez que tenemos una capa de nieve compacta, poco elástica y de densidad elevada, mal solidarizada con la subcapa.
A parte del viento, otros factores(a veces juntos) pueden intervenir:
- Naturaleza del cristal: nieve rodada, cristales escarchados forman capas densas y poco plásticas que pueden ser el origen de placas “suaves” o “blandas”.
- Intensidad de la nevada: asentamiento de la nueva capa demasiado rápido, con poca plasticidad como consecuencia.
- Estado del suelo: numerosas placas se desatan espontáneamente al principio del invierno porque reposan sobre hierbas largas y húmedas, que hacen el papel de lubricante.
- Estado de la capa subyacente: entre los fenómenos que contribuyen a crear una mala subcapa, la metamorfosis de gradiente tiene una gran importancia, a menudo subestimada, porque no se ve la escarcha bajo la nieve.
Particularmente peligrosas son las condiciones que siguen a una fuerte nevada de primavera, cuando la subcapa ya está “transformada”. La nueva capa empieza su transformación en superficie sin estar soldada a la subcapa, que puede jugar el papel de plano de deslizamiento en caso de calentamiento o de sacudidas.
La nieve y el viento. El viento es un agente de destrucción y de transporte muy importante, sobre todo para la nieve reciente, seca y sin cohesión. Forma barreras y cornisas, desnuda las crestas, llena los pozos; a veces, esculpe olas muy desagradables para el esquiador. Está en el origen de las placas de viento, peligró número uno para el esquiador de montaña como para el esquiador fuera de pista. El viento acelera también las transferencias de frío o de calor en el interior de la capa. Activa el derretimiento de las nieves en ciertos valles alpinos (“Foehn”) y andinos (“Zonda”)
La nieve y el bosque. Si es suficientemente denso, el bosque actúa como estabilizador del manto de nieve. Esto es la razón por la cual se trata de reforestar los sectores donde se producen avalanchas.
Es tentador esquiar en estos perímetros de reforestación pero este juego es peligroso para el bosque porque los brotes jóvenes dañados por el esquiador no resisten y perecen. El esquiador de montaña consciente y responsable evitará este tipo de actividad. Si un bosque de pinos o abetos es, de antemano, un sector seguro, no es así para un bosque de alerces ni para formaciones arbustivas (que se pliegan bajo el peso de la nieve y constituyen entonces un excelente plano de deslizamiento).
En el bosque, las diferencias de temperatura son menos importantes que en terreno abierto. Las metamorfosis de la nieve son pues más rápidas, y más porque la nieve que quedó sobre las ramas empieza ya su transformación antes de caer al piso. Cuando los árboles se descargan, provocan un cierto daño a la subcapa.
La nieve y la lluvia. Una caída de lluvia provoca una erosión superficial del manto y crea cavidades, estrías que favorecerán el anclaje de nuevas capas. Calienta la nieve de superficie y trayendo agua líquida, inicia la metamorfosis de derretimiento.
La cohesión de la nieve disminuye y la resistencia se debilita. La capa, cual una esponja, aumenta de peso por retención de agua líquida. La nieve presenta entonces el riesgo de deslizar en avalancha de derretimiento. Cuando el frío sigue a la lluvia, el agua presente se hiela y consolida el manto de nieve.

1.6. - Algunas ideas falsas sobre la nieve y las avalanchas.
“Hay poca nieve, no pasa nada”. Pero una placa puede ser peligrosa aún si tiene sólo 15 o 30 cm. de espesor. Puede abarcar de 10 a 100 veces la masa de nieve puesta originariamente en movimiento.
“No es muy empinado”. La nieve fresca puesta en movimiento puede continuar deslizándose sobre una pendiente de 18 grados.
“Es plano”. Es muy posible “agarrarse” una avalancha venida desde muy alto.
“Hace frío, entonces no pasa nada”. Nunca se repetirá lo suficiente que ésta es la idea más falsa, más difundida y más peligrosa.
Cuando al frío sigue un período de calor, tiene un efecto benéfico de estabilización del manto de nieve. En el caso contrario, mantiene la inestabilidad de este manto frenando la metamorfosis y el asentamiento. Un frío persistente puede ser el origen de la formación de nieve “en cubilete” o de escarcha en profundidad (fenómeno vinculado a una fuerte diferencia de temperatura -o gradiente- entre el suelo, siempre cerca de 0ºC y la superficie de la nieve). En definitiva, el frío no impide la formación de placas de viento.
“Es temprano en la mañana, entonces no hay riesgo”. Variante de la afirmación precedente, igual de peligrosa. Es cierto en primavera, cuando una noche fría consolidó bien el manto de nieve. Es falso si la noche fue suave. Además, no hay hora para el desencadenamiento de placas porque este fenómeno se debe esencialmente a un aumento de las presiones o del peso (de un esquiador). Tampoco hay hora para los desprendimientos de seracs.
“Hace mucho que no nieva”. Si, pero...si el frío se instala justo después de una nevada, el manto de nieve se estabilizará sólo lentamente y se pondrán encontrar pendientes todavía peligrosas, 8 o 10 días después de la nevada. Por otra parte, las placas de viento tienen una “esperanza de vida” muy superior a lo que generalmente se imagina. Contrariamente a lo que algunos creen, no desaparecen automáticamente al cabo de 3, 5 u 8 días.
“Se pueden notar las placas por el aspecto”. Es cierto que la nieve soplada tiene una apariencia bien particular. Los cristales trabajados por el viento pierden sus ramas o dendritas y por eso no brillan más al sol. Es una nieve color mate. Pero las placas de viento no son las únicas en tener este aspecto, que caracteriza toda superficie trabajada por el viento, con o sin transporte de nieve.
Sucede que nieva de nuevo sobre las placas y entonces se tapan perfectamente. Y cuando las placas suenan a hueco..., sería demasiado lindo si la nieve nos pudiera avisar así. Es sólo un caso muy extremo.
“Si el primero pasó, los otros pasarán también”. Otra idea difícil de erradicar. Observen un grupo en terreno dudoso: sobre la insistencia del que traza la huella, hay diez metros entre éste y el segundo, después cinco metros entre éste y el tercero. Del cuarto en adelante están literalmente “pisándose los talones”. Y...existen avalanchas de tiempo retardado: los primeros mueven la placa un poquito, y ésta se va después de varias pasadas. Piensen también que una capa frágil puede resistir la sobrecarga que constituye un esquiador y derrumbarse si, esta sobrecarga se duplica o triplica.
“En el bosque no pasa nada”. En principio, es cierto si los árboles son suficientemente densos. En cambio, alerces (u otros árboles) espaciados están lejos de constituir una garantía. En caso de avalancha, se corre el riesgo suplementario de ser aplastado contra un tronco.
“Ya cayo”. No hay problema si se trata de una avalancha de fondo, si no, nada garantiza que la pendiente esté totalmente purgada: puede caer más.
“Tenemos pieps” (aparato de señales). “Es una montaña donde nunca hay avalanchas”. “Encenderemos los pieps en la marcha cuando sintamos el peligro”. “Le ocurre sólo a los demás. A mi nunca me agarró”. Otras tantas reflexiones no muy aptas -hasta completamente idiotas- que se escuchan a veces. Es inútil subrayar su carácter absurdo y peligroso. La lista no termina aquí, desgraciadamente.

1.7. - Estructura del manto de nieve
Practicar el esquí de montaña con el máximo de seguridad implica entre otras cosas que se dé una atención constante a la calidad del material sobre el cual se evoluciona. La nieve del esquiador de montaña no es la nieve estereotipada que entregan hoy las máquinas de pisar pistas. Es un material vivo y complejo, que evoluciona sin tregua en superficie y también en profundidad. Y la mayoría del tiempo el esquiador atiende sólo a las apariencias, a los estados de la superficie. La nieve está “buena” mientras es liviana y en polvo, o helada y apenas ablandada en la superficie. Sopa, cartón, pegajosa, se vuelve “mala”...Más allá de estas consideraciones superficiales, hay que saber profundizar. Una capa dura en superficie no es forzosamente sinónimo de estabilidad en el conjunto del manto de nieve ni de ausencia de riesgo. Es la estructura misma de este manto que puede determinar una situación peligrosa. En un momento dado del invierno, es comparable a un verdadero hojaldre, una torta sorpresa que es importante conocer en todos sus ingredientes
Existen técnicas de investigación. La más difundida, bastante artesanal, es el sondeo por batido, completado por un análisis estratigráfico. Estas dos operaciones que ofrecen datos cuantitativos y cualitativos sobre el manto de nieve, capa por capa, son una de las bases esenciales para el establecimiento de previsiones de riesgo de avalanchas. Permiten tomar nota de los estratos frágiles (que pueden romperse) o de las capas duras (que pueden servir de plano de deslizamiento para las capas superiores). Esta verdadera radioscopia de la cobertura de nieve permite retrazar toda la historia de su construcción y toda la historia nivo-meteorológica reciente.
Es por lo tanto un instrumento de sensibilización irremplazable, que hay que utilizar cada vez que sea posible en los cursos de formación y de perfeccionamiento de esquí-andinismo. A continuación presentamos una revisión de las operaciones para establecer un perfil estratigráfico y para sacar conclusiones prácticas.

1.7.1 - Sondeo por batido
a) Elección del terreno. Lugar seguro, no demasiado incómodo ni con demasiado viento. Delimitarlo bien para evitar todo riesgo de pisoteo.
Si se hacen simultáneamente varios sondeos, elegir en lo posible orientaciones diferentes de manera de tener perfiles contrastados.
b) La primera operación consiste en medir el espesor medio del manto de nieve en el lugar elegido para el sondeo. Para eso, empujando sobre la parte superior, se hunde verticalmente hasta el suelo él o los tubos de la sonda.
Esta práctica permite al mismo tiempo descubrir la profundidad a la cual se encuentra un eventual nivel de resistencia. Acotando este nivel, el operador aportará una mayor atención cuando la punta de la sonda llegue a esta profundidad.
c) Determinado el lugar preciso del sondeo, tomar el tubo de sondeo de punta cónica, mantenerlo verticalmente entre pulgar e índice, y poner la punta en contacto con la superficie de la nieve.
Relajar la presión de los dedos sobre el tubo para dejarlo penetrar en la nieve por su propio peso. Redondeando al centímetro, leer la graduación más cercana a la superficie de la nieve y denotar este valor sobre la ficha (columna “X” y “d”).
d) Con el tubo (que pesa 1 Kg.) en posición vertical, introducir en su parte superior la barra con lastre de 1 Kg. Relajar la presión de los dedos, leer y anotar el nuevo hundimiento del tubo. Aún si no hay ningún cambio de nivel, en el caso en que la resistencia del estrato es superior a 2 Kg. (peso del tubo más peso del agregado) el resultado debe ser anotado en la columna “X”.
e) Con el conjunto sonda-peso móvil en su lugar, levantar con la mano izquierda al peso para llevar su parte inferior a la graduación 10 cm. de la barra; soltar el peso, anotar el hundimiento.
Si se obtiene un hundimiento de al menos 1 cm., se deja caer el peso desde la misma altura, haciendo series de 4 o 5 golpes sucesivos, o más.
La mano derecha sirve únicamente para mantener el tubo vertical, pero no debe frenar su penetración en la nieve, ni hacer presión. (Ver ejemplo adjunto).



Casos particulares
1) Ataque de un estrato más duro. Si por ejemplo durante una serie de golpes de una altura de 10 cm. se obtiene para los tres primeros un hundimiento de 3 cm. (1 cm. x 3) y sólo 0,5 cm. en el cuarto, se redondea al centímetro para el último golpe pero se pasa enseguida a una altura de caída de 20 cm.
Si la sonda penetra en la nieve 1 cm., continuar la serie con la misma altura de caída del peso (20 cm.). Si esta altura de caída es insuficiente, dejar caer el peso de 30 cm. o más.
2) Ataque de un estrato más blando. La sonda manipulada a mano permitió determinar aproximadamente el nivel interno de poca resistencia.
Cuando se llega ahí, lo que es confirmado por un hundimiento más grande de la sonda en un instante preciso, se vuelve en seguida a una altura de caída de 10 cm. sin esperar el fin de la serie de 5 a 8 golpes.
3) Manto de nieve de espesor superior a 1 metro. El primer tubo llega a la graduación 80 cm. Sin esperar más, manteniéndolo firme con una mano, ajustar el segundo tubo a su parte superior y continuar el sondeo. En la columna “q” inscribir la cifra 2 (dos tubos utilizados) y tener en cuenta en los cálculos este peso suplementario.
Se continúa el sondeo hasta que la punta de la sonda entre en contacto con el suelo. Asegurarse que se hayan atravesado todas las capas dejando caer el peso desde una altura superior a la utilizada hasta entonces. Si la sonda no se hunde más o si rebota, esto prueba que estamos efectivamente en el suelo.
Cuidado con las cáscaras de hielo duro, que, a menudo, inducen a error. A la inversa, cuidado con los suelos empapados en los cuales la sonda puede continuar hundiéndose (mallín).

1.7. 2 - Análisis estratigráfico
Dejando la sonda en su lugar, se efectúa un corte del manto de nieve frente al Sur. Se procede entonces al análisis estratigráfico que da los datos cualitativos del manto de nieve del cual acabamos de analizar las resistencias.
- Primera operación: relevamiento de temperatura cada 10 cm, lo más rápido posible, antes que un equilibrio relativo se establezca entre la temperatura de la nieve y la del aire.
- Segunda operación: identificación de las capas, relativamente fácil con un mínimo de experiencia. Puesto que vamos a hablar de la forma de los granos, es preferible haber dado previamente una clase teórica de la teoría de las metamorfosis. Cada vez que sea posible, insistir sobre la heterogeneidad de las capas. Vincular cada capa con la explicación meteorológica.
- Tercera operación: se observan sucesivamente naturaleza y tamaño de los granos, dureza, humedad (estas dos observaciones se deben hacer con guantes), densidad. Mostrar la correlación entre estos distintos parámetros.
- Cuarta operación; ¡no olvidar tapar el agujero!.

1.7. 3 - Perfil estratigráfico
Cálculo de resistencias. Terminado el trabajo en el terreno se procede a calcular las siguientes resistencias:
1. Hacer la diferencia entre dos líneas columna hundimiento total (x) y llevar el resultado a (d), columna hundimiento por número de golpes.
2. Verificar los cálculos efectuando la suma de las diferencias parciales, partiendo de la última cifra (fin de sondeo). Llevar el resultado (acumulación de las parciales) a la columna libre situada a la derecha de R.
3. Con la ayuda de la fórmula indicada sobre la ficha, proceder al cálculo de las resistencias.
Simplificando, se multiplica el número de golpes (n) por la altura de caída (h) y se divide el resultado por la diferencia entre dos series de golpes (d).
No olvidad de añadir al cociente, el peso de la masa móvil (1 Kg.) y el peso de uno o varios tubos ( 1, 2 o 3 Kg.).
Representación gráfica. Para hacer más representativo el perfil de las resistencias, se llevan los valores a un gráfico especial.
En hoja milimetrada la ordenada representa la altura de la nieve (1 cm. de nieve: 1 mm en el gráfico). La abscisa, la resistencia está anotada en kilogramos ( 1 Kg.: 1 mm).
Empezando por la base de la hoja de cálculos de resistencia, lo que corresponde al nivel del “suelo” del gráfico, se apunta la resistencia del estrato, cuyo espesor está dado por la cifra que sirvió para el control del cálculo de diferencias. Se puede, eventualmente, colorear las capas para que el perfil sea más legible.
Pasar luego a las columnas de la derecha los parámetros cualitativos (tamaño, naturaleza de los granos...) correspondiente a las diferentes capas. Se puede trampear (un poquito) para que las capas definidas por batido en función de su resistencia y las identificadas por observación coincidan más o menos...
Comentario:
- Aspecto general de perfil: pirámide con base bien ancha, con resistencias creciendo regularmente de arriba hacia abajo o aspecto “flaquito”, con resistencias débiles a todo el largo del perfil. Mostrar bien las zonas frágiles (“cubiletes”, cohesión más débil que la de la capa superior) y planos de deslizamiento.
- Si se dispone de perfiles realizados en ocasión de accidentes, no vacilar en utilizarlos como elemento de comparación. Presentar también como referencia los ejemplos que figuran en el manual de Laurent Rey.

1.7. 4 - Observaciones en el terreno
Establecer un perfil estratigráfico implica disponer de material relativamente pesado y voluminoso que no se lleva en una travesía. Pero en el terreno, el esquiador de montaña puede efectuar observaciones más someras pero no por lo tanto desprovistas de eficacia en caso de duda. Pero para eso, hay que tener siempre los sentidos despiertos, ser curioso y saber constantemente mirar alrededor de uno e identificar los cambios eventuales que podrían tener consecuencias sobre la elección del itinerario (loma desnudada, acumulaciones en las depresiones). Nunca se insistirá demasiado sobre esta necesidad de saber observar, pensar...y sacar conclusiones.
En caso de duda, un agujero efectuado con la ayuda de la roseta del bastón puede permitir hacerse una idea de la estructura del manto de nieve, sea que se suba una buena muestra alta y cilíndrica, sea que se pueda meter la mano en el agujero y darse cuenta al tacto de la naturaleza de las diferentes capas. Se puede también, si se dispone de un poco de tiempo y sobre todo de una pala de nieve -que todo esquiador de montaña siempre debería tener en su mochila- efectuar un corte somero mostrando la estructura y la resistencia de las capas. Se pueden presentar diferentes casos de figuras más o menos complejas.
Las situaciones más frecuentes:
- Varios sondeos efectuados a algunas decenas de metros de distancia en un mismo sector muestran profundidades de nieve fresca sin cohesión muy variables. Cuidado con las acumulaciones, si hubo viento, peligro incrementado.
- Hay grandes dificultades para penetrar la capa superficial. Despues el bastón se hunde de repente “como en manteca” en las subcapas. Capa dura sobre capa sin cohesión (“cubiletes”, granos finos poco evolucionados...). Se puede estar en presencia de una placa, presunción que confirmará, o no, el examen del terreno, ya que las placas se forman sobre todo cerca de las crestas expuestas al viento (principales o secundarias).
- El bastón se hunde muy fácilmente sobre varias decenas de centímetros antes de ser parado por una subcapa dura. Esta puede hacer el papel de plano de deslizamiento si la capa superior, inestable, se pone en movimiento.
Dos comentarios, al menos, son necesarios con respecto a estas observaciones:
- Una capa dura (tanto en superficie como en profundidad) no es obligatoriamente sinónimo de estabilidad y seguridad.
- Tal análisis en profundidad del manto de nieve tiene interés sólo si éste es heterogéneo, lo que ocurre generalmente en invierno y al principio de la primavera. Al contrario, el examen del manto de nieve homogéneo, sometido en su conjunto a una metamorfosis de derretimiento no enseñará nada nuevo al observador.

1.8. - Factores que determinan o agravan el riesgo de avalancha
a. El Terreno
- La pendiente es peligrosa sobre todo entre los 25 y 45 grados. Si es más empinada, hay generalmente purga progresiva. Si es menor a 20ºC, hay asentamiento en el lugar, sin deslizamiento.
Sin embargo, ciertas “placas” formadas por el viento pueden derrumbarse en avalanchas en inclinaciones menores. Terrenos con muy poca pendiente, hasta horizontales, pueden ser barridos por avalanchas de regiones superiores. Los pies de las laderas pueden ser amenazados con avalanchas de regiones superiores.
- El peligro de avalanchas depende también de la naturaleza del terreno (factores favorables: hierbas acostadas, arbustos, rocas lisas) o de la subcapa (factores favorables: cáscara de radiación, superficie helada, escarcha de superficie, nieve reciente sin asentar).
- El peligro de avalanchas depende del perfil del terreno (una pendiente cóncava es de antemano más segura que una convexa o una pendiente sin anclaje inferior).
- También está vinculado a la exposición al sol (transformación más rápida en la ladera Norte pero riesgos de “deslizamientos” de nieve mojada, transformación lenta en laderas Sur pero riesgo de avalancha de nieve fría y son cohesión o de formación de “vasitos”), y al viento (las laderas no directamente expuestas al viento, donde hay transporte de nieve son de antemano más peligrosas que las laderas expuestas al viento, donde la nieve está asentada en su lugar). Tener en cuenta sin embargo los cambios de dirección del viento.

b. La nieve fresca.
- Una caída de nieve fresca aumenta el peligro. Si dentro de las últimas 24 horas cayó:
- 20 a 30 cm. de nieve: aumento apreciable del peligro.
- 30 a 50 cm: peligro serio en las partes empinadas de los circuitos esquiables.
- 50 a 100 cm: peligro generalizado y frecuentemente extendido a las viviendas ubicadas en las zonas expuestas.
Importancia de la noción de intensidad: 30 cm. de nieve caídos en 3 horas serán más peligrosos que la misma cantidad caída en 24 horas.
El viento juega un papel agravante (acumulación)

c. Estructura del manto de nieve.
- Capas interiores frágiles pueden hacer la cobertura de nieve menos estable. Una sobrecarga temporaria puede, entonces, provocar la ruptura de los anclajes.

d. El viento.
- Transporta la nieve y la acumula en los lugares al reparo del viento bajo la forma de “placas” particularmente peligrosas. Un viento caliente (Foehn o Zonda) aumenta el riesgo (sobre todo si la duración del fenómeno es prolongada)

e. La temperatura:
a) Para nieve fría y seca. En bajas temperaturas, por debajo de 0ºC, el peligro de avalanchas de “nieve en polvo” puede persistir durante varios días después de la nevada.
b) Una elevación de la temperatura (particularmente arriba de 0ºC) aumenta el riesgo inmediato de avalanchas, pero también provoca el asentamiento de la nieve (consolidación).
c) La alternativa del derretimiento diurno y de la helada nocturna provoca la formación de cáscaras superficiales: cuando la cáscara es lo suficientemente espesa, no hay prácticamente más peligro, incluso si esta capa superficial empieza a derretirse en algunos centímetros de espesor.
d) Para nieves de primavera, mojadas, por el derretimiento debido al sol, o a la lluvia, el riesgo aumenta con la pendiente y con el espesor de la capa mojada.
e) Las placas formadas por viento son peligrosas con cualquier temperatura.
En general, nieve fresca, viento y alza de la temperatura son factores determinantes capaces de provocar una situación peligrosa sobre una pendiente que pudo, durante un período prolongado, presentar un carácter de seguridad.

Completando lo ya expuesto recordamos que el manto nivoso está formado por un conjunto de estratos o capas que nevada tras nevada se van acumulando. Cada capa está formada por cristales de nieve que, desde el momento que son depositados, están constantemente sometidos a un proceso de transformación. La acción del viento, la humedad, la presión, la temperatura y la radiación solar, transforman los cristales y por lo tanto los estratos. Esta metamorfosis puede asentar las capas de nieve o por el contrario disminuir la ligazón entre ellas.
El entrecruzamiento de los cristales entre si es importante para la futura estabilidad, los cristales en forma de estrella de nieve fresca tienen una importante ligazón entre ellos. Las nevadas con este tipo de cristales no son en principio peligrosas, a no ser que la velocidad de precipitación sea preocupante (supere los 3 cm. por hora).
Una nevada intensa y rápida es peligrosa al no tener tiempo de estabilizarse, sin embargo una nevada repartida en varios días, puede no ser peligrosa si existen las condiciones necesarias para que se asiente. La mayoría de los aludes se producen durante o después de las fuertes nevadas.
La nieve, por efecto de la gravedad tiende a deslizarse pendiente abajo y al disminuir la adhesión entre capas, una capa subyacente puede servir de tobogán a otra superior. Los aludes más frecuentes se producen en pendientes entre los 30º y los 45º, donde el deslizamiento es favorable y la acumulación posible. En pendientes fuertes la nieve no se acumula pues cae en pequeñas avalanchas periódicas durante la nevada. Por el contrario, en las pendientes muy suaves se necesita una gran cantidad de nieve para vencer la cohesión interna y se desprenda el alud.
El relieve es también determinante para el riesgo del alud, las zonas cóncavas donde la nieve tiende a comprimirse son menos peligrosas que las zonas convexas, donde la tensión puede provocar el deslizamiento.
La temperatura es un factor determinante en el asentamiento de las pendientes nevadas. La nieve recién caída se estabiliza normalmente con más rapidez en las laderas soleadas que en las zonas de umbría donde el frío retarda el asentamiento. Durante un día caluroso se pueden asentar nevadas de hasta medio metro, sin embargo unos días fríos pueden hacer peligrosas capas de la mitad de ese espesor.
Los aludes pueden ser de diferentes tipos y producidos por diferentes causas. Todo escalador debería aprender lo más posible acerca de la nieve para intentar comprender al máximo los procesos que originan los aludes, en las precauciones a adoptar para evitarlos y en el rescate de víctimas sepultadas.

Los tipos más frecuentes de aludes son:
- Alud de nieve polvo: se desplaza a gran velocidad. Es de nieve seca y ligera, se produce normalmente después de las grandes nevadas y generalmente en las laderas Sur, donde la nieve no se ha transformado. Se desarrolla como una gran nube de polvo y la onda expansiva que produce tiene efectos devastadores.
- Alud de nieve húmeda: se desencadena al humedecerse las capas superficiales por efecto de la temperatura y perder la cohesión con las capas inferiores. Su velocidad es lenta y la nieve, debido a su gran densidad, se compacta de inmediato al detenerse. Deja un importante rastro de bloques redondeados.
- Alud de fondo: se desliza todo el manto al perder la adherencia con el suelo, lo que puede ser provocado por las altas temperaturas o las lluvias. Como en el anterior, desplazan grandes masas de nieve muy pesada, por lo que son muy destructivos.
- Alud de placa: un estrato de nieve con cierta cohesión se desprende y se desliza al no tener buena ligazón con las capas inferiores, presentan una salida lineal bien definida y la nieve de la acumulación es amorfa.
- Alud de placa de viento: el viento es un gran artífice de avalanchas, arrastra la nieve, la pulveriza y la compacta formando placas en las laderas a sotavento. Estas placas duras, sin cohesión con las capas inferiores, pueden desprenderse en cualquier momento por efectos diversos, siendo imprevisibles. En la mayoría de las ocasiones es el propio escalador el que las provoca al romper el equilibrio a su paso. La zona de acumulación se caracteriza por montones de bloques angulosos o trozos de placa.
- Alud de cornisa: las cornisas que forma el viento en lo alto de las aristas pueden desprenderse por sobrecarga, recalentamiento o el paso de escaladores.
- Alud de seracs: los glaciares que terminan cortados, forman una barrera de seracs, de la que poco a poco se van desprendiendo bloques a medida que el glaciar avanza. Su caída es por lo tanto imprevisible.

1.9.- Precauciones a tomar y equipo preventivo
Como en cualquiera de los peligros de la montaña, es mejor prevenir que curar. La primera precaución es informarnos del riesgo de aludes mediante centros meteorológicos y pobladores de la zona. El peligro de aludes se clasifica en Europa del 1 al 5. Nunca se puede decir que en montaña nevada el riesgo es 0.
Es interesante conocer el terreno en verano y así recordar el relieve de la superficie. Las zonas con bloques rocosos u otros accidentes sujetarán mejor el manto que las laderas sin obstáculos y cubiertas de hierba.
Por lo general hay que evitar los fondos de los valles estrechos y las pendientes abiertas sin obstáculos. Hay que buscar las zonas más protegidas, con obstáculos naturales que anclen la nieve, como árboles o piedras y utilizarlas en nuestro avance por las áreas de riesgo como islas de seguridad. En caso de tener que cruzar una pendiente peligrosa, lo haremos lo más cerca posible de la parte superior, de uno en uno y bien separados mientras el resto vigila. Como precaución nos soltaremos las correas de esquíes y bastones, cerraremos las cremalleras y botones de la ropa, guantes y gorro puestos e incluso desabrocharemos la riñonera de la mochila. En zona de peligro no hay que encordarse, pues es fácil que un alud nos arrastre a todos. Si hemos de ascender o descender es mejor hacerlo en línea recta, sin diagonales, para evitar cortar las posibles placas.
Las “ruedas de carro” y “las pelotas de nieve” que se desprenden y que dejan huellas en la pendiente, son síntomas de inestabilidad.
Después de días de viento hemos de sospechar la formación de placas. Hay que tratar de avanzar por las laderas de barlovento, aunque también aquí se pueden encontrar placas. Si se observan fracturas en la superficie, esto indica que la placa ha cedido, aunque no se halla desprendido definitivamente. Nuestro peso puede ser suficiente para poner en marcha toda la ladera. Podemos atravesar aprovechando la línea de fractura o por encima, pero nunca por el centro de la placa, de esta forma nos mantenemos encima de la mayor parte de la masa inestable.
Cavar un agujero en la nieve es muy instructivo y eficaz para determinar el riesgo potencial. Para que sea útil, hay que excavarlo cerca del área del teórico posible desprendimiento y profundizando hasta el suelo o hasta la capa más dura de base. La pala, que siempre deberíamos llevar, nos será de gran utilidad en este trabajo. En el corte que la nieve nos ofrece, probaremos la resistencia de las diferentes capas y la cohesión entre ellas introduciendo el dedo en los estratos. Será mucho más didáctico, si podemos observar los cristales de las diferentes capas mediante una pequeña lupa. Para comprobar la estabilidad podemos saltar repetidas veces en la pendiente, por supuesto en lugar seguro o bien asegurados, provocar un alud es muy instructivo.
Un sistema muy interesante para comprobar la estabilidad de la capa superficial es el llamado método noruego: en la capa presuntamente peligrosa se recorta con la ayuda de una pala un trapecio de unos 0,30 m2, la parte superior de unos 40 cm, la inferior de unos 80 cm. y la altura del trapecio unos 50 cm.. La nieve debajo del trapecio se despeja y se hace palanca con la pala en la parte superior del trapecio hasta que éste se desprende. La fuerza que tengamos que hacer para soltarlo es inversamente proporcional al peligro potencial existente: hasta 10 Kg., peligro agudo; de 10 a 20 Kg. medio a grave y más de 20 Kg., escaso peligro.
Además de las medidas preventivas a adoptar con relación a las características del terreno y del itinerario a seguir según las condiciones, hay que disponer del equipo necesario para la localización y salvamento de las posibles víctimas. Este equipo puede ser nuestra única posibilidad de salvación, por lo tanto hay que llevarlo, sobre todo en travesías y aproximaciones con esquíes, donde la exposición es mayor debido a las diferentes condiciones que se atraviesan a lo largo de un itinerario. Por supuesto que esto incluye a todos los presentes, si queremos que realmente sirva para algo.
Las herramientas imprescindibles en cualquier excursión con exposición a los aludes son el detector de víctimas de avalancha (DVA) y la pala. Una herramienta sin la otra no vale de gran cosa, por lo que siempre han de ir asociadas.
En caso de no disponer de un aparato localizador, pueden usarse los coordines de alud y las sondas para rastrear, los cuales son mucho menos eficientes. En el equipo preventivo vale reiterar el abrigo, ya que si no estamos muy bien abrigados es muy difícil que podamos sobrevivir debajo de la nieve.
Si nos vemos sorprendidos por un alud:
- Hay que alertar a nuestros compañeros para que todos pongan atención en la evolución de la avalancha y en la situación de los que son atrapados.
- Tratar de mantenernos en la superficie a la vez que tratamos de escapar por un lado.
- Luchar con todas las energías, haciendo movimientos natatorios, y si es posible agarrarse a lo que sea.
- Si fuera posible, intentar quitarse esquíes, mochila y bastones. Para esto, hay que llevar la riñonera desabrochada, las fijaciones sin correas y la mano sin pasar por la cinta de la empuñadura.
- Si el alud se empieza a detener y ya estamos sepultados, hay que llevar los brazos delante de la cara y el pecho, haciéndose un hueco de aire para respirar y así aumentar las posibilidades de supervivencia. Igualmente, si se puede, hay que adoptar una posición encogida, para evitar la pérdida de calor por la mayor exposición de superficie corporal a la nieve y que la compresión nos impida respirar.
- Una vez que el alud se ha detenido, haremos un intento para salir o sacar un pie o una mano a la superficie. Podemos estar desorientados, así que podemos dejar salir algo de saliva e incluso orinarnos para buscar una referencia de donde está la superficie.
- Comprobada nuestra impotencia por salir, hay que tratar de mantener la calma y ahorrar energías relajándose. Sólo se gritará si se oye a los compañeros cerca, pues la nieve amortigua mucho el sonido.
Todo esto es muy fácil decirlo y evidentemente esto no se puede practicar, así que prevención y si aun así nos vemos sorprendidos...suerte.

1.10. - Búsqueda de sepultados
Si somos observadores de como alguien es atrapado, hay que mirar con atención y recordar con exactitud el último punto donde se vio a la víctima para facilitar la búsqueda.
La mayor posibilidad de supervivencia de un sepultado radica en la rápida actuación de los compañeros. Después de la primera media hora, las posibilidades de encontrar al accidentado con vida disminuyen enormemente.
Las medidas a adoptar han de ser ordenadas y dirigidas por el más experto. En el transcurso de la búsqueda se ha de permanecer en silencio, llamando a la víctima periódicamente y tratando de escuchar cerca de la nieve.
a). Con DVA:
- Si existe riesgo de posibles nuevos aludes, colocar un observador que avise al grupo.
- Contar las víctimas.
- Marcar el punto donde se vio por última vez a la víctima con bastones, esquíes, etc..
- Colocar todos los aparatos disponibles en posición de recepción.
- Comenzar a explorar en bandas transversales en sentido descendente desde el punto que se crea conveniente según la observación que se ha tenido del accidente. Hay que tener en cuenta el alcance, es decir, el radio de acción del aparato. Si el alud es estrecho, el sondeo se realiza de una pasada a lo largo de la superficie. En caso de participar varias personas en la búsqueda, se divide la superficie a explorar en varias franjas, que pueden ser transversales o longitudinales, dependiendo de la forma y extensión del alud.
- Si se dispone de algún indicio del sepultado, como un guante, la mochila, etc., esto nos orientará por donde comenzar, pero hay que tener en cuenta que la superficie del alud se desplaza con más rapidez que el fondo, por lo que la víctima puede estar algo más arriba. El más experto definirá las áreas prioritarias de búsqueda.
- Si tenemos personal suficiente, mientras se lleva a cabo la búsqueda con los DVA, se puede empezar a sondear en los lugares que se sospeche que puede estar sepultado, como obstáculos donde haya podido quedar retenido.
- Con el DVA delante nuestro se efectúan lentamente barridos horizontales de 180º dirigiendo la cabeza del aparato hacia arriba, hacia abajo, izquierda y derecha alternativamente. Si no se percibe ninguna tonalidad, la víctima se encuentra fuera del alcance del aparato. Si se escucha algo, se marca el punto de la primera recepción y se continúa.
- Desde el punto de la primera recepción nos desplazamos en línea recta hacia abajo, hasta llegar al punto de máxima intensidad “M”, que se marca. Continuar en la misma dirección comprobando que el tono disminuye, volviendo entonces al punto “M”. Seguir el sondeo en sentido perpendicular, a derecha o izquierda de la línea anteriormente seguida, si la señal disminuye, la dirección es falsa, volver entonces a “M” y continuar ahora en sentido contrario. Cuando el sonido aumenta, desminuir el volumen del sonido para afinar los sondeos.
- Si es difícil establecer en que punto el sonido es más intenso, hay que indicar los dos puntos de máxima debilidad y señalar el punto medio.
- Determinar el punto exacto rastreando en la superficie con el aparato, buscando el punto de máxima intensidad.
- Cuando existen varias víctimas se pueden recibir varias señales. Para localizar independientemente a cada no, hay que bajar el volumen al mínimo audible, para localizar al más próximo. Bajar el volumen es importante también para no interferir en los aparatos con altavoz.

b). Sondeo
Por el contrario, si no contamos con bips hay que hacer sondeo:
- Si existe riesgo, colocar un observador que avise de los posibles nuevos aludes.
- Contar las víctimas.
- Marcar el punto donde se vio por última vez a la víctima.
- Buscar algún objeto o indicio del sepultado, teniendo en cuenta lo dicho sobre el desplazamiento de la masa del alud.
- Si no hay indicios, buscar directamente hacia abajo desde el último punto que se vio a la víctima.
- La búsqueda hay que hacerla en silencio, llamando de vez en cuando a la víctima y escuchando cerca de la nieve, ya que puede oírnos y gritar.
- Sondear con lo que tengamos disponible (sonda, bastón, esquíes) cerca de rocas, árboles u otros obstáculos donde haya podido quedar retenida la víctima.
- La actuación rápida de los testigos es fundamental, por lo tanto no se irá a buscar ayuda a menos de que se disponga de mucha gente o la ayuda se encuentre a pocos minutos.
- Mientras se busca en los lugares posibles donde se sospecha que pueda estar, podemos empezar a sondear en línea y hacia arriba (si disponemos de suficiente personal). Para esto se colocan las personas en línea uno al lado de otro, sondeando cada uno en la línea que pasa por los pies de la fila de buscadores, cada 75 cm. Una vez sondeado, todos avanzan un paso de unos 70 cm. y se repite el sondeo, en caso de encontrar algo se deja marcado el sitio y mientras se repite la maniobra, otro equipo comprobará si es el sepultado.
- En caso de que este sondaje no dé resultados positivos, hay que realizar uno más minucioso. Los buscadores se colocan más juntos, sondeando cada 25 cm. y avanzando en pequeños pasos de 30 cm. Normalmente esto sólo es posible si hay mucha gente con experiencia, esto es, una Comisión de Auxilio.
- Ante la posible actuación de perros de rescate entrenados, hay que evitar fumar, orinar, comer o dejar ropa y objetos tirados en la zona de búsqueda, por la confusión de olores que pueden crear al animal. Lo mejor es acumular todas las pertenencias que no se utilicen fuera de la zona del alud en un lugar seguro.

1.11. - Reanimación de víctimas de aludes.
Saber como actuar para reanimar a quien padece una parada cardiorrespiratoria es imprescindible cuando un alud se cobra víctimas, pero no se aprende sobre la marcha. Sólo una respuesta rápida y eficaz de los compañeros permitirá salvar sus vidas, porque esta carrera contra el reloj se comienza a perder después de quince minutos.
Estadísticas francesas y suizas indican que el 70% de las víctimas de alud mueren por asfixia. Este dato está directamente relacionado con el porcentaje de supervivencia. Un estudio elaborado en Suiza a lo largo de los últimos quince años lo eleva desde el 80% hasta el 92% durante los primeros 15 minutos. A continuación cae dramáticamente.
Conocer y estar entrenado en la búsqueda con los DVA, las sondas y en las principales técnicas y maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) ayudará a salvar la vida del infortunado.
En principio, es necesario saber que la asfixia se produce por:
- Falta de aire.
- Obstrucción completa de las vías aéreas superiores por cuerpos extraños (nieve, vómitos, sangre, o por la caída de la lengua hacia atrás).
- Por espasmo reflejo de laringe.
- Compresión del tórax y el abdomen por la nieve.
- Por la posible hipotermia y traumatismos cráneo-encefálicos (TCE) que disminuyan la sensibilidad del centro respiratorio.

Primeros auxilios
Al liberar la cabeza de la víctima de la nieve se deberán chequear los siguientes aspectos. (Recordamos que al desenterrarlo no hay que tirar del él, sino cavar un agujero grande y liberarlo. Ojo con la pala, no golpearlo):
1º) Control de las funciones vitales:
- Estado de conciencia: la víctima está consciente, abre los ojos, responde a las llamadas, sabe dónde se encuentra, responde a los estímulos dolorosos, etc..
- Respiración: observar movimientos del tórax, sentir el aire que sale de la boca.
- Circulación: buscar el pulso carotídeo, a cada lado de la tráquea en la parte anterior del cuello.
2º) Ante una víctima inconsciente:
- Colocar la cabeza en posición de seguridad. Limpiar boca, hiperextender cuello para permitir entrada de aire.
- Actividad respiratoria ausente >> Respiración artificial.
- Actividad cardiaca ausente >> Masaje cardiaco externo.
3º) Valorar la presencia de posibles traumatismos o hemorragias y actuar en consecuencia:
- Hemorragias>> compresión y taponamiento (No torniquete).
- Fracturas, luxaciones, esguinces >>Inmovilizar.
- Trauma craneal >>Control de funciones vitales, reactividad pupilar.
- Trauma toráxico/abdominal >>Posibilidad de lesiones internas (neumotórax, hemorragia)
- Trauma de la columna vertebral >>Evitar movimientos bruscos o inútiles.
- Hipotermia y congelaciones >>Evitar la dispersión de calor y proceder al recalentamiento gradual de las zonas afectadas.
- Estado de shock o hipertensión >>Elevación de los miembros inferiores.
4º) Prestar asistencia psicológica a la/s víctima/s y a los sobrevivientes.
5º) Proceder a la evacuación: Tener presente y valorar si los compañeros de la víctima son capaces de descender por sí mismo al valle o es necesaria una Comisión de Auxilio.
2.- HIELO Y GLACIARES

2.1 Origen de la glaciología.
2.2 Causas de las glaciaciones.
2.3 Las glaciaciones en la Patagonia.
2.4 Que es un glaciar.
a) Formación de un glaciar.
b) Movimiento del glaciar.
c) Morenas, grietas y seracs.
2.5 Tipos de glaciares:
a) En cuanto a su temperatura.
b) En cuanto a su morfología.
2.6 El hielo en el mundo.
2.7 Los glaciares y la montaña.
2.8 Avance sobre el glaciar.
a) Cordada de dos personas.
b) Cordada de tres personas.
2.9 Rescate en grietas
a) El caido sale por sus propios medios.
b) El caido sale con nuestra ayuda.
c) El caido esta lastimado pero colabora.
d) El caido esta imposibilitado de ayudar.
2.10 Reanimación de víctimas por caida en grietas.

2.1 Origen de la glaciología
En 1.837 un sabio suizo, Louis Agassiz, hasta entonces admirado por sus conocimientos en fósiles marinos, lanza una teoría, que a los oídos de sus eminentes colegas de la Sociedad Científica resulta poco menos que una blasfemia en medio de una Misa Mayor: “Las formas actuales del paisaje habrían sido provocadas por antiguos glaciares y no por el Diluvio Universal como hasta entonces se venía aceptando”. Los glaciares, según él, habrían horadado valles, erosionado montañas, transportado materiales y excavado inmensos territorios.
Eran los comienzos del siglo XIX y las ciencias naturales, tal como hoy las entendemos, estaban todavía en pañales. La geología estaba a tal punto influenciada por la Biblia y la religión, que sus más preclaros cultores admitían todavía la teoría formulada por un arzobispo y un vicecanciller de Cambridge que, aunando su agudeza matemática, religiosa y antoropológica sentenciaron en 1.654: “El cielo, la tierra, las nubes llenas de agua y el hombre fueron creados por la Santísima Trinidad el 26 de octubre del año 4004 antes de Cristo, a las 9 de la mañana.” Eran tiempos aquellos en que para explicar lo inexplicable estaba siempre el recurso de la brujería, como en el caso de los bloques erráticos, enormes piedras sembradas por las campiñas del Norte de Europa sin conexión geológica con el paisaje circundante, “puestas alli por el demonio” y cuyo transporte por los glaciares desde sus puntos de origen sería después demostrado por Agassiz.
A medida que transcurre el siglo XIX las teorías de Agassiz son cada vez más aceptadas, así como sus derivaciones: descenso del nivel del mar, depresión de las tierras bajo el peso de los hielos y elevación de las mismas después de la fusión, formaciones de morrenas, deposición de bloques erráticos, etc..
Al principio se creyó en una sola gran glaciación, pero el hallazgo de restos vegetales entre los depósitos de las morrenas hizo pensar que después de cada retroceso glaciar, un clima más benévolo se instaló sobre las zonas anteriormente ocupadas por el hielo y permitió de nuevo el surgimiento de la vida hasta que todo fue cubierto otra vez por el próximo avance glaciar: había nacido la idea de las glaciaciones.
Los avances y retiradas de los hielos, estando en relación con los sucesivos enfriamientos y calentamientos de la tierra, se vió entonces en la glaciología como una herramienta para descubrir el clima de la tierra en épocas pasadas y en diferentes lugares del globo, herramienta que siguen hoy utilizando los científicos que estudian los casquetes polares de Antártida y Groenlandia en el afán de develar el pasado climático del planeta. Estudios realizados al final del siglo pasado en Norteamerica y Europa, escenarios de las grandes glaciaciones del Pleistoceno, dieron idénticas edades para las grandes glaciaciones de esta era geológica que comprende aproximadamente los 2 últimos millones de años.
También los estudios demostraron que las grandes invasiones del hielo se produjeron en los dos hemisferios al mismo tiempo y fluyeron siguiendo siempre los mismos recorridos.

2.2 Causas de las Glaciaciones
Quedaban por resolver las causas de todos estos cambios climáticos. Teorías de todo tipo se han barajado desde entonces: elevamientos y contracciones de la corteza terrestre, enormes erupciones volcánicas que hubieran lanzado tales cantidades de polvo a la estratósfera como para reducir las radiaciones solares, diferencias de actividad en las manchas solares, etc..
A pesar de que todas ellas puedan tener parte de razón, ninguna explica por completo el fenómeno y mucho menos su relativa periodicidad.
La teoría más admitida hoy como causa de las variaciones climáticas que a su vez provocaron las glaciaciones es la llamada teoría astronómica.
Ya en el siglo II a.d.C., Hiparco, astrónomo griego, descubrió que la Tierra en el espacio se comportaba como un trompo, girando no sólo sobre sí misma sino dando también a su eje un movimiento giratorio. Había dado, sin saberlo, el primer paso para lo que luego vino a llamarse la teoría astronómica de las glaciaciones que desarrolló completamente el matemático yugoslavo Milutin Milankovich, que dedicó toda su vida a elaborar complejísimos cálculos, en los que intentó demostrar que la interacción de 3 ciclos astronómicos alteraba lo suficiente las radiaciones solares en la tierra como para producir enfriamientos que devinieran en glaciaciones. Se trataría de estos tres ciclos:
1.- Ciclo de la órbitra terrestre: Cada 100.000 años la órbita terrestre alrededor del sol pasa de ser casi un círculo a una perfecta elipse y después retorna a su forma circular.
2.- Ciclo de la inclinación axial: Cada 41.000 años la inclinación del eje de la tierra sobre su órbita pasa de 21,5 a 24,5 grados para volver de nuevo a 21,5. Es precisamente esta inclinación la que origina las estaciones. Cuando mayor sea, más extremas serán éstas (inviernos más frios y veranos más cálidos).
3.- Ciclo de procesión de los equinocios: Cada 26.000 años, como una peonza en el espacio, el eje de la tierra describe un círculo total. Curiosamente, han sido los mares, además de posteriores observaciones geológicas, los que han dado el definitivo espaldarazo a la teoría astronómica de Milankovich. Analizando y datando la sedimentación de los fondos abisales, se han podido determinar claramente los ciclos glaciares en función de elementos que sólo pueden existir con aguas más calientes o más frías (microorganismos, diferentes isótipos de oxígeno, etc.).
De cualquier forma, el mecanismo de los climas es de tal complejidad, que admitiendo que los fenómenos astronómicos hayan sido los principales causantes de las glaciaciones, también es probable que fenómenos tales como erupciones volcánicas, manchas solares, meteoritos, etc. hayan intervenido e intervengan en las fluctuaciones climáticas generales.
En cuanto a futuras previsiones del clima basadas en estudios y ciclos del pasado, el asunto se complica aún más: el alocado empleo del planeta por el supuesto “homo civilizatus” está introduciendo nuevas variantes que cada vez alejan más el futuro de cualquier previsión científica y lo acercan mucho más a una lotería: la concentración de gas carbónico en la atmósfera debido a la utilización de los combustibles fósiles, las deforestaciones a gran escala de las selvas tropicales y un sinfín de nuevas alteraciones ecológicas que se han venido produciendo en el últimno siglo, son factores con los que nunca la Tierra se había encontrado antes y su reacción a ellos es hoy un tema que provoca entre los científicos las más variadas polémicas.
Con respecto a las grandes deforestaciones, recordemos que no han faltado teorías que hayan asociado las deforestaciones masivas ocurridas en Europa al final de la Edad Media con el comienzo de la llamada “Pequeña Edad de Hielo”, recrudecimiento general del clima que sacudió al Planeta desde el siglo XVI al XIX.

2.3 Las Glaciaciones en la Patagonia
Por más imponentes que hoy nos puedan parecer, nuestros glaciares y mantos de hielo patagónico son sólo minúsculas reliquias de las grandes glaciaciones de antaño.
En la Patagonia austral, la primera glaciación que dejó huellas claras se dio hace 3,5 millones de años y en aquella época, el hielo se extendió por lo menos 60 km al Este de la actual Cordillera. Otra gran glaciación, que supondría la mayor de las experimentadas en Patagonia, se habría dado hace un millón de años aproximadamente. Las morrenas terminales de ésta última se pueden observar en la meseta Sur del río Santa Cruz, a la altura de Condor Cliff, a casi 200 km. de distancia de la actual Cordillera.
Si bien hay algunas discrepancias sobre éste punto, hoy parece ya generalmente admitido que los hielos sólo cubrieron la meseta patagónica en su parte más austral, es decir al Sur del río Gallegos, donde una enorme lengua se extendía sobre el actual Estrecho de Magallanes (que no es sino otro valle formado por el hielo e invadido después por el mar) y la casi totalidad de Tierra del Fuego, como lo prueban morrenas que se han encontrado bajo el actual nivel de las aguas del Atlántico. En el resto de la Patagonia los hielos avanzaron según grandes ejes Oeste-Este sin llegar nunca hasta la actual costa atlántica.
En el período geológico llamado Pleistoceno, los glaciares se extendieron hasta 100 km. más al Este del presente límite oriental del Lago Argentino y, en la zona cordillerana, llegaron a alcanzar una altura de más de 1.000 m. sobre el actual nivel del lago. El descenso del nivel del mar permitió que la línea de costa atlántica se situara hasta 150 km. más al Este de la que hoy conocemos.
En las épocas más cálidas que alternaron con los períodos glaciares, gigantescos ríos de fusión cortaron las mesetas hacia el Altántico, excavando valles a su paso. Sobre estos valles (el del río Santa Cruz es un claro ejemplo) se deslizaron más tarde los glaciares en las posteriores glaciaciones, depositando materiales y al mismo tiempo, excavando el suelo con su enorme poder erosivo. Después de su última retirada, enormes cuencas quedaron en el terreno, que se llenaron con las aguas de fusión, formando así los lagos glaciares que hoy jalonan los Andes Australes: Argentino, Viedma, San Martín, etc..
Se entiende bien, después de todos éstos procesos por qué Louis Agassiz, el fundador de la glacialogía, llamo a los glaciares “Los arados de Dios”.

2.4 Qué es un glaciar
Se suele comparar un glaciar a un río de hielo. Si bien la comparación puede ser válida en ciertos aspectos (cuenca de alimentación con afluentes, capacidad erosiva, mayor velocidad en el centro del cauce que en los bordes...) no es menos cierto que los últimos estudios demuestran que el moviemiento del hielo, que como todos los cuerpos responde a las leyes de la gravedad, también responde a comportamientos muy particulares que poco tienen en común con el agua.
a) Formación del glaciar: El hielo de los glaciares no es otra cosa que el producto de la compresión de la nieve por efecto de su propio peso. Así que, para la formación de un glaciar, hace falta que se cumpla una condición fundamental: que la cantidad de nieve caída a lo largo del año en una determinada zona, sea mayor que la ablacionada.
De esto se deduce que para la formación de un glaciar, no sólo son necesarias grandes nevadas sino, más importante todavía, que la temperatura media anual permita conservar la nieve caída. Por eso las grandes extensiones de hielo actuales (Antártida, Groenlandia) no están situadas en las altas cordilleras de latitudes medias, donde las nevadas son abundantes pero también lo es la fusión veraniega, sino en los extremos de cada Hemisferio donde la escasa radiación solar no permite la desaparición de la nieve. Ejemplo típico lo encontramos en la Antártida, considerada técnicamente una zona árida por su nivosidad (entre 120 y 140 mm anuales en su zona central) y que sin embargo, supone la mayor concentración de hielo del planeta (90%) con espesores que superan a veces los 4.500 m..
Pero, volvamos al escenario del inicio; la nieve caída empieza a comprimirse apenas toca el suelo: sus cristales, pequeños corpúsculos de apenas un cuarto de milímetro de espesor, que todos conocemos por la caprichosa belleza de sus formas, comienzan a perder sus extremidades, que al entrar en contacto unas con otras se funden, liberando el aire en sus intersticios y dando a los cristales una forma más granulada.
A medida que se acumulan nuevas capas de nieve, su peso continúa liberando las burbujas de aire entre los cristales y provocando una mayor compactación de éstos, proceso que continúa hasta formar el hielo.
El tiempo necesario para la formación del hielo a partir de la nieve varía enormemente de un glaciar a otro (desde una decena de años, en glaciares templados como los patagónicos o las alpinos, a varios cientos en Antártida) en función de dos factores: la nivosidad y la temperatura. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, más rápidamente se forma el hielo cuanto más templado sea un glaciar: antes citabamos la fusión de los cristales; con temperaturas superiores a 0 grados, ésta fusión se traduce en agua que se infiltra hacia el fondo, helándose nuevamente y liberando pequeñas cantidades de calor. Este calor debilita la dureza de los cristales inferiores facilitando a su vez la fusión y compactación entre ellos, lo que redunda en una mayor rapidez de formación de hielo.
b) Movimiento del glaciar: Un glaciar no sólo es una masa de hielo, sino sobre todo, una masa de hielo en movimiento.
Obviamente, como todo cuerpo en movimiento y a lo largo de una pendiente, el hielo es influenciado por la gravedad y en mayor medida cuanto más pronunciada sea la pendiente. Esta similitud con el agua es lo que ha llevado por mucho tiempo a comparar los glaciares con los ríos, lo cual si no es del todo falso, a la luz de los últimos estudios, tampoco parece ser del todo verdadero.
Según los glaciólogos, un glaciar registra dos tipos de procesos: deslizamiento y deformación interna. Ambos tipos se dan en todos los glaciares, pero el deslizamiento predomina en los glaciares llamados templados (Andes, Alpes, Himalaya...) y la deformación interna del hielo es el principal causante del movimiento en los casquetes polares (Groenlandia y Antártida) donde las pendientes a veces son mínimas. El deslizamiento responde por supuesto a la acción de la gravedad. A pesar de lo simple del principio, tiene aspectos sorprendentes: éste deslizamiento sólo puede darse en presencia de agua en su base, que en los glaciares templados proviene de dos causas: por una parte de la fusión de las capas superiores, que va infiltrándose hacia el fondo. Por otra, la base del glaciar, al friccionar la roca determina un cierto recalentamiento que también ayuda para la fusión de pequeñas cantidades de agua.
Así pues, una fina película líquida recorre siempre la base de los glaciares actuando como lubricante entre el hielo y su sustrato rocoso. Es esta lubricación interna uno de los factores que va a determinar la velocidad de avance de un glaciar.
En los glaciares fríos, las temperaturas extremas impiden toda fusión y el glaciar queda “soldado” a su base: será entonces la deformación interna del hielo la causa principal de su movimiento. Más compleja y menos conocida que el deslizamiento, la deformación interna podría compararse al proceso que sufren ciertos metales o minerales, sometidos a tensiones por temperaturas ligeramente inferiores a su punto de fusión: como bien saben los herreros desde tiempo inmemorial, éstos cuerpos adquieren la capacidad de deformarse.
En el caso del hielo, es su mismo peso, que en algunos glaciares puede llegar a presiones de 650 Tn. por m2, el que produce las tensiones que llevan al glaciar a deformarse: los cristales de hielo redisponen su moléculas en capas más o menos paralelas a la superficie glaciar. Estas capas se deslizan una sobre otra. El movimiento acumulado de las capas de moléculas en el interior de cada cristal más un cierto efecto de patinaje entre los cristales es lo que se llama pues, deformación interna. Paradójicamente, las leyes físicas que rigen este fenómeno, están más cercanas a la flexión de un hierro al rojo vivo, que al deslizamiento del agua por una canaleta.
Pero volvamos al principio. Veíamos que un glaciar sólo es glaciar si se mueve. Para comenzar a moverse, el hielo necesita un cierto espesor crítico de alrededor de 20 metros. A partir de aquí, tres factores condicionarán la velocidad de avance de un glaciar: el espesor, la pendiente y la temperatura del hielo. Cuanto mayor sea el espesor de un glaciar, más deprisa avanzará y obviamente también será más rápido cuanto mayor sea la pendiente por la que se desliza.
Antes citabamos glaciares fríos y templados. Cuanto más templado sea un glaciar, más rápido será, a causa de la mayor cantidad de agua fusionada que circula por su base facilitando el deslizamiento y a causa de que la energía calórica que libera parte de ese agua infiltrada al recristalizar de nuevo, contribuye a debilitar los cristales de hielo haciendolos más moldeables y fáciles de deformar.
Esta misma cantidad de agua de fusión corriendo por la base y lubricando el frotamiento del hielo con la roca, es lo que causa una mayor velocidad del glaciar en los días cálidos o lluviosos que en los fríos o secos y lógicamente, también en verano más que en invierno.
La velocidad pues, es un fenómeno altamente variable de unos glaciares a otros e incluso en el mismo glaciar, no sólo en función de la época, sino también del lugar: al igual que en las corrientes de agua, el frotamiento de sus bordes con la tierra frena el movimiento de estos, haciendo la corriente más rápida en su centro que en sus bordes. El frotamiento en su base es a su vez la causa de que la velocidad de la superficie sea mayor que la del fondo.
El punto de mayor velocidad de un glaciar se encontraría sobre la línea de equilibrio del mismo. Es ésta línea imaginária que divide la zona de acumulacion, (que es aquella en que la cantidad de nieve caída anualmente es mayor que la perdida por evaporación o fusión, y que corresponde a sus zonas más altas) de la zona de ablación, donde, inversamente a la anterior, la nieve perdida es mayor que la caída y se sitúa, como es natural, en sus zonas inferiores.
Delimitar ésta línea es muy importante para el estudio de cualquier glaciar, pues la situación de la misma y la relación de superficie entre las dos zonas antes citadas, son datos muy importantes para la determinación del comportamiento del glaciar y su respuesta frente a los cambios climáticos. A simple vista, podríamos definir esta línea de equilibrio como la serie de puntos todavía con nieve a fines de otoño, antes de las primeras nevadas. En glaciares muy agrietados es más fácil distinguirla, pues marca la frontera entre la zona de grietas y la zona en que éstas (por lo menos las más pequeñas) son ocultadas por la nieve. Por spuesto que ésta línea de nieves permanentes no será igual todos los años y también variará de unos glaciares a otros con la orientación, las condiciones de la pendiente, las variaciones climáticas, etc..

c) Morrenas, grietas y seracs: Otros fenómenos comunes en los glaciares y de extrema ayuda para sus estudiosos son las morrenas, que podríamos definir brevemente como acumulaciones de bloques, rocas, arenas y arcillas transportadas por los glaciares. Su importancia viene dada porque son ellas las que denotan las pasadas posiciones de un glaciar. Asimismo, estudiando los restos orgánicos mesclados en ellas, fácilmente datables por el sistema de carbono 14, se puede llegar a conocer la cronología de los antiguos movimientos del glaciar.
En función de su posición, las morrenas se pueden clasificar en laterales o centrales. Estas últimas resultan de la unión de las morrenas laterales de un glaciar y de su afluente, resultando así una línea característica de materiales rocosos que corre por el centro de un glaciar en el mismo sentido de su marcha.
Otro tipo de morrena muy importante para el glaciólogo es la morrena terminal que, como su nombre lo indica, viene a señalar la posición más extrema alcanzada por el hielo y el punto en el que el mismo comenzó a retroceder.
Quisieramos terminar ésta breve introducción a los glaciares hablando de las grietas y los seracs, dos aspectos muy comunes en toda geografía glaciar y que constituyen el mayor peligro para quienes por ellos transitan. Como hemos visto anteriormente, la velocidad de un glaciar no es igual en todos sus puntos. Diferentes velocidades en diferentes puntos provocan tensiones que la plasticidad del hielo no puede siempre absorver completamente y que resultan en un resquebrajamiento de su superficie.
Debido a las grandes presiones, el fondo permanece siempre compacto. Las grietas pueden tener una enorme variedad de longitudes o anchuras y se vuelven especialmente peligrosas para los andinistas cuando la nieve fresca forma sobre ellas puentes que por un lado las ocultan a la vista, pero por otro no son suficientemente sólidos para soportar el peso de una persona.
Cuando el lecho de un glaciar sufre una pendiente pronunciada, la velocidad puede triplicarse durante algunos metros. Este repentino cambio de velocidad provoca en la superficie una serie de grietas entrecortadas y muy inclinadas que forman una caótica acumulación de bloques o seracs de un equilibrio altamente inestable. Cualquier alteración por erosión del viento, lluvia, temperatura o ligeros empujes del hielo que desciende de más arriba, pueden provocar el derrumbe de estos muros de hielo, que, junto con la caída en las grietas, son las causas más comunes de los accidentes mortales en la montaña.
En una forma simplista y poco técnica, podemos decir que cuando una grieta tiene sus bordes a diferente altura estamos en presencia de un serac y cuando una grieta se encuentra al borde o en una pared, estamos en presencia de una rimaya.

2.5 Tipos de glaciares
Los glaciares se suelen clasificar en función de dos factores: su temperatura o su morfología.
a. En cuanto a su temperatura los glaciares se dividen en fríos y templados. A los primeros corresponden las dos grandes superficies polares (Antártida y Goenlandia) y a los segundos, todos los demás, situados en latitudes más templadas.
b. En cuanto a su morfología, citaremos brevemente algunos de los más comunes:
- Indlansis: enormes superficies horizontales de hielo. La Antártida y Groenlandia serían también los mayores Indlansis, si bien, otras superficies menores como el Hielo Continental Patagónico y las masas glaciares de Islandia o las Islas Spitzberg podrían estar también comprendidos.
- De Circo: llamados así por ocupar las partes superiores de los circos montañosos.
- De Valle: glaciares que discurren por un valle bien definido.
- Piedemonte: glaciares de valle, que al llegar a terrenos inferiores y más llanos ensanchan considerablemente su frente en forma de abanico.
- Compuesto: es el glaciar alimentado por otros menores, que a manera de afluentes en un río, llegan por los costados a engrosar su caudal. Las morrenas laterales de los afluentes pasan así a ser morrenas centrales en el glaciar principal. En la Patagonia, tenemos en el Glaciar Upsala un claro ejemplo este tipo, recibiendo por su derecha los glaciares Cono y Bertacchi.
- De Calving: llámase así a los glaciares cuyo frente está en contacto con el agua, sea ésta lacustre o marina. En el lago Argentino tenemos tres glaciares de éste tipo: Upsala, Moreno y Spegazzini y en el lago Viedma, el glaciar homónimo. Una característica que diferencia a estos glaciares del resto, es la de perder gran parte de su masa helada por medio de témpanos o iceberg que constantemente de desprenden de su frente.

2.6 El hielo en el mundo
Casí el 97% del hielo del planeta está concentrado en Antartida (84,5 %) y Groenlandia (12 %) y supone nada menos que el 98% de las reservas de agua dulce. En Europa, a pesar de que los glaciares más conocidos están en los Alpes, las mayores superficies heladas son las de las Islas Spitzberg (Noruega) y Francisco José (Rusia); (en total los glaciares de Europa totalizan 123 mil Km2.).
La mayoría de los glaciares de Asia están en el Himalaya. (115 mil Km2)
En cuanto a Africa, sólo mantiene algunos pequeños glaciares en las cumbres de sus montañas más altas (Kilimanjaro, Kenia, Ruwenzori).
Todos los glaciares sudamericanos se encuentran sobre la Cordillera de los Andes, desde Venezuela hasta Tierra del Fuego, si bien es en el Hielo Continental Patagónico donde se concentran las tres cuartas partes de su superficie. Alaska abarca 51 mil Km2, Canada 178, USA 0,5 y América del sur 26,5. Como vemos, a pesar de la magnitud del Hielo Continental, es muy inferior a la sumatoria de los glaciares europeos, de Alaska, Canada o Asia.
En Norteamérica las grandes concentraciones heladas están en las islas del noreste canadiense y en Alaska.
En Oceanía, la mayoría de los glaciares están concentrados en la Isla Sur de Nueva Zelandia, glaciares que por su latitud, condiciones climáticas y origen, son muy parecidos a los patagónicos. En Australia no hay glaciares.

2.7 Los glaciares y la montaña
En alta montaña la nieve caida se acumula año tras año y sólo parte se funde. El exceso de nieve se ve comprimida y transformada en las zonas de acumulación, hasta que por su peso comienza su camino hacia el valle convirtiendose en el agente erosivo más potente de la naturaleza. (Metamorfosis de la nieve al hielo).
La masa de hielo de los glaciares se comporta como una materia plástica y fluye hacia abajo por efecto de la gravedad, como un río helado. Pero el hielo tiene un límite elástico y cuando éste se sobrepasa por diferencias de velocidad en la masa o por obstáculos del terreno que obligan al hielo a deformarse, se agrieta.
Por lo general en el centro de los glaciares hay menos grietas que en los extremos y en las curvas, el lado externo presentará más fracturación que el lado interno. Igualmente las partes cóncavas del glaciar serán más seguras que los abombamientos.
Según el tipo de relieve con el que se encuentra el glaciar, será la fisonomía que adoptará. Para el caso de una caída marcada de la pendiente (convexa) observaremos típicas grietas en forma de “V”. Son éstas las grietas más notables y las que en primavera primero se descubren de su cobertura de nieve.
Si el obstáculo es un repentino ascenso de la pendiente ó bien una hondonada (concava) las grietas van a adquirir una típica forma de “A”. Suelen aparecer avanzado el verano. Caerse en ellas es bastante molesto, ya que quedamos colgados en el aire.
Finalmente, si el glaciar tiene que pasar por encima de un lomo ó bien el lecho se ensancha, observaremos grietas del tipo “V” tanto longitudinales como transversales. siempre que el obstáculo del terreno ó el lecho sea muy abrupto se va a poder contemplar grandes bloques de formas ángulares caprichosas: los seracs. Frecuentemente estos se encuentran en un delicado equilibrio por lo que nunca es aconsejable permanecer en línea de caída de los mismos.
Sobre la profundidad de las grietas existen historias fabulosas, pero lo cierto es que en general no exceden los 30 ó 40 metros, por más que el manto tenga cientos de metros de espesor.

2.8 Avance sobre el glaciar
El camino a recorrer surgirá en definitiva del minucioso análisis del terreno, teniendo en cuenta todos los conocimientos que hemos adquirido sobre las técnicas de marcha sobre hielo y glaciares.
Vale la pena recordar el dicho que asegura que “cuanto más numerosa sea la cordada sobre un glaciar, más seguridad habrá en caso de algún incidente”. Las cordadas “mil patas” pueden realizar un rápido rescate.

a) - Cordada de dos personas
Los miembros de una cordada de dos se han de atar a una distancia mínima de unos 15 metros, en el tercio central de la cuerda, dejando los dos extremos restantes que serán 2 o 3 metros más largos que el tercio central para enrollárselos en bandolera, o llevarlos en la mochila (encordamiento en “N”). Está será la cuerda de auxilio en caso necesario. Los anillos colocados en bandolera debemos bloquearlos mediante un nudo y éste nudo atarlo al arnés, de forma que hagan la función de arnés de pecho, si es que no llevamos uno. La longitud de la cuerda entre ambos es importante, pues el choque se absorberá mejor con más cuerda desplegada.
Cada alpinista ha de colocar dos cordinos con nudos autobloqueantes (prusiks) en la cuerda. Uno próximo al arnés cuyo extremo podemos llevarlo en un bolsillo o sujeto en el mismo arnés para que no moleste. El segundo se coloca a un metro aproximadamente y lo llevaremos sujeto en la mano. Estos cordinos pueden tener varias aplicaciones: servirnos como estribos para ascender por la cuerda si cayésemos; para descargar el peso del caído en un anclaje despues de retenerlo; o para amortiguar con el brazo la posible caída del compañero (con el autobloqueante que llevamos en la mano). Podemos llevar un tercer cordino preparado para colgar la mochila o para colocarlo en el pecho y no bascular hacia atrás al estar colgado. Para facilitar una posible maniobra de izado es conveniente llevar siempre una pequeña polea.

b) - Cordada de tres personas:
Aquí podemos usar una o dos cuerdas, atándonos uno al centro y los otros cerca de los extremos, dejando un margen de unos 2 metros de cuerda para compensar el posible estiramiento en caso de que la caída sea de toda la longitud de la cuerda, ya que entonces necesitaríamos la longitud de la cuerda inicial, más el estiramiento que se produzca, para conseguir auxilio al caído con el cabo de reserva. El que marcha en el centro, ha de preveer cordinos autobloqueantes en los dos cabos que van hacia sus compañeros. En todos los casos la cuerda a llevar en bandolera deberá servir para llegar hasta el compañero, por lo cual deberá ser más larga que la distancia de encordaminto entre ambos.
Al avanzar por el glaciar, la cuerda hay que mantenerla tensa, sin anillos en la mano, avanzando al unísono, de forma que si alguén cae, la caída sea lo más corta posible y por tanto menos peligrosa. Si se observa bien esta precaución, normalmente la caída no pasará de meter el pie o parte del cuerpo en la grieta.
El escalador más experimentado en maniobras de rescate es conveniente que no vaya adelante, ya que el que marcha a la cabeza es el que más posibilidades tiene de caer y siempre será de más utilidad en la superficie que en el fondo de la grieta. Si el avance por el glaciar es cuesta abajo, delante ha de ir el escalador más liviano y en última posición el más pesado, procediendo a la inversa cuando ascendemos. Esta precaución es obvia si no queremos ser arrastrados todos. Si la diferencia de pesos entre los componentes de la cordada es exagerada, un pequeño truco consiste en hacer nudos en la cuerda a intervalos de 2 ó 3 metros, que aumentarán el frenado en el borde de la grieta actuando como empotradores. (Esto no obstante dificulta un trabajo con prusik).
Cuando la cordada se detiene a descansar, hay que hacerlo en un lugar seguro, lo mejor es junto a una grieta abierta.
En cuanto al material, el piolet siempre ha de ir en la mano y sujeto a la muñeca mediante una cinta, y hay que llevar a mano, colocados en el arnés, algunos mosquetones y cintas largas y al menos un tornillo de hielo para eventuales maniobras. La indumentaria ha de ser la adecuada para garantizar una protección suficiente y soportar el frío en las profundidades de una grieta.
En glaciares descarnados con las grietas descubiertas podemos prescindir de la cuerda, pero al atravesar glaciares cubiertos de nieve, hay que ir siempre encordados y con arnés.
Quedar suspendido en un encordamiento directo al cuerpo con la cuerda supone un grave riesgo de lesiones y asfixia. El encordamiento con arnés de cintura es insuficiente si llevamos mochila, hay que prever un arnés de pecho y colocar el punto de encordamiento alto, si no queremos quedar suspendidos cabeza abajo.
Llevar cuerda no evitará que caigamos accidentalmente en una grieta, pero puede salvar nuestra vida o la de nuestros compañeros. Utilizar la cuerda tampoco es una garantía de que no existirán problemas, además de utilizarla, cada miembro de la cordada ha de saber:
- Detener la caida de un compañero.
- Rescatar a una persona incapacitada del interior de una grieta.
- Salir por sus propios medios de una grieta.
Puede ser desmoralizante, pero tampoco vale solamente saber, hay que practicar; es la única garantía de que llegado el momento, seremos realmente capaces de solucionar los imprevistos que surjan.

2.9 Rescate en grietas
Si se toman las precauciones imprescindibles para moverse por un glaciar agrietado y se actúa correctamente, es dificil que se produzca una caída seria, no obstante hay que estar preparado en técnicas de rescate en grietas. Salir airoso en estos casos depende de nuestra rápida y metódica actuación.
En general, podemos definir cuatro situaciones: a) El caido sale por sus propios medios, b) El caido sale con nuestra ayuda, c) El caido esta lastimado pero puede colaborar, d) El caido esta imposibilitado de ayudar.

La secuencia de actuación en un caso tipo puede ser la siguiente:
- Cuando alguien cae, la cuerda se clava en el labio de la grieta absorbiendo gran parte del impacto.
- Nosotros perderemos el equilibrio al recibir el tirón, pero una vez en el suelo, podremos aguantar sin mayor problema deteniéndonos con manos, pies e incluso ayudados con el piolet en una autodetención.
- Los demás compañeros, si los hay, deben reaccionar también de inmediato, ayudándonos en la detención tensando sus cuerdas. La rápidez en esta reacción es importante para que el caído descienda lo menos posible. La detención es más comprometida si el glaciar está en pendiente y el caido es el que marcha más abajo.
- Una vez detenida la caída, si la cuerda la llevabamos tensa y hemos reaccionado rápidamente, lo más normal es que el caído pueda ascender solo, ya sea escalando o ayudándose con sus “prusik”. En este caso si tenemos comunicación con él, simplemente seguiremos reteniendo la cuerda esperando a que salga a la superficie.
- Si no nos comunicamos con él y no sentimos en la cuerda reacción alguna, pasados algunos momentos, hay que proceder a montar un anclaje para fijar la cuerda mediante uno de los autobloqueantes que llevamos al efecto y así liberarnos de su tensión. Si hay compañeros en la superficie, serán ellos los que monten el anclaje y nos ayuden.
- Si estamos solos la cosa se complica. Aunque la cuerda nos esté tirando, hay que colocarse en una posición en la que podamos prescindir de una mano, generalmente sentado o medio tumbado, haciendo oposición con los pies en la nieve. Con la mano libre y el pioler realizamos un sólido anclaje, normalmente un piolet horizontal (ancla improvisada), a no ser que cavando un poco la superficie sea dura y podamos colocar otro tipo de anclaje, como un tornillo. Hay que asegurarse de que el anclaje soporta bien la tensión descargando el peso poco a poco, si no fuera así, hay que realizarlo más sólido. El anclaje deberá realizarse preferentemente a la altura media de nuestro cuerpo, no por detrás. En esta operación no hay que escatimar tiempo ni esfuerzo, pues de ello depende toda actuación posterior. (ver figuras adjuntas).
- Como medida de seguridad, una vez liberados de la carga procederemos a reforzar el anclaje con otro suplementario.
- Cuando estemos libres para actuar, hay que comprobar el estado del caído acercándonos al borde de la grieta debidamente asegurados: comprobaremos si está consciente, si tiene lesiones, si puede ascender solo o tenemos que ayudarle.
- En caso de que esté empotrado en el fondo y no pueda valerse por sí mismo, hay que actuar rápidamente y bajar hasta él para desatascarle, pues el propio calor de su cuerpo fundirá el hielo suficiente como para aprisionarle cada vez más, con peligro de asfixiarle. Aquí vemos la importancia de encordars corrctament y disponer de suficiente soga como para descender junto al herido con la soga suplementaria.
- Si está consciente puede que sea capaz de ascender solo, si no puede, le avisaremos de que le lanzamos el cabo de reserva para remontarle. Aunque suba sólo quizá sea necesario la cuerda de reserva, para que salve el labio de la grieta.
- En el labio de la grieta hay que colocar cualquier objeto que impida que la cuerda auxiliar se clave (mochila, piolet, esquies...etc.) El objeto en cuestión hay que atarlo, para evitar perderlo o que le caiga encima al que está abajo.
- En cuanto pueda, el accidentado se liberará de la mochila, dejándola colgar en su propia cuerda o de la cuerda de reserva que se le ha lanzado.
- Si está inconsciente o con lesiones importantes, hay que bajar a comprobar su estado, tratar de acomodarle, quitarle la mochila, si es posible abrigarle. Hay que estudiar la situación con serenidad, quizá muy cerca tengamos algún bloque, un puente de nieve o incluso el fondo de la grieta, donde es posible colocar al herido en mejor posición hasta encontrar ayuda o comenzar a remontarle una vez atendido.
- Una vez comprobada la necesidad de izarlo, hay que montar un polipasto, que será más sencillo cuantos más rescatadores puedan colaborar, para hacer la maniobra lo más rápida posible. El polipasto más recomendable, si el caído puede ayudar, es el simple, haciendo la desmultiplicación directamente sobre su arnés, mandándole para ello la cuerda de la que tiramos con un mosquetón para que se lo enganche. Evitar el rozamiento en el labio de la grieta es fundamental para que un polipasto funcione, quizá sea necesario hacer un reenvío de la cuerda desde la otra margen de la grieta. ( ver croquis y figuras adjuntas).
- Pasar el labio de la grieta siempre es lo más problemático, sobre todo si estamos solos. Para facilitar las cosas, antes de lanzar la cuerda de auxilio, hay que romper el ángulo de la grieta por el lugar donde pasará la cuerda dejando una pequeña rampa. Si tenemos que tirar directamente de la cuerda que retuvo la caída y que ahora está hundida, proceder igualmente pero con cuidado para no dañar la cuerda.
Una complicación adicional puede ser que el glaciar tenga una fuerte pendiente, en esta caso es aconsejable trasladar la operación de rescate a la parte inferior de la grieta, si es que se está ya en esta situación. Las caidas en grietas anchas, con los bordes formando techo son un problema importante, no sólo por la dificultad de sacar al caído, sino porque los rescatadores se mueven en una zona inestable y peligrosa. Salvar el labio en estos casos es un grave problema y puede ser necesario descolgar un escalador que hora de una salida, cerca de la vertical de la víctima.
Si nos vemos sorprendidos colgando en una grieta, hay que estudiar con calma la situación también desde abajo. Antes de proceder a ascender por la cuerda o que los compañeros nos izen, hay que mirar bien a nuestro alrededor, quizá un poco más lejos la grieta se estrecha y podamos subir en chimenea o, una de las paredes se tumba y nos facilita salir escalando o incluso puede haber una salida al exterior en una frctura transversal, que forme una grieta secundaria.
Los rescates en grietas, como cualquier otra eventualidad de este tipo, pueden tener infinidad de variantes y situaciones que los compliquen, por lo que las normas de actuación no son una regla fija. Las maniobras de salvamento explicadas no son soluciones milagrosas, requieren mucha destreza y práctica, y no siempre funcionan, sobre todo cuando el rescatador está solo, caso en el que puede ser casi imposible izar al accidentado, si no se consiguen evitar mediante poleas y otras ayudas los fuertes rozamientos que se producen. Mejor prevenir que poner en práctica, complicadas maniobras que pueden llegar a una verdadera pesadilla.

2.10 Reanimación de víctimas por caidas en grietas
(Idem punto 1.11 “Reanimación de víctimas en aludes”, en la materia de Nieve y Avalanchas).
3.- LA ALTURA

(Apunte preparado en base a los artículos “Medicine et Sports de Montagne”, de Jean Louis Etienne y “Enfermedad de Montaña” de Peter H. Hackett).

3.1 El medio aereo
- Composición del aire
- La presión atmosférica
- La presión del oxígeno
3.2 La hipoxia celular
3.3 Adaptación a la altura
- La hiperventilación
- La poliglobulia
- La oxigenación celular en altura
- Consumo máximo de oxigeno en altura
- Utilización de los substractos energéticos en altura
- Fenómenos bioquímicos de adaptación en altura
- Las medicinas de la aclimatación
3.4 El mal de la montaña
- El mal agudo en montaña
- Reconocimiento y tratamiento de los síntomas
- Edema periférico
3.5 Clasificación del EMA y tratamiento
- EMA leve
- EMA moderada
- EMA grave
a) Edema cerebral de altura
b) Edema pulmonar de altura
3.6 Equilibrio de fluidos en altura
3.7 Prevención de la EMA
3.8 Hemorragia retinal de altura (HRA)
3.9 Contraindicaciones de una estadía en altura
3.10 Evolución del himalayismo

A medida que ascendemos, salimos de la capa de aire que envuelve a la tierra. La presión atmosférica disminuye progresivamente con la consecuente disminución de la presión parcial de oxígeno. El organismo reacciona a la disminución del oxígeno con una serie de adaptaciones progresivas que constituyen las fases de aclimatación a la vida en altura.
Esta aclimatación no se logra sin algunos sinsabores, agrupados bajo el nombre de "mal de montaña" o mejor "mal de altura". El edema cerebral y el edema pulmonar son en la altura las manifestaciones más espectaculares, en general bastante graves a causa de la rapidez de aparición y la imposibilidad de recibir auxilio. El agotamiento en altura que generalmente produce la muerte, es cada vez más frecuente, en cumbres de más de 8.000 metros que son hechas en técnica ligera, en plazos muy largos (varias noches en altura) y por alpinistas insuficientemente preparados física y síquicamente. La alteración del juicio por hipoxia y el deseo de querer continuar a pesar de los signos de fatiga avanzada son frecuentemente el origen de los accidentes.
Nunca debemos olvidar, sobre todo cuando la motivación es grande, que es necesario más valor para detenerse con un margen de seguridad para descender, que obstinarse y preservar sin discernimiento.

3.1 EL MEDIO AEREO
Composición del aire: El aire está compuesto esencialmente por dos gases: oxígeno y nitrógeno. A cualquier altura, la proporción relativa de estos dos gases es invariable: 21% de oxígeno y 79% de nitrógeno. La presión parcial de oxígeno contenido en el aire es el 21% de la presión atmosférica. La presión del oxígeno es de 760 mm x 21% = 160 mm de mercurio al borde del mar en condiciones normales. (Más utilizado en los barómetros son los milimetros de bar (mb) para los cuales a nivel del mar la presión de oxígeno es de 1.013 mb).
Siendo la composición del aire invariable, la presión del oxígeno baja en la misma proporción que la presión atmosférica cuando ganamos altura.

La presión atmosférica: El globo terrestre está rodeado por una envoltura gaseosa: la atmósfera. Esta espesa capa de aire de cerca de 100 km ejerce por su peso una presión sobre la superficie de la tierra: la presión atmosférica. La capa inferior de la atmósfera, la tropósfera, condiciona la vida de hombres, animales y plantas. Su espesor varía con la latitud, cerca de 17000 metros en el Ecuador y solo 6000 metros en los polos. Los signos de sufrimiento debido a la altura aparecen a menor altura en las latitudes polares que en las regiones ecuatoriales. Carlo Mauri, quien integraba la expedicion Antártica de Haroun Tazieff, sufrió por la altura en la cumbre del volcán Erebus (4203 m) aunque había pasado sin dificultades los 8000 metros en una expedición al Himalaya.

La presión de oxígeno: Decrece con la altura en las mismas proporciones que la presión atmosférica. Si al borde del mar es de 760 mm x 21% = 160 mm de mercurio, en la cumbre del Monte Blanco es de 405 mm x 21% = 85 mm de mercurio, es decir aproximadamente la mitad, y en la cumbre del Everest cae a 230 mm x 21% = 48 mm de mercurio, poco menos que 1/3 de la presión a nivel del mar. Sabemos que la presión es la única fuerza que hace progresar al oxígeno desde el aire ambiente hasta las células del organismo. Se comprende que la disminusión de la presión con la altura sea una traba a la oxigenación celular y por lo tanto responsable de numerosos inconvenientes en altura, de la sensación permanente de asfixia y del mal rendimiento muscular en esfuerzo.

3.2 LA HIPOXIA CELULAR
La baja concentración de oxígeno en la sangre produce una falta de oxígeno en las células del organismo: es la hipoxia celular. Es el signo que pondrá en funcionamiento una serie de mecanismos de adaptación, que permitirán mantener un consumo de oxígeno adaptado a las necesidades. Todos estos mecanismos tienen los mismos objetivos: mejorar la oxigenación sanguínea y posibilitar la extracción de una cantidad suficiente de oxígeno de la sangre, a pesar de la desaturación parcial del contenido de oxígeno de los glóbulos rojos.
En cada etapa del viaje del oxígeno desde el aire ambiente hasta la célula, se producirá una adaptación particular tendiente a conservar la cascada de oxígeno. Las adaptaciones se harán en tres niveles:
1º respiratorio: aumentando el volumen de aire respirado, es la hiperventilación.
2º sanguíneo: multiplicando el número de transportadores, es la poliglobulia.
3º celular: permitiendo una mejor liberación del oxígeno en su transportador.

3.3 ADAPTACIÓN A LA ALTURA
La organización de los mecanismos de adaptación depende de la altura alcanzada, de la velocidad de ascenso y de la duración de la estadía en la altura.

La hiperventilación
Es el aumento del caudal respiratorio mediante movimientos más rápidos y más amplios. Es el primer mecanismo compensatorio que se pone en funcionamiento cuando comienza a faltar el oxígeno. Su funcionamiento es inmediato y proporcional a la hipoxia celular.
La hiperventilación en reposo sólo aparece a partir de los 3500 metros. Al principio se incrementa la amplitud de los movimientos respiratorios. El ritmo respiratorio se incrementa significativamente sólo a partir de los 6000 metros.
En altura, la falta de oxígeno se siente vivamente al menor esfuerzo. Este estado de hipoxia casi permanente es el origen del surmenage respiratorio del cuál son víctimas todos los alpinistas en altura. La respiración alcanza un ritmo tal que el volumen respiratorio se ve considerablemente disminuido. Para que la hiperventilación sea eficaz, debe llevar una cantidad suficiente de aire hasta el último extremo bronquial, el alveolo pulmonar, donde tienen lugar los intercambios gaseosos entre el aire y la sangre. Para permitir la entrada de una mayor cantidad de aire fresco, la espiración debe ser conciente y forzada. En el alveolo, la suma de presiones de oxígeno y gas carbónico es constante. También, eliminando una mayor cantidad de C02 mediante una espiración forzada, hacemos penetrar una mayor cantidad de oxígeno en la inspiración siguiente.
Esta hiperventilación tiene algunos inconvenientes. La movilización de la caja toráxica por los músculos respiratorios produce un gasto energético considerable, sobre todo con una mochila que pesa sobre los hombros. Por otra parte, el lavado bronquial permanente con una cantidad abundante de aire frío y seco produce pérdidas de agua y calor al organismo. La irradiación del árbol bronquial debido a esta incesante ventilación es responsable de la tos de altura.

La poliglobulia
Es el aumento de la cantidad de glóbulos rojos (GR). Los glóbulos están coloreados por un pigmento rojo llamado hemoglobina sobre el que se fija el oxígeno para su transporte por el organismo. A nivel del mar, los GR captan una carga máxima de oxígeno al recorrer los pulmones. La hemoglobina se satura a más del 97%. Esta carga de oxígeno permanece muy elevada, cerca del 90% de la carga máxima, hasta los 3000 metros aproximadamente. A partir de esta altura la saturación de la hemoglobina decrece rápidamente. Por ejemplo, a 6000 metros, la hemoglobina se satura al 65% de la carga máxima. Como los globulos rojos sólo transportan el 65% de la carga máxima, el organismo reacciona multiplicando la cantidad de transportadores. Esta producción exagerada de glóbulos rojos se denomina poliglobulia.
El aumento de la cantidad de GR comienza aproximadamente en el 15avo día y se estabiliza aproximadamente en el 45avo día. Raramente, esta cantidad sobrepasa los 8 millones en las personas que no son nativas de la altura.
Los inconvenientes de la poliglobulia: La multiplicación de los GR aumenta la viscosidad sanguínea. Para propulsar esta sangre espesa por las arterias, el corazón deberá trabajar más. Por otra parte, la viscosidad es un obstáculo para la filtración de la sangre en los pequeños capilares en el interior de los tejidos. Además, esta viscosidad será agravada por el estado permanente de deshidratación de los alpinistas a gran altura. Esta viscosidad es una de las causas principales de las microcoagulaciones en los capilares sanguíneos.

La oxigenación celular en altura
Sigamos el camino recorrido por una molécula de oxígeno desde el glóbulo rojo sobre el que está fija, hasta su utilización en las reacciones energéticas. Se hace en cuatro etapas:
- penetración en la intimidad de los tejidos del organismo a traves de los capilares.
- liberación del oxígeno de su transportador.
- transporte a través del músculo hasta el sitio de producción de energía.
- consumo en las “centrales energéticas”, las mitocondrias.
Al faltar el oxígeno en la célula se producen adaptaciones tendientes a facilitar la llegada y utilización del oxígeno por el músculo. Veámoslas:
Los capilares sanguíneos: La abertura de un número importante de capilares, que normalmente se encuentran cerrados, aumentará la irrigación celular.
La liberación del oxígeno de la homoglobina. La unión oxígeno-hemoglobina en el interior del glóbulo rojo es reversible. La ruptura de esta unión tiene lugar en un medio físico-químico particular alrededor de las células que tienen más necesidad o que no tienen oxígeno. Los factores de disociasión de la oxihemoglobina son los productos de eliminación del metabolismo celular, evidencias del consumo de oxígeno, como el aumento de la temperatura muscular, de productos ácidos y de gas carbónico en el medio celular. Otra sustancia que se encuentra en el interior de los glóbulos rojos llamada 2-3 DPG facilita la liberación del oxígeno de su transportador, la hemoglobina. La tasa intraglobular de 2-3 DPG aumenta en caso de anoxia celular. Este es un importante factor de disociasión de la oxihemoglobina, su concentración intraglobular aumenta con la altura. En la altura encontramos el desarrollo de los mismos factores que permiten la liberación del oxígeno por los músculos durante el esfuerzo. Esto no es una sorpresa ya que el músculo durante el esfuerzo está en un estado de necesidad permanente de oxígeno. La única diferencia es que en altura, la falta aparece muy precozmente, para esfuerzos cada vez más débiles, durante la progresión.
Transporte del oxígeno en el músculo: la mioglobina. Es un pigmento que da al músculo el color rojo y que fija al oxígeno para llevarlo de la salida del capilar hasta los sitios de producción de energía. La falta crónica de oxígeno en altura, la anoxia, produce la multiplicación de la cantidad de transportadores musculares de oxígeno: los pigmentos de mioglobina.
Las “centrales” de producción de energía: las mitocondrias. En este lugar el oxígeno es utilizado en las reacciones químicas de producción de energía. Estos organitos contienen las enzimas de las vías energéticas aeróbicas. Aparentemente su cantidad y su eficacia son mejoradas por el trabajo muscular en hipoxia.

Consumo máximo de oxígeno en altura (VO2 Max)
La potencia aeróbica es la capacidad del organismo para consumir oxígeno. Cuando un esfuerzo se prolonga mucho tiempo a la máxima potencia, decimos que el organismo ha alcanzado los límites de su consumo máximo de oxígeno. El volumen máximo de oxígeno lo abreviamos VO2 Max.
Este VO2 Max depende de varios factores que tienen el mismo objetivo, llevar la mayor cantidad posible de oxígeno a los músculos. La hiperventilación, la poliglobulia y las adaptaciones celulares son sus principales artífices.
La intensidad de un esfuerzo de larga duración se mide en porcentaje de la intensidad máxima, alcanzada cuando el consumo de oxígeno llega al máximo. Se expresa en % VO2 Max. Por ejemplo, la marcha en montaña con mochila a buen ritmo es un esfuerzo al 50% del VO2 Max. Este VO2 Max decrece con la altura, alrededor de 1% cada 100 metros, lo que ubica en 10.000 metros el límite de la vida posible de las células. El esfuerzo máximo posible en la cumbre del Monte Blanco es la mitad del esfuerzo máximo posible a nivel del mar. En la cumbre del Everest, es 1/10 en las mismas condiciones de confort, de medio ambiente y de nutrición. En el mejor caso costará 10 veces más hacer el mismo esfuerzo en la cumbre del Everest que a nivel del mar.

Utilización de los substractos energéticos en altura
En la montaña, el esfuerzo es de resistencia, es decir que los músculos consumen glicógeno y ácidos grasos en reacciones energéticas aeróbicas. Mientras más intenso es el esfuerzo, más se acerca el organismo a sus posibilidades máximas de utilizar el oxígeno (VO2 Max) y más es usado el glicógeno preferentemente a los ácidos grasos.
La potencia aeróbica máxima (VO2 Max) decrece con la altura debido a la caída de presión de oxígeno. Luego, cuando ganamos altura, para un mismo esfuerzo, la potencia desarrollada se acerca progresivamente a la potencia aeróbica máxima. Así, el glicógeno, sustancia energética de esfuerzos intensos, será preferida en altura a los ácidos grasos. La participación de los ácidos grasos en la producción energética será menos importante pues los ácidos grasos tienen un mal rendimiento energético en anoxia. El esfuerzo será cada vez más penoso debido a la disminución de la reserva de glicógenos y al bajo rendimiento de los ácidos grasos de anoxia. La neoglicogénesis que es la sintesis de glicógeno en el hígado a partir de prótidos, explica en parte la desminución de la masa muscular en altura. Los músculos constituyen la principal reserva de prótidos del organismo.

Fenómenos bioquímicos de adaptación a la altura
En condiciones normales dos estimulantes permiten regular el caudal respiratorio de acuerdo con las necesidades: el oxígeno y el gas carbónico (CO2) que es un producto ácido de desecho celular. La falta de oxígeno (hipoxia) y el aumento de anhídrido carbónico (hipercapnia) estimulan la respiración. A la inversa, la disminución de CO2 en el organismo (hipocapnia) inhibe la respiración. El gas carbónico CO2 es una molécula ácida, la hipocapnia tiene como consecuencia una alcalosis de origen respiratorio.
En altura, la disminución de la presión de oxígeno estimula la respiración. Esta hiperventilación que tiende a aumentar la cantidad de aire que entra en los pulmones para compensar la falta de oxígeno, producirá una eliminación excesiva de gas carbónico. Consecuencia directa: hipocapnia y alcalosis respiratoria entrarán en competencia con el estímulo del oxígeno e inhibirán los centros de comando respiratorio. Este periodo de “conflicto respiratorio” aparece al comienzo de una estadía en altura en las personas no aclimatadas. La adaptación de la respiración a la altura se estabilizará progresivamente en algunas semanas. Los mecanismos de adaptación son dobles:
- correción de la alcalosis respiratoria por un aumento de la eliminación de productos básicos (bicarbonatos) por los riñones;
- sensibilidad de los comandos nerviosos de la respiración a pequeños porcentajes de CO2, sin producir hiperventilación.
Estas adaptaciones químicas se logran en algunas semanas y duran cerca de un año.

Las medicinas de la aclimatación.
Tienen todas el mismo objetivo: facilitar la oxigenación celular para prevenir el mal de la montaña y mejorar el rendimiento en altura. Hay que separar las autotrasnfusiones de la utilización de medicamentos propiamente dichos.
Las autotransfusiones: consisten en crear una poliglobulia con glóbulos rojos propios antes de partir. El alpinista parte en expedición con una cantidad de glóbulos rojos que su organismo habría creado en más de un mes de vida a gran altura. La técnica es muy simple. Durante el mes anterior a la partida, se saca regularmente sangre de la que se separan los glóbulos del plasma. Los glóbulos se conservan congelados. En el momento de la partida se inyecta la totalidad de los glóbulos adquiridos periódicamente. Hemos visto los inconvenientes de la poliglobulia; parece que la superación de una cierta tasa de glóbulos rojos en la sangre es una traba para la oxigenación celular y el principal factor de trombosis.
Hemos visto en la “oxigenación celular en altura” que la poliglobulia es uno de los eslabones de los mecanismos de adaptación a la hipoxia de altura. No es suficiente multiplicar los transportadores (con todos los riesgos mencionados) para mejorar la oxigenación celular.
Los medicamentos: Numerosas experiencias son hechas por los médicos que acompañan expediciones y trekkings. Todos son unánimes en remarcar el carácter subjetivo de los resultados y el interes de multiplicar los ensayos con medicamentos en altura para mejorar la calidad de los resultados. Los criterios de eficacia son en todas las experiencias la mejora o la ausencia de síntomas de inadaptación a la altura, y los resultados de los tests sicomotores. Medicamentos de la familia de los “oxigenadores” han sido objeto de experiencias en tratamiento continuo. Los autores informan resultados significativos. La acetazolamida ha sido experimentada en altura en numerosas personas con resultados significativos en la prevención del mal agudo de montaña. La acción del medicamento es perfectamente conocida. Tiende a corregir la alcalosis respiratoria producida por la hiperventilación excesiva e ineficaz en las personas no aclimatadas trasportadas rápidamente a la altura. Tomada 48 horas antes de partir a una estadía relativamente corta (1 a 2 semanas) a una altura elevada alcanzada mediante un ascenso rápido, aporta una ayuda eficaz contra el mal de la montaña de los primeros días.
Concerniente al uso de medicamentos, hay que saber que si bien mejoran las molestias de los primeros días (dolor de cabeza, náuseas) no acortan el tiempo de aclimatación.

3.4 EL MAL DE LA MONTAÑA
El “mal de la montaña” agrupa una gran cantidad de síntomas cuya expresión clínica es más o menos espectacular de acuerdo con las personas. En todos los casos, se trata de una reacción fisiológica anormal debida a la falta de oxígeno en altura.
El peligro de todas las manifestaciones que se experimentan en altura se debe a que son imprevisibles. Ningún examen permite aún determinar la aptitud o no de un individuo para la vida en altura. El momento de aparición, la altura a la que ocurre y la gravedad de la evolución son desconocidas.
Para prevenir el “mal de la montaña” en conjunto y evitar una evolución grave hay que respetar la siguiente regla: subir progresivamente y descender inmediatamente a la menor señal de malestar.

El mal agudo de montaña
El mal agudo de montaña (MAM) o la enfermedad de montaña aguda (EMA) como indistintamente se denominarán en este apunte, agrupan un conjunto de síntomas que se manifiestan en diferentes grados de acuerdo con las personas durante una experiencia en altura. Los alpinistas que suben al campamento base y los caminantes de alta montaña están igualmente expuestos, lo mismo que las personas que ya estuvieron sin problemas en altura.
Los mejores documentos que poseemos son publicados por los médicos de la Himalayan Rescue Association, que trabajan en la ruta de aproximación al Everest, cada vez más frecuentada por numerosos caminantes, hombres y mujeres de todas las edades.
En promedio, el 50% de las personas sufren de uno o varios síntomas en grados variables, sin la diferencia significativa entre los dos sexos, pero con una gran susceptibilidad entre los jovenes, debido quizás a una mayor velocidad de ascenso.
Las manifestaciones más banales son el dolor de cabeza, las náuseas, la falta de apetito, los aturdimientos y los insomnios frecuentes. En general, todo ocurre espontáneamente en algunos días.
La aparición de vómitos, la disminución del caudal urinario y la persistencia de violentos dolores de cabeza a pesar de la aspirina y otro analgésico, son las pruebas de un edema cerebral. Si a pesar del reposo, la aspirina y un diurético la situación es estable, hay que descender a una etapa inferior esperando la mejora.
En caso de aparición rápida de un gran cansancio, de un comportamiento anormal y de sofocación en reposo, hay que asociar al tratamiento precedente un antiinflamatorio corticoide y descender inmediatamente al enfermo.
Es evidente que en todos los casos en que sea posible, la respiración con máscara de oxígeno es la mejor terapéutica.
Parece evidente que la falta de oxígeno es el origen del mal agudo de montaña (MAM). Pero, ¿que mecanismo precede a la aparición de los síntomas?. Algunos piensan que la hipoxia produce un edema cerebral que es el origen de todos los síntomas. Otros acusan a las modificaciones químicas de la sangre, generadas por la hiperventilación al comienzo de la estadía en altura.

Sugerencias preventivas
- Dietéticas. Beber abundantemente y tener una alimentación del tipo hiperglúcida; son las reglas elementales de dietética durante el esfuerzo, debido a que los glúcidos consumen menos oxígeno que los lípidos para una misma producción de energía.
- Medicamentos. Un diurético asociado a un analgésico y a un antiinflamatorio como la aspirina, mejora los síntomas al comienzo de una estadía en altura, pero es imposible decir si tiene o no una acción preventiva contra el mal agudo de montaña (MAM).
- Velocidad de ascenso. La progresión lenta es sin ninguna duda el mejor medio para minimizar la aparición y la gravedad de los diferentes síntomas. El doctor Charles S. Houston propone a partir de 1700 metros, 700 metros por día hasta los 3500 metros y luego 350 a 400 metros por día. Es una medida que parece proteger bien a la mayoría de las personas contra los inconvenientes del MAM.
Los sintomas del MAM son generalmente benignos y transitorios. Disminuyen progresivamente, necesitan a veces un día de detención o en los casos más graves el descenso a una etapa inferior. Es raro que impida definitivamente la continuación del ascenso.
- MAM y predisposiciones sicológicas. El MAM, ¿puede ser engendrado por el stress de la altura?, ¿por miedo a ser su víctima?, ¿cual es la parte de autosugestión?. Desde que se duda de las reacciones, se entra en conflicto con uno mismo. Temor, exceso de celo, emotividad, agitación, agresividad, son manifestaciones que van en contra corriente de las reacciones naturales. De acá a pensar que hay predisposiciones sicológicas, nada menos seguro. Ciertos alpinistas de alto nivel familiarizados con las estadías en altura han sido víctimas del MAM cuando no tenían razón para preocuparse.
El mal agudo de montaña como el mal del mar, son manifestaciones demasiado subjetivas como para que la medicina haya podido encontrar una explicación. La poca cocaína contenida en las hojas de coca que mastican los indios de los altos valles, asegura sin duda una mayor comodidad, pero no parece tener un efecto específico contra el MAM.

Reconocimiento y tratamiento de los síntomas
Es importante saber diferenciar entre el MAM una condición a veces fatal pero fácilmente tratable, de otros problemas que se pueden presentar similarmente. Se analizan en detalle la presentación y el significado de los síntomas comunes, con sugerencias para el tratamiento sintomático.

a) - Dolor de cabeza: Es el síntoma individual más común. Puede variar de una ligera molestia a un problema grave e incapacitante. La severidad del dolor es un buen índice de su importancia. Un dolor leve después de un día duro de andar bién, puede deberse al cansancio o el sol, o al calor o al frío más que a la altitud “per se”. En general, éste desaparecerá con un descanso, una taza de té o café, o quizás aspirina o acetaminofena. Desaparece siempre con una noche de sueño y este tipo de dolor no es para preocuparse.
La mañana, al levantarse, es un buen momento para juzgar los síntomas desde el punto de vista del MAM. Un dolor de cabeza que se desarrolla durante la noche y está presente al despertarse probablemente se debe a la altura y debe tomarse más seriamente. A veces desaparecerá con sólo unos ejercicios de respiración profunda o simplemente al levantarnos y movernos. De ser así, no hay que preocuparse.
La señal de advertencia realmente importante es el dolor de cabeza, en general moderado a severo, que persiste a pesar de la aspirina o acetaminofena y quizás a 30 mg. de codeína y aún con una noche de descanso.
Si no se presentan otros síntomas de MAM y la persona sigue ascendiendo usualmente en breve se observarán otros síntomas. Un severo dolor de cabeza por si mismo puede causar naúseas e incluso, vómitos. Un dolor de cabeza así, aunque sea el único síntoma, debe ser un indice para dejar de ascender y bajar si aún persiste después de una segunda noche en la misma altitud.
Muchos escaladores presentan dolor de cabeza al bajar de una cumbre o un paso. Puede deberse a la altura (y demorarse el comienzo por un período de retraso) o al esfuerzo. En cualquier caso, mejorará con el descenso y puede tomarse una aspirina si es necesario. No se comprende bien la causa de los dolores de cabeza en altura. Algunos pueden deberse al edema cerebral prematuro, pero parece casi probable que los produce la dilatación o constricción de las arterias en la cabeza.
El masaje artero-temporal a veces ayuda en el dolor de cabeza de altura. Busque el pulso a ambos lados de la cabeza justo frente a la parte superior de las orejas y masaje suave pero firmemente (lo suficiente para obliterar el pulso) unos cinco minutos. Si se dispone de oxígeno, puede ayudar un poco, pero pocas veces elimina un dolor severo por completo. Es más efectivo cuando se lo suministra temprano durante el curso del dolor. A veces, la acupuntura es efectiva para tratar los dolores de cabeza de altura.

b) - Insomnio: El insomnio es la incapacidad de dormir. Los acampantes invernales que deben meterse en las bolsas de dormir al atardecer, no pueden esperar dormir 15 o 16 horas, pueden dormitar la mitad del tiempo, pero logran dormir 8 horas. El verdadero insomnio de altura se caracteriza por la dificultad para dormirse y por despertarse con frecuencia durante la noche, todo lo cual produce falta de sueño adecuado y cansancio a la mañana. Usualmente, es un inconveniente menor más que un problema serio. Es más notable durante la primera semana en altura y mejora durante la segunda semana. Si interfiere con el funcionamiento diurno y se requiere tratamiento, puede indicarse una medicación suave para dormir como Dalmane 15 mg o 30 mg (no debe mezclarse con alcohol). Deben evitarse los barbitúricos y opiáceos por posible depresión respiratoria.
Toda medicación para dormir debe usarse con cuidado en la altura. Es altitudes extremas, el oxígeno resulta útil. El Diánox puede ser útil, especialmente si la respiración irregular causa o agrava el insomnio. Puede tomarse una tableta antes de acostarse.

c) - Síntomas gastrointestinales: La pérdida del apetito (anorexia) es subjetiva, aunque a menudo notoria. Como síntoma aislado no tiene importancia y puede deberse a varias causas. combinada con el dolor de cabeza, insomnio u otros síntomas, permite establecer el diagnóstico de la EMA. Es muy difícil que una persona con EMA tenga buen apetito y cuando mejor es el apetito en altura mejor se está aclimatando esa persona (considerando una dieta bastante apetitosa). La anorexia prolongada puede conducir a un estado de debilidad y malnutrición que se agrava por el ejercicio agotador. La náusea es muy común y por lo general, pasa cuando la EMA es leve y la persona se aclimata mejor. El vómito es una señal más seria. Si no lo acompaña el dolor de cabeza u otros síntomas de EMA, deben considerarse otras causas como “fiebre estomacal”. Si se combina con diarrea y tal vez fiebre y escalofríos, por lo general es gastroenteritis o disenteria y no EMA.
Las personas con náuseas se deshidratan si no pueden ingerir fluidos. Los que vomitan con frecuencia se deshidratarán y perderán valiosas sales electrolíticas, especialmente en potasio. Esas personas deberían evacuarse a menores alturas antes de que se conviertan en “desechos”. Por lo general, la medicación para controlar la náusea y los vómitos en la EMA debe suministrarse por vía rectal o inyección. Pueden suministrarse soluciones inyectables o supositorios de Compazina o Fenergán.
Aquellos que suben a la altura, a menudo presentarán síntomas de mala absorción. La digestión se deteriorará, probablemente por la falta de oxígeno. Esto produce calambres abdominales y muchos gases después de comer.
En el tercer mundo, esta condición debe diferenciarse de las enfermedades parasitarias comunes como la giardiasis. Algunos doctores recomiendan a los escaladores de altura que tomen preparados de enzimas digestivas en el campamento base. Aunque no existen estudios que confirmen esto, se consideran útiles para reducir los gases y calambres abdominales. Pueden tomarse en tabletas (mejor sin cápsulas) media hora después de comer.

d) - Síntomas pulmonares: La tos puede ser seca o húmeda. El aire frío y seco de las montañas por si mismo puede ser irritante y causar una tos profunda y seca, especialmente durante el esfuerzo. Las membranas mucosas de la garganta se secan mucho y producen una sensación irritante y cosquillosa que hace toser. En general, serán útiles los caramelos duros o las pastillas para la garganta (que comprenden una gran parte de los botiquines médicos de las expediciones) y una adecuada hidratación (beber muchos fluidos). La inhalación de vapor ayuda a humedecer los pasajes respiratorios y de la garganta y a veces es la única terapia efectiva. Una tos frecuente asociada a la falta de respiración severa durante el esfuerzo o incluso a la falta de respiración moderada durante el descanso (comparada con los demás compañeros) debe alertarnos sobre las posibilidades de un edema pulmonar de altura (EPA). Sólo en las etapas avanzadas del EPA, la tos comenzará a presentar esputo espumoso de coloración rosácea u oxidada (hasta ese punto la tos puede ser seca. Ver EPA en este apunte).
Una persona con tos causada por edema pulmonar prematuro se debilitará y tendrá menos resistencia, mientras que la tos causada por condiciones del medio no deberá afectar la fuerza.
Las personas con pulmones congestionados describen una sensación de “saturación” en el pecho (edema pulmonar prematuro). El verdadero dolor de pecho no es común en el EPA, sino más bien en las infecciones pectorales, como la neumonía o la pleuresia, o con una costilla quebrada o un cartílago doblado, como a menudo ocurre en los espasmos de tos severos.
Si la presión sobre la pared del pecho (costillas) produce dolor o lo agrava, es más probable que sea un problema músculo-esqueletal o infeccioso antes que EPA.

e) - Respiración periódica: La respiración irregular es una dolencia normal sobre los 3.000 metros. Casi siempre se observa de noche, a menudo por el compañero de carpa o campamento. Se caracteriza por la llamada “respiración periódica”. Tipicamente hay cuatro respiraciones, más o menos, y después no hay respiración por unos 10 o 15 segundos. Esta norma luego se repite y puede continuar durante varias horas seguidas. Cuando mayor sea el período de no-respiración (apnea) es más probable que la persona se despierte, en general con miedo porque se da cuenta de inmediato de que no respira. O, como les ocurrió a muchos acampantes, el compañero de carpa se asustará al notar la apnea, despertará al compañero y lo incitará a respirar. Los Guías de Montaña deberían explicarle este fenómeno a todos los integrantes del grupo que vayan a la altura, para calmar la reacción de pánico.
La respiración periódica con ausencia de los síntomas obvios de EMA parece ser inofensiva y no una causa de preocupación. La produce un cambio en el control de la respiración en el cerebro. Se está invertigando la importancia exacta de este fenómeno. Los estudios demostraron que se mejora con la acetazolamida (ver Diámox) pero no sabemos si es importante mejorarla. La respiración periódica puede ser muy exagerada en alguien con EPA, pero también se observarán otros síntomas.

f) - Lasitud: Oxford la define como abatimiento, indiferencia, fatiga. Al principio, resulta difícil diferenciarla del agotamiento, lo cual se logra con el correr de los días. El agotamiento se supera con una noche de descanso, fluidos, alimentos, etc.. La lasitud de altura típica progresa en 24 a 48 horas y, en realidad, al principio puede ser el único síntoma. Sin embargo, cuando la persona aparentemente exhuasta llega a un punto en que no puede levantarse para las comidas, no habla con nadie y se niega a beber los fluidos necesarios, es necesario actuar, ya que en breve no podrá cuidarse a si misma y rápidamente puede quedar insonsciente durante las 12 a 24 horas.
Toda esta secuencia puede ocurrir sin presentarse dolor de cabeza, sin vómitos y sin falta de respiración notable. De cualquier manera, dicha persona en general presentará pérdida de la coordinación (ataxia) si se la examina a tal fin con cuidado. Por lo tanto, la lasitud es una señal crucial que hay que reconocer y si es severa o esta asociada con ataxia es un índice para descender de inmediato y suministrar oxígeno si hubiera (ver Edema cerebral). La clave para diferenciarla de la EMA cuando se presenta con estos síntomas, además del agotamiento, es la hipotermia.

g) - Ataxia (pérdida de coordinación). Otra señal para observar es la ataxia. El cerebelo es la parte del cerebro que controla la coordinación de varios grupos de músculos, el equilibrio y la orientación espacial. También es una parte del cerebro con empleo muy rápido de oxígeno. Entonces, es muy sensible a la hipoxia, o falta de oxígeno. También, se daña en el edema cerebral.
Una disfución de este centro cerebral, como lo prueba la ataxia, es en general una sería señal. Por suerte, es muy fácil de controlar. Cada persona que presente aún el menor grado de EMA, debe ser controlada por si presenta ataxia. El método más fácil de detección es la prueba de caminar con el talón en la punta del otro pie, también llamado “caminar en tándem”, lo cual puede hacerse casi en cualquier situación siempre que la persona: a) esté sobria y b) tenga la fuerza suficiente para pararse y caminar. (La policía lo emplea con frecuencia como prueba de sobriedad).
Para hacer la prueba, trace una línea recta en la nieve, use una línea imaginaria o apunte en alguna dirección, lo que resulte más cómodo. Luego haga que la persona empiece a caminar muy despacio colocando el talón del pie delantero contra la punta del pie trasero, y progrese con pasos cortos y de un pie por vez, siempre con el talón contra la punta. Esto resulta más fácil sin botas incómodas y crampones y es obvio que sería imposible con esquies o raquetas. Normalmente una persona puede hacerlo sin las maniobras de equilibrio del trapecista.
Las personas con ataxia leve oscilarán en forma considerable y presentarán ciertas dificultades para mantener el equilibrio, pero pueden caminar así entre 3 a 5 metros sin caerse. Los individuos con ataxia moderada se saldrán de la línea y quizás se tambaleen. Los sujetos con mucha ataxia seben tomarse con seriedad. En caso de duda y tal vez lo mejor para hacer en todos los casos, es usar un compañero (o uno mismo si fuera necesario) aparentemente normal y sobrio para comparar. Todos los miembros de un grupo con frío y cansancio pueden presentar ataxia leve. Probablemente esto se deba al agotamiento, a menos que estén todos desarrollando enfermedad de montaña grave. La ataxia también puede observarse en la hipotermia.
La segunda prueba para la ataxia es la de Romberg. Haga que la persona se pare derecha, con los pies bién juntos (tocándose) y los brazos a los lados (como si estuvieran en posición de “firmes”). Enfrente al sujeto y rodee con los brazos la parte superior del cuerpo, pero sin tocarlo y dígalo que no lo dejará caer. Luego hágale cerrar los ojos. Lo normal es que haya muy poco movimiento y la persona se encuentre firme de pie. Lo anormal es que la persona empiece a balancearse e incluso caiga contra sus brazos. Sólo se necesitan de 10 a 15 segundos para obtener la respuesta máxima. Nuevamente, es útil comparar con un compañero sano.
Todos los escaladores, mochileros, vajeros, etc. de altura deberian familiarizarse al menos con una de estas pruebas. Si tiene la impresión que alguien de su grupo está desarrollando una seria enfermadad de montaña, realice una o dos pruebas de ataxia. Las anormalidades por lo general son tan obvias e impresionantes cuando se compara con los normales que nadie dudará en su opinión.
Un estudio reciente demostró que los individuos con ataxia presentaban niveles de oxígeno en la sangre peligrosamente bajos. Esto nos indicó que la ataxia puede haberse originado por hipoxia (oxígeno bajo en sangre) y no necesariamente por edema cerebral, como se pensaba antes. Aún parece mejor, sin embargo, tratar a estas personas como si tuvieran edema cerebral. Por lo tanto, se recomienda oxígeno y el descenso (ver Edema cerebral).
Jamás se debe permitir que una persona con ataxia descienda sola o con otro miembro enfermo. Ni tampoco se lo debe dejar atrás mientras los demás siguen, pensando en buscarlo al día siguiente o a las pocas horas. Debe ser bajado de inmediato, con oxígeno si hubiera, y puede precisar un descenso de 300 a 1.000 metros para recuperarse. La recuperación completa puede llevar días o semanas. Una vez que la ataxia se presenta, el paciente puede deteriorarse muy rápidamente en 6 a 12 horas, si no recibe el tratamiento adecuado. Si no se observan otras señales o síntomas de EMA y el marco resulta apropiado para la hipotermia o el agotamiento, entonces puede ser seguro permanecer en la misma altitud y tratar esas condiciones. Si después de calentarse y descansar la ataxía persiste, entonces es esencial descender, con o sin oxígeno.

h) - Volumen de orina reducido: En la altura puede ser una mala señal. Sin embargo, es difícil de evaluar ya que la deshidratación sola produce lo mismo y casi todos en altura se deshidratan un poco. Sin tomar en cuenta el mecanismo, el volumen de orina reducido (o aun normal a nivel del mar) es anormal en altura y nos debe alertar sobre la EMA. Los síntomas leves deben tomarse con mayor seriedad en presencia de orina reducida. Mantener un volumen de orina claro y copioso puede significar, de acuerdo con las condiciones, la ingestión de 1 a 5 litros de líquidos diarios, o aún más (ver equilibrio de fluidos en altura)

Edema periférico
El edema periférico es un problema común en altura y a menudo muy dramático. Se refiere a tumefacciones alrededor de los ojos y la cara, las manos o los tobillos y los pies y a veces se presenta en más de una zona. No hay dolores asociados como en las tumefacciones después de una herida. La produce una distribución de fluidos y/o retención de fluidos anormal.
Se observa con más frecuencia en las manos, pero es poco probable que esto tenga relación con la EMA. La compresión de las hombreras de la mochila, el movimiento ondulante de los brazos, el frío y el sol, pueden todos contribuir a la tumefacción de las manos. El mayor peligro de la pérdida del suministro sanguíneo en los dedos se debe a la constricción de anillos. Con las primeras señales de edema, deben quitarse todos los anillos.
El edema en la zona ocular y en las mejillas se asocia comúnmene con la EMA. Los párpados pueden hincharse tanto que se dificulta la visión. Es peor al levantarse, porque aparentemente el fluido se acumula durante la noche.
De día, cuando uno está parado, a menudo caminando, el edema disminuye un poco. A la mañana siguiente puede empeorar, en especial si se ganó altura y luego puede extenderse a todo el rostro. Sólo a veces observamos edema de los tobillos y los pies causado por la altura. En los pocos casos observados, también se asociaba con otras zonas de edema y con EMA. Se observó algún caso de edema en la pierna en una persona sana que se ejercitaba en clima frío a baja altura.
Algunos expertos suponen que las mujeres tienen mayor predisposición para experimentar edema periférico (y tal vez EMA) justo antes de menstruar, ya que la retención de fluidos en este momento del ciclo menstrual es un problema común a nivel del mar. No esta demostrado que esto sea cierto en altura, pero deben realizarse más estudios para tener una respuesta definitiva. Las mujeres que toman diuréticos leves (píldoras de agua) rutinariamente para dicha retención de fluidos también lo deberían hacer en altura y quiza más libremente.
El el estudio de Lancet (Hackett y Rennie, 1.977) se describió una serie de 10 excursionistas con edema periférico. Se los observó durante un período de 10 días. Habia 7 mujeres y no hubo correlación con el ciclo menstrual. Dos tomaban píldoras anticonceptivas y dos eran postmenopáusicas. Ocho de las diez presentaban señales de disfunción cerebral, detectadas por las pruebas del talón y punta de pie, Romberg, y del dedo y la nariz y posiblemente indicaban edema cerebral prematuro. De este estudio cabe señalar que esto puede asociarse con la EMA grave.

Evaluación y tratamiento del edema periférico en el campo: Cuando se observa una zona de edema, también deben observarse otras zonas. Si se presenta un edema en la mano, debería controlarse si las hombreras de la mochila están muy ajustadas, si hay prendas constrictivas alrededor de los hombros, brazos o muñecas y evaluar la exposición al sol y al frío. Debería quitarse los anillos mientras sea fácil hacerlo. El edema facial debería tomarse con más seriedad, aunque puede ser completamente inofensivo. La hinchazón de la quemadura solar es obvia. En si, el edema facial no es un indicador para descender. Si los ojos se cierran por hinchazón, sin embargo, puede ser muy serio porque afectará la visión. Entonces se indica un tratamiento con descenso o diuréticos.
La diuresis (marcado incremento de la orina) en general comienza al bajar aunque puede demorarse 1 o 2 días. Si el edema es un problema importante, puede administrarse Lásix por vía oral en una sola dosis de 40 mg y esto por lo general resulta suficiente. Si fuera necesario, 6 a 12 horas después puede repetirse una dosis de 40 u 80 mg (1 o 2 tabletas).
El edema de pierna puede tratarse acostandose y elevando el pie por sobre el corazón. Por ejemplo, coloque al paciente boca abajo con los pies sobre una roca cuando descansa. Pueden aplicarse fajas para ayudar a escurrir el fluido excesivo otra vez al cuerpo. Si las botas aprietan (y por lo tanto hay posibilidades de congelamiento) o es imposible calzarse, se indica el Lásix en la misma dosis mencionada, además de las otras medidas nombradas.
Deben examinarse todas las personas con edema periférico por si presentan edema pulmonar o cerebral y si no se observan estos síntomas podrán continuar con seguridad.
Si se observa EPA o edema cerebral (ECA), se deberá descender de inmediato. Si se observa EMA leve (no EPA o ECA), entonces la gravedad de los síntomas y del edema periférico determina el tratamiento, si fuera necesario. No debe aconsejarse a la gente que dejen de ascender o que bajen sólo a causa de un dema periférico sin complicaciones.

3.5 CLASIFICACION DEL EMA Y TRATAMIENTO
No existe un sistema de graduación o una nomenclatura estándar comúnmente aceptados o con los que concuerden los que estudian el tema, lo cual acarrea problemas obvios. Encuentro útil intentar dividir la EMA en tres categorías: leve, moderada y grave. Otros tal vez no. Lo que es importante es saber diferenciar la enfermedad de montaña menor e inofensiva de las formas serias y amenazadoras.

EMA leve
Por EMA leve se entiende la presencia de unos pocos síntomas, que son más una molestia que una enfermedad amenzadora. Por ejemplo, el dolor de cabeza leve, un poco de insomnio y anorexia y falta de aire al hacer ejercicio. A este grupo de síntomas (que en su ámplia mayoría es el más común) también lo llamo “sentir de altura”. La mayoría de las personas con EMA leve puede seguir ascendiendo, tal vez medicados para reducir los síntomas. En vez de tomar muchos remedios para los distintos síntomas, como ya se comentó, puede ser más seguro y efectivo tomar uno sólo: Diámox (ver Diámox).
Sin embargo, los síntomas desaparecerán espontáneamente en 24 a 48 horas. La EMA leve deberá tomarse como una advertencia de que se necesita más tiempo de aclimatación y es mejor parar y quedarse otro día o una noche más aclimatando si es posible. Esto impedirá la progresión a la EMA moderada. La gente que tolera menos los síntomas por lo general necesitan bajar sólo 200 a 300 metros para aliviarse y luego pueden reascender al día siguiente.

EMA moderada
La EMA moderada es una progresión de los síntomas hasta el punto de convertirse en molestia. El dolor de cabeza puede ser severo y sólo en parte lo alivia la aspirina o la aspirina con codeína, si es que lo alivia algo.
Además, a menudo se observa lasitud, debilidad, pérdida del apetito tal vez con náusea y dificultad para coordinar. Durante el descenso puede faltar el aire. En este estado usualmente hay un reducido volumen de orina.
Este es el estado en que la EMA debe reconocerse y tratarse correctamente para evitar una verdadera tragedia. Prácticamente todos los casos de enfermedad de montaña severa se presentan precedidos por la forma moderada recién descripta. Los individuos estoicos pueden dejar de mencionarle los síntomas a sus compañeros o incluso intentar ocultarlos o negarlos. En general, ellos son a quienes después habrá que bajar o quienes mueren en la montaña.
Aquellos con enfermedad de montaña moderada deben dejar de ascender. Aunque uno sea lo bastante fuerta como para seguir, el juicio y la coordinación a menudo están dañados y un terreno accidentado se vuelve peligroso para la persona enferma así como para sus compañeros. Si despues de unas pocas horas (o de la noche) no hay mejorías, entonces es necesario descender. En realidad cuando antes descienda más rápido se curará.
Si se presenta ataxía, puede ser necesario un descenso más largo para curarse. De otra manera, 300 o 600 metros son en general adecuados. Si se desciende al principio del curso de la EMA moderada, a menudo se puede volver a subir después de curarse en 2 o 3 días. Si por alguna razón el descenso es impracticable o imposible, debería suministrarse oxígeno.
Se puede aplicar Lásix en una única dosis de 80 mg. por vía oral o de 40 mg. por inyección intramuscular o endovenosa. Deberían suministrarse fluidos por boca simultáneamente para evitar la grave deshidratación por el Lásix. Si se presenta ataxía, puede suministrarse dexametasona (ver Edema cerebral).

EMA grave
Este se caracteriza esencialmente por la presencia del edema pulmonar y/o cerebral que son fulminantes. Esta categoría obviamente se superpone con la EMA moderada. Sólo es una cuestión de graduación de los síntomas de EMA moderada a EPA o ECA, aunque algunos expertos opinan que el EPA es un caso aparte dentro de la enfermedad de montaña. La discusión es irrelevante para nuestros fines.

a) - Edema cerebral de altura: El edema cerebral en general se desarrolla en el curso de unos pocos días. Entonces es muy raro que ocurra en el volcán Domuyo, por ejemplo, donde la exposición a la altura está usualmente limitada a 2 días y la altura máxima para dormir es de 3.000 a 3.400 metros. Pero no es raro en la región del Everest, donde la exposición a la altura es de por lo menos 7 días para los trekkers, que duermen a una altura máxima que varía entre los 5.000 a 5.700 metros. Para los escaladores esto logicamente se incrementa.
Los síntomas son esencialmente los mismos de la EMA moderada pero más graves. El dolor de cabeza, los vómitos, la ataxia, la lasitud y el reducido volumen de orina dominan el cuadro clínico. En tanto, en las dos terceras partes de los casos, también se presenta fluido en el pecho y algunos síntomas pulmonares como falta de aire o tos. En el Everest esto en general es así de 24 a 48 horas (EMA moderada) y luego, cuando la ataxía y la lasitud se agravan, el estado de coma (inconsciencia profunda) puede aparecer en otras 12 o 24 horas si no hay ninguna intervención.
Es poco común que haya incidencia con sólo 24 horas de síntomas preliminares. Los cambios de conciencia pueden ser dramáticos. A veces la víctima está totalmente desorientada y confundida (ni siquiera puede reconocer a sus compañeros) y puede sufrir amnesia (la hipotermia también puede presentarse con estos síntomas). Puede haber alucinaciones. El enfermo puede quedarse tranquilo en la carpa, sin levantarse para las comidas, sin hablar, ni siquiera salir a orinar o hacer movimiento intestinal (lasitud grave).
A menudo se deja sola a la víctima de edema cerebral porque se supone que está cansada e irritable o quizá deprimida. Todo lo que hay que hacer para diagnosticar es la prueba del talón y pie o la de Romberg (ver Ataxia). Incluso una lasitud grave sin ataxia es suficiente para un descenso obligado.
Pocas veces se ven convulsiones (ataques) con el edema cerebral. Si se observan distintos tipos de parálisis, posiblemente secundarias del edema cerebral (con paralisis del sexto nervio, causando la pérdida total de movimiento del globo ocular) y varias hemiparalisis o hemiplejias (debilidad o parálisis en un lado del cuerpo).
Un médico con oftalmoscopio puede diagnosticar el edema cerebral observando tumefacción en el nervio óptico en el fondo del ojo, condición denominada papiloma. Los médicos deberían efectuar dicho examen a cualquier persona en la altura con dolor de cabeza severo u otros síntomas neurológicos. Así puede hacerse el diagnóstico antes de que progrese más. La ausencia del papilodema en alguien con manifestaciones cerebrales de enfermedad de montaña, sin embargo, no excluye el diagnóstico.

Tratamiento: El descenso es la única terapia definitiva. Debe efectuarse lo más rápido y abajo posible. Tan pronto como se reconoce la condición, debe comenzar la movilización. Bajar a alguien en medio de la noche en vez de esperar a la mañana puede salverle la vida o prevenir un daño cerebral prolongado. La demora de un descenso para esperar un equipo de rescate, un helicóptero o un doctor es un grave error, suponiendo que el descenso sea posible.
Si hay oxígeno, deben suministrarse de 4 a 6 litros por minuto y puede darse durante el viaje a una elevación menor. Recomendamos la dexametasona con la esperanza de que reduzca la tumefacción cerebral, aunque no se hicieron estudios de su empleo en el ECA. La dosis es de 10 mg. intravenoso al principio y luego 6 mg. intravenoso cada 4 horas, de ser posible.
Si la evacuación es imposible, puede administrarse Lásix en dosis de 20 a 40 mg. intravenoso, con una frecuencia que depende de la cantidad de orina, la presión sanguínea y el pulso. Debe evitarse una fuerte deshidratación, como la indicada por una caída en la presión sanguínea y el aumento del pulso.
Una cantidad de estudios recientes demostró que el cerebro puede tolerar (sobrevivir) bajos niveles de oxígeno en la sangre, mientras la corriente sanguínea sea adecuada. Parece que la reducción del flujo sanguíneo, debida a la baja presión sanguínea o a la tumefacción cerebral grave, produce lesiones irreversibles.
También, probablemente el colapso cardiovascular es el causante directo de la muerte en estos casos y la reducción del volumen sanguineo por usar mucho Lásix sólo acelerará el proceso.
Los diuréticos osmóticos como el Mannital absorben el fluido de un cerebro tumefacto, pero resultan impracticables para el uso de campo y no los analizaremos.

b) - Edema pulmonar de altura: El EPA es la forma más peligrosa de la EMA, porque su presentación puede ser maligna o muy aguda. Algunos expertos informan que puede alcanzar una gravedad tal que una vez originada amenace la vida en sólo una cuestión de horas.
Esto es cierto porque en general no se detecta suficientemente rápido. Los primeros síntomas incluyen una marcada falta de aire durante el esfuerzo, durante el descanso y una capacidad de ejercicio disminuida. Si se busca, generalmente se observará un aumento del ritmo respiratorio y a menudo un aumento del ritmo cardíaco (pulso). Nuevamente, es conveniente comparar con gente sana en la altura. No es raro tener 26 o más respiraciones por minuto (después de un descanso de 10 minutos). A veces, sin embargo, el ritmo respiratorio durante el descanso permanece normal hasta que el EPA se encuentre más avanzado. Los primeros síntomas pueden ser una disminuida tolerancia al ejercicio y luego tos. La tos en general es seca hasta que el curso de la enfermedad está avanzado; esto es, no hay producción de esputo. Se presentará tanto en el descanso como durante el ejercicio.
Es raro observar EPA sin otras señales de EMA, en especial dolor de cabeza, lasitud y volumen de orina reducido, aunque el EPA “puro” suele ocurrir. También puede presentarse el edema periférico. En el transcurso avanzado del EPA se desarrolla ataxia.
El edema cerebral y el EPA en general se presentan juntos cuando las personas están gravemente enfermas. Más de una vez se trató a alguien con EPA sólo con oxígeno y no con descanso; y en las siguientes 8 a 12 horas también desarrolló edema cerebral. El edema cerebral puede progresar hasta cerca de la muerte y los pulmones a veces aún permanecen limpios. Cabe recordar que la diferencia entre uno y otro no es en realidad importante ya que la trascendencia es igual: la muerte puede estar a pocas horas y se debe actuar de inmediato. Hay pruebas de que el problema básico de la EMA son los cambios de fluidos anormales en el cerebro y los pulmones; y aunque las señales pulmonares o cerebrales pueden dominar el cuadro clínico, probablemente ambos estén involucrados.
La forma más fácil de detectar el EPA prematuro es escuchar el pecho con el estetoscopio. La acumulación de fluidos produce unos “sonidos” que se parecen a los que resultan de frotar un mechón de cabellos entre los dedos cerca del oído. Los Guías de Montaña y patrullas de rescate profesionales deberían recibir entrenamiento en el uso del estetoscopio.
Un estudio llevado a cabo en Pheriche (Everest) sobre 200 excursionistas demostró que 48 de ellos (23%) presentaban estos sonidos. Aunque en algunos podían deberse a otras causas, el estudio indico que un gran número de gente en altura presenta un exceso de fluidos en los pulmones. Sin embargo, no siempre se asociaba con EPA o EMA y entonces no es recomendable que la gente descienda sólo por unos pocos sonidos, sin que presente otros síntomas. Pero, estas personas deben ser atentamente observadas mientras continua la excursión.
Parece ser que un gran número de visitantes a la altura puede presentar un grado muy leve de edema pulmonar y estár en un estado dinámico de equilibrio, por así decirlo, entre la acumulación de fluidos en los pulmones y la eliminación de ese fluido a los tejidos sanguíneos. Cuando el equilibrio se perturba, por diferentes razones, la acumulación de fluidos progresa y el resultado es el EPA. Esta teoría todavía debe ser estudiada.
En los casos avanzados, hay tanto fluido en los pulmones que se puede oir un sonido gorjeante sin estetoscopio. En este punto también se presenta usualmente mucho esputo rosáceo o color óxido. Se desarrolla cianosis (coloración asulada o gris-azulada en los labios y uñas) a medida que el EPA progresa y el oxígeno en la sangre se torna peligrosamente bajo. El color de uñas del paciente siempre debe compararse con el nuestro y, preferiblemente, a la luz del día y fuera de la carpa (la cianosis también puede detectarse en el edema cerebral).
La diferencia entre el EPA y la infección de pecho puede ser muy dificil. En realidad, pueden presentarse ambas. Parece que la infección de pecho (neumonía o bronquitis) predispone el desarrollo del EPA. El mecanismo es desconocido pero es probable que incluya un incremento en la gravedad de la hipoxia (oxígeno de los tejidos bajos). Con la infección de pecho, en general hay esputo verde o amarillo-verdoso. La fiebre es común en la infección y en la EPA. Es raro que este último se presente debajo de los 3.000 metros.
El sujeto con EPA se presenta mucho más enfermo con el transcurso de las horas si sigue subiendo y desarrolla otros síntomas como la ataxía. Se oye respiración sibilante tanto en la bronquitis como en el EPA. También se oyen ruidos de fricción en la neumonía y el EPA. La neumonía y la bronquitis evolucionan con menor rapidez. Ya que pueden presentarse tanto la infección como el EPA, se indicará el descenso si hay dudas sobre el diagnostico correcto.
El EPA mejorará rápidamente con un descenso de 300 a 500 metros, mientras que no sucederá lo mismo con la infección de pecho. La regla es la siguiente: cuando existan dudas, ¡baje!!.

Tratamiento: Es una condición mucho mejor prevenida que tratada. Hay tres reglas de tratamiento: a) descenso; b) descenso, c) descenso. Si se detecta lo suficientemente temprano, una pequeña pérdida de altura produce una gran mejoría. Cuanto más grave es el EPA, más habrá que descender para curarse.
En la ámplia mayoría de los casos las cosas mejoran una vez que se descendió 1.000 metros. Si hay, debe suministrarse oxígeno de 4 a 6 litros por minuto mientras se desciende. No empleamos Lásix para el EPA a menos que deba demorarse la bajada. En ese caso, suministramos 40 a 80 mg intravenoso, también puede suministrarse oralmente.
Hay discusión sobre el empleo del Lásix en el EPA y no se ha estudiado su efectividad. No se indica el digitalis ya que se ha demostrado que la función cardíaca es normal. Puede suministrársele sulfato de morfina en pequeñas dosis de 5 a 10 mg. intravenoso o intramuscular a un paciente gravemente enfermo que por alguna razón no puede ser evacuado de inmediato. Los esteroides no tuvieron resultados. Los japoneses usan acetazolamida (Diamox) en 500 mg. intravenoso o intramuscular cada 8 horas en el tratamiento del EPA. No hay estudios disponibles sobre su efectividad.
Ya que normalmente no disponemos de oxígeno y cuando hay es muy escaso y valioso y como puede no ser efectivo, no dudamos en priorizar el descenso, que siempre es efectivo. Reiteramos no hay que perder tiempo y esperar, hay que descender, estimandose que en unas 6 a 12 horas es posible descender unos 1.000 metros.
Se suministrarán antibióticos cuando: a) también puede haber una infección de pecho, b) la evacuación de demora y hay posibilidades de que se desarrolle una infección superpuesta. Se pueden administrar penicilina, ampicilina, tetraciclina o eritromicina en dosis de 250 mg. cuatro veces por día.
Se han aconsejado los instrumentos de respiración de presión positiva. El concepto ha demostrado ser útil en el edema pulmonar por otras causas a nivel del mar, aunque se desconoce el mecanismo exacto de su efecto. Sin embargo, rara vez se dispone de dichos instrumentos y su uso podría demorar el descenso. Este método aún no fue probado en el campo y no es recomendado.
Una persona que ya sufrió EPA es más pasible que otras a volver a sufrirlo nuevamente, en especial si alcanza la misma altura con el mismo ritmo de ascenso. Para prevenirlo debe ascender más despacio.
El Diámox también puede ser efectivo en la prevención (ver Diámox). Hay casos de individuos con EPA que bajaron para recuperarse y regresaron a la altura inicial sin problemas. Sin embargo, cuando siguieron hacia arriba, el EPA volvió a presentarse.

3.6 EQUILIBRIO DE FLUIDOS EN ALTURA
El descenso de la humedad relativa del aire frío y seco del ambiente de montaña, en combinación con rigurosos ejercicios, produce una marcada pérdida insensibles de fluidos. Los pasajes respiratorios humedecen todo el aire inhalado pero no recuperan la humedad del aire exhalado. Así se pueden perder diariamente de 1 a 2 litros de agua (sin sal) a moderada altura. Es mucho peor en alturas extremas (mayores a 6.000 metros). El sudor también es más libre en el aire seco (con pérdida de sal).
La adecuada reposición de fluidos puede ser díficil por la falta de agua en las grandes alturas, los terrenos áridos, etc. El sudor puede controlarse bién regulando las capas de ropa y el ritmo de marcha. Debería evitarse el jadeo o la respiración excesiva por un ritmo muy rápido. El reflejo de la sed puede estar disminuido en la altura, de modo que uno progresivamente se deshidrata más a menos que haga un esfuerzo consciente para beber una gran cantidad de lÍquido. Una forma de medir la deshidratación es controlar el volúmen de orina. Escasas cantidades de orina amarilla oscura indican deshidratación. Cuanto más claro es el color y con más frecuencia se orina, mejor es el estado de hidratación.
Los que ascienden primera vez a la altura y van a aclimatarse correctamente, parecen experimentar una diuresis. Así deponen más orina y de un color más claro. Este es el resultado de cambios de fluidos que ocurren en el cuerpo, cuyas causas aún no comprendemos.
Cuando la EMA se desarrolla en las personas que se aclimatan mal, presenta una real antidiuresis. La orina escasea y las personas pueden presentar señales de una escesiva retención de fluidos, como el edema periférico, el EPA o ECA. De este modo, el volumen de orina se convierte en un importante indicador de buena o mala adaptación a la altura.
La Asociación Himalayana de Rescates recomienda a todos los excursionistas y escaladores que beban la cantidad que sea necesaria para mantener una orina clara y copiosa (por lo menos un litro y medio por día). Descubrimos que esto es efectivo para ayudar a la aclimatación, aunque el mecanismo exacto es incierto. Puede ser que la deshidratación agrave la tendencia hacia la EMA. En verdad, algunos de los síntomas de la EMA pueden en realidad deberse a la deshidratación, que puede producir náuseas, vértigo y debilidad. Es importante saber que las personas con volumen de orina reducido no lo tienen por deshidratación de beber poco fluido, sino por una verdadera antidiuresis de (o que causa) EMA. Así al recomendar a todos que estén bien hidratados, el síntoma del volumen de orina reducido se vuelve más significativo y también más obvio.
Las señales clínicas de la deshidratación que deben buscarse incluyen la garganta y lengua secas, piel seca y cambios de postura del pulso o la presión sanguinea. Para detectar estos cambios, acueste al paciente y que descanse unos minutos. Tome el pulso palpando una arteria (la arteria radial en la muñeca es la más fácil) y cuente el número de pulsaciones en un minuto. Luego haga que la persona se siente con las piernas colgando o que se pare y tome el pulso nuevamente. Si el pulso en la posición vertical es 20% mayor (en promedio 15 latidos o más de diferencia) la persona está considerablemente deshidratada.
La aplicación de Lásix en esta situación podría ser desastrosa, al convertir a alguien que aún está bastante fuerte para caminar en un caso inservible. El problema es que la víctima de EMA puede tener un bajo volumen sanguineo como lo demostraron los cambios de postura, e incluso presentar edema del cerebro y los pulmones. En esos casos, administramos fluidos oralmente o intravenoso y también damos Lásix. No debe darse Lásix a una persona deshidratada que no puede beber fluidos.
Las tabletas de sal son en general innecesarias, al menos en nuestra zona. El sudor excesivo, sin embargo, puede llevar a pérdidas de sal y agua que provoquen una reducción del volumen. La mejor manera de prevenirlo es con el control del sudor y tomando los fluidos adecuados. No se debe ser haragán y negarse a parar un poco y quitarse una capa de ropa si fuera necesario para reducir el sudor. Se puede fijar un ritmo que reduzca la producción de calor total.
La presencia de excesivo sudor y deshidratación, además de los fluidos (uno o dos litros) pueden administrarse con tabletas de sal, una cada cuarto litro de agua. Igualmente, si la gente necesita más sal, en general se agregará más a la comida.
Recomendamos a la gente que evite la excesiva sal antes de subir a la altura. La mayoría de las comidas, en especial las procesadas, tienen más sal que la suficiente.

3.7 PREVENCIÓN DE LA EMA
Se previene la EMA mucho mejor de lo que se la trata. Existen buenas pruebas de que las simples medidas preventivas pueden ser efectivas. En la región de los montes Everest, Reyna y Mc Kinley la incidencia de muertes y evacuaciones por EMA grave se redujo notoriamente en los últimos años.
En el año 1.975, en aquellas personas que volaron hasta 2.900 metros y luego empezaron a caminar al campamento base del Everest (5.300 metros) la incidencia de EMA fue del 69%. Dos años después, luego de una campaña de educación preventiva de la Asociación Himalayana de Rescates, la incidencia habia bajado al 43%. El número de muertes de excursionistas por EMA bajó de 3 o 4 por año a ninguna en 1977, 1978 y 1979. Aquí se presentan estas mismas recomendaciones preventivas, con ligeras modificaciones.

Ascenso graduado: En aquellos individuos susceptibles a la EMA, cuando más rápido sea su ritmo de ascenso, más probable es que desarrollen los síntomas. Antes de exponerse a la altura, no hay manera de saber o predecir el rendimiento en ella. Aquellos que anduvieron bien en altura es probable que con el mismo ritmo de ascenso vuelvan a no tener problemas. La mayor cantidad de veces que vamos a altura ayuda al cuerpo a ambientarse mejor en esos lugares.
Sin embargo, si no se toman cuidados, se conocerá el umbral de la EMA. Luego, nuevamente las diferencias de hidratación, esfuerzo, dieta, etc., pueden alterar la susceptibilidad a la EMA en cualquier exposición. Para los recién llegados a la altura recomendamos:
- No vuele o viaje en vehículo a la altura. Empiece debajo de los 3.000 metros y suba a pie.
- Si va a la altura en forma pasiva, no se esfuerce o suba mucho durante las primeras 24 horas.
- Una vez arriba de los 3.000 metros, limite la ganancia neta de altura para dormir. Descienda un poco en vez de dormir en la máxima altura alanzada durantre el día. Por ejemplo, durante el periodo de aclimatación es mejor acampar en los valles y no sobre los filos que los separan.
- Tome una noche de “aclimatación” cada 1.000 metros de ganancia de altura a partir de los 3.000 metros. Esto significa dormir en la misma altura dos noches consecutivas. Puede pasarlas descansando o caminando por un filo, bouldereando o haciendo lo que sea, depende de cómo se sienta. La gente con síntomas de EMA debería descansar.
Aun a aquellos con una considerable experiencia en altura se les aconseja seguir estas recomendaciones para obtener el máximo beneficio de la aclimatación. Puede significar la diferencia entre una lucha marginalmente disfrutable y un viaje confortable, completamente disfrutable y seguro. ¿Por que sufrir?.
Cuando se va a una cumbre, un paso o la parte alta de un filo, etc., pueden hacerse ascensos mucho más largos en el día con la certeza de que se volverá a descender y se dormirá a más de 300 a 500 metros más alto que la noche previa. Lo crítico es la altura a la que se debe dormir. Así, por ejemplo, el volcán Domuyo puede escalarse desde el campamento (3.000 metros) hasta la cumbre (4.700 metros) en un largo día. Si se tuviera que dormir en la cumbre, el riesgo de EMA sería elevado sin un campamento intermedio.
Una vez bien aclimatado (después de una o dos semanas en altura, lo cual depende del individuo), puede ascenderse 1000 o 1500 metros fácilmente en el día, excepto a extrema altura (arriba de 6.000 metros).

Prevención de la deshidratación: Como ya se indicó, recomendamos a todos que beban el líquido necesario para mantener una orina clara y copiosa. El volumen de orina reducido frente a la ingestión adecuada es una señal de mala aclimatación. El mecanismo que aquí opera es poco comprendido y advertimos que la evidencia para nuestra recomendación es más anecdótica que establecida científicamente (ver equilibrio de fluidos en altura). De cualquier manera, encontramos que esta recomendación es muy útil.

Evitar el sobreesfuerzo: Recomendamos cuidarse de no sobreesforzarse en altura. Las mochilas deberían ser más livianas que a baja altura. Debe emplearse el paso descansando cuando se suben pendientes fuertes. El jadeo o la falta excesiva de aire, o el pulso galopante (mayor de 135 pulsaciones) son señales para andar más despacio o parar y descansar. Un tiempo de recuperación prolongado para que el pulso y la respiración vuelvan a lo normal puede indicar edema pulmonar prematuro.

Dieta rica en hidratos de carbono: Recomendamos una dieta muy carbohidratada. Hay muchos estudios de humanos y animales que demuestren que se alcanzan niveles de oxígeno sanguineo más altos durante los primeros días de exposición a la altura con una dieta de 70 a 80 por ciento de hidratos de carbono. También se comprobó que esa dieta reduce los síntomas de la EMA. Además, muchas expediciones y estudios indicaron que las comidas grasosas no son apetecibles en alturas mayores de 5.000 metros. Aunque, con una prolongada estadía en la altura es probable que el poco apetito, con el subsiguiente bajo ingreso de energía, cause un deterioro físico completo y así el número total de calorías resulta más importante que la proporción de hidratos de carbono y grasas. Es por ellos que el gusto de la comida se vuelve un factor crucial.

Medicaciones: No hay medicaciones que recomendemos rutinariamente para prevenir la EMA. En realidad, se estima que la medicación con este propósito puede ser perjudicial, tanto por los efectos colaterales como por dar un falso sentido de seguridad. Cada nacionalidad de excursionistas o escaladores que pasa por Pheriche tiene su profilaxis química favorita. Ninguno fue sometido a estudios controlados excepto dos diuréticos: la fursemida (Lásix) y la acetazolamida (Diámox).
El ejercito de la India obtuvo excelentes resultados con la fursemida para prevenir EMA pero a otros investigadores les resultó inefectiva y en realidad, perjudicial. El Lásix es un diurético muy potente que funciona aumentando la excrección de sal por el riñon. Cuando la sal es excretada, sigue el agua. No debería usarse en cualquier circunstancia y preferiblemente sólo por personas experimentadas o médicos. Creemos que no debe usarse la profilaxis.
La acetazolamida (el Diámox), como ahora se reconoce, reduce la incidencia y la severidad de la EMA (y ahora también lo usamos para tratar la EMA leve). Esto se determinó estadísticamente sobre una gran cantidad de gente. Para un individuo dado, de todas maneras, la medicación de ningún modo debería tomarse como una garantía de liberarse de la EMA. Se observó enfermedad de montaña grave, aunque muy raras veces, en personas que tomaban Diámox.
Hasta poco se creía que para una efectiva prevención, el Diámox debía tomarse uno o dos días antes de ascender. Ahora sabemos que trabaja muy rápido y no tiene que comenzarse hasta el día del ascenso o aún después de llegar a la altura. El Diámox puede tomarse los primeros días en altura y después suspenderse o seguirlo hasta alcanzar la mayor altura. Si se presentan síntomas de EMA cuando se suspende la medicación debería retomarse de inmediato.
La dosis es de 250 mg (1 tableta) dos veces por día. Los efectos colaterales que más se observan son insensibilidad y cosquilleo en los dedos de los pies y las manos, en la cara (se cree que se relaciona con la acción directa en los nervios periféricos) y un incremento en el volumen de orina, que puede tornarse un inconveniente considerable en condiciones extremas (recomendamos las cantimploras de boca ancha como opcionales envases para orinar en la carpa). Algunas personas presentaron flojedad o depresión leve al tomar Diámox.
El mecanismo exacto de beneficio es desconocido. Es un diurético leve. Acidifica un poco la sangre, permitiendo una mayor hiperventilación (y subir el contenido de oxígeno sanguíneo y pulmonar) sin experimentar los síntomas de la hiperventilación. También disminuye la presión del fluido cerebro espinal, retardando su formación y recientemente se demostró que es un estimulandte respiratorio durante el sueño en altura. Esta última acción puede ser la más importante. Aún puede probarse.
Como se puede apreciar, es una droga potente y no debería tomarse a la ligera. Por lo tanto, no se recomienda rutinariamente. Sin embargo hay dos indicaciones para su uso como prevención. Una es en la situación cuando una persona o un grupo debe trasladarse abruptamente a la altura por motivos de realizar un rescate. En este caso usense 250 mg. cada 8 horas. Si existe posibilidad de quedarse en altura por la noche, también debería transportarse un suministro de oxígeno adecuado. La segunda indicación es para la persona que siempre sufre EMA, incluso con un ascenso graduado y siguiendo las medidas preventivas indicadas. Dicha persona es mas susceptible a la EMA que otros por las características fisiológicas individuales. Para esta gente, el Diámox puede ser una alternativa antes de cambiar las montañas en favor de las playas.
El carbonato de sodio (hidróxido de aluminio, el Rolaids) se indica como profilaxis para la EMA. Está incorporado a un programa de prevención de cuatro puntos destinado a los escaladores del Monte Reiner que incluye: a) hidratación adecuada, b) alta ingestión de hidratos de carbono mientras se escala, c) Rolaids para mantener el PH de la orina en 5,5 a 6,5 (ligeramente ácido) y d) regular el ritmo de la escalada para mantener el ritmo cardíaco (pulso) por debajo de los dos tercios del máximo.
Se considera que un programa de este tipo en el monte Reiner tiene un valor obvio en la prevención de la EMA, incluso sin el empleo del Rolaids. No se estudió en forma controlada el empleo del Rolaids y aunque no se observan efectos colaterales negativos en las dosis recomendadas, no recomendamos su empleo como profilaxis de la enfermedad de montaña.
Otras drogas como la cocaína, el metoxamato (Lucidril) y otras que de vez en cuando se mencionan en la literatura médica o en la no especializada, tienen un valor aun no probado y posiblemente pernicioso. Parece poco probable que la marihuana en dosis comunes tenga algún efecto en la EMA o la aclimatación aunque no fue estudiado.
Se cree que el alcohol excesivo (la borrachera) es perjudicial. Las dosis altas producen deshidratación y también puede contribuir al edema cerebral. Se demostró que en los perros aumenta la presión en la arteria pulmonar a una altura simulada lo que podría agravar una hipoxia y posiblemente contribuir al edema pulmonar. La sabiduría popular sherpa dice que nunca hay que emborracharse durante la primera noche en que arribamos a la altura...
Aunque no existen estudios sobre los efectos del cigarrillo en la EMA, se sabe que la pequeña cantidad de monóxido de carbono inhalada al fumar puede interferir con el sistema de transporte de oxígeno. Los estudios de Pheriche demostraron que no se registran diferencias en la incidencia de EMA entre los fumadores y los no fumadores, pero el número de fumadores estudiados ha sido muy reducido para llegar a conclusiones sólidas.(ver los fumadores en altura)

3.8 HEMORRAGIA RETINAL DE ALTURA (HRA)
Las hemorragias retinales son zonas de la retina donde sangró, produciendose una decoloración roja oscura de tamaño variable. En general, están más cerca de las arterias que de las venas y por suerte se encuentran sólo pocas veces en la mácula, el centro principal de la visión.
El doctor Charles Houston fue el primero en observar la HRA, en 1968. La observó en los pacientes que participaban en su estudio de la fisiología de altura en el monte Logan, a una altura de 5.200 metros. Desde entonces hubo numerosos informes en la literatura médica y de escalada y también una cantidad de investigaciones. Sin embargo, la causa exacta aún es un misterio. Existen pruebas recientes de que la HRA puede guardar relación con la disminución del contenido de oxígeno sanguíneo durante el sueño.
Cuando se duerme encima de los 5.200 metros las HRA son muy comunes y son observadas en el 30 al 60% de los sujetos estudiados. En alturas más bajas, como en Pheriche (4.240 metros) son menos comunes pero más tendientes a ser asociadas con la EMA. Las HRA desaparecen por completo en una semana a unas pocas semanas, lo que depende de su tamaño y profundidad. Rara vez afectan la visión subjetivamente, aunque con un buen control pueden observarse defectos menores.
Las hemorragias retinales sin otros síntomas no son un índice para descender y no pueden detectarse sino con la oftalmoscopía, que requiere un instrumento especial y cierto aprendizaje. Los cambios de visual persistentes en la altura pueden deberse a hemorragias retinales, a edema retinal o a problemas detrás de los ojos, eso es, en el cerebro. Los síntomas como la visión doble o las manchas ciegas notables son indicadores del descenso inmediato y en general empiezan a aclararse rápidamente en las alturas más bajas. La borrosidad de la visión es relativamente común, puede que sea por el edema de la retina y se aclara al bajar.
Algunos opinan que la HRA es mas común en las mujeres. En una expedición al Everest se observó que es más común en los principiantes del deporte mientras que es poco común en los escaladores con exposiciones repetidas. Debe investigarse mucho más para determinar la susceptibilidad, la parofisiología y la verdadera importandia de la HRA. Pensar que lo mismo que vemos sangrar en la retina también puede estar sucediendo en el cerebro es en verdad un juicio razonado.

3.9 CONTRAINDICACIONES DE UNA ESTADIA EN ALTURA.
No hay contraindicaciones absolutas, pero ciertas personas deben ser prudentes.
- Contraindicaciones respiratorias: Son todas las afectaciones que actúan sobre los intercambios gaseosos por diferentes mecanismos:
- Limitación de los movimientos del tórax en caso de deformaciones toráxicas congénitas (escoliosis y cifósis) o adquiridas (secuelas de accidente). Comprendemos la agravación de la hipoxia que puede producir una fractura de costillas en altura, pues el dolor impide respirar al enfermo.
- Los obstáculos bronquiales, bronquitis crónica, las burbujas de enfisema que son bullas de aire y que pueden romperse por hiperventilación.
- Las enfermedades que afectan la difuxión de gas entre el alveolo y la sangre de los capilares, como todas las fibrosis profesionales (silicosis, abestosis).
- Todas las anemidas inferiores a 3,5 millones de glóbulos rojos y tasas de hemoglobina inferiores a 10g/100cc son factores importantes de riesgo en altura, produciendo hipoxia por falta de transportadores de oxígeno.
- Contraindicaciones cardíacas: dolores coronarios durante el esfuerzo, perturbaciones del ritmo, lesiones valvulares, cardiopatías con hipertensión pulmonar. No hay para estas personas contraindicación absoluta para las estadías en altura media, de 1000 a 2000 metros, con la condición de abstenerse de todo esfuerzo.

- Embarazo y altura: No hay contraindicaciónes específicas para una mujer encinta cuyo embarazo es normal. En efecto, el feto vive en estado permanente de hipoxia, aún a nivel del mar. Las medidas de presión de oxígeno en la sangre de los fetos, dan valores similares a los encontrados en la sangre del hombre a 7500 metros. Esta situación no puede agravarse por subir a gran altura. Por el contrario es recomendable dar a luz a una altura normal para que el recién nacido, cuyas necesidades son diferentes, no sufra de anoxia.

- Los fumadores en altura: Quien fuma 20 cigarillos por día vive permanentemente a 2500 metros. Quizas “vuele” pero no por esto se aclimata a la altura. Su sistema de transporte de gas en la sangre está obstruido parcialmente por el óxido de carbono que ocupa el lugar del oxígeno. La cantidad de óxido de carbono es proporcional al número de cigarrillos: 4 a 7% para 15 a 20 cigarrillos por día, 8 a 15% para 25 a 35 cigarrillos por día. Fumar en altura sólo aumenta el porcentaje de óxido de carbono en la sangre: 6,5% a 3500 metros contra 4,5% a nivel del mar para un consumo idéntico. Así la altura real de un no fumador no es la misma que la de un fumador que está a su lado.
Anotamos que la altura de un no fumador a 0 m. equivale a la del fumador a 2500m.; 3000 m. para el primero y 4500 para el segundo y 6000 para el que no fuma contra 7000 para el que consume unos 20 cigarrillos por día.

Repasemos los temas centrales del EPA y ECA:
El edema agudo de pulmón de altura, abreviado EPA, es la inundación progresiva de los alveolos pulmonares por un líquido proveniente de una filtración entre la red arterial pulmonar y el comportamiento aéreo, a través de la membrana alveolar. Como consecuencia se produce una disminución progresiva de la superficie de intercambio entre el aire y la sangre, lo que origina problemas respiratorios.
Es un error creer que mientras más subimos mayor es el riesgo. La mayoría de los casos ocurren entre 4000 y 5000 metros, es decir a la altura del campamento base. Los primeros signos se producen generalmente después de un plazo variable, de 36 horas a 3 días luego de la llegada a la altura.
Los síntomas: En ocho de cada diez casos el comienzo es progresivo, presedido de algunos signos de inadaptación a la altura: dolor de cabeza, náuseas, desgano. La respiración es rápida, superficial, el corazón late muy rápidamente, a tal punto que es dificil tomar el pulso. Sobre este fondo de “mal de montaña”, una tos seca inaugura el ataque pulmonar. Luego la tos expulsa saliva manchada con sangre, que se vuelve más y más abundante, rosada y verdaderamente hemorrágica. Es suficiente colocar el oído sobre la espalda del enfermo para escuchar crepitaciones a cada movimiento respiratorio. A causa del edema cerebral frecuentemente asociado, vértigos, alucinaciones e incoherencias hacen el cuadro muy inquietante.
El mejor tratamiento consiste en descender. Quinientos metros bastan a veces para revertir la evolución del proceso. Es evidente que es la mejor solución, pero es necesario que sea posible, que el enfermo no esté demasiado grave. De donde nuevamente la recomendación para dar marcha atrás con tiempo, con los primeros síntomas.
El oxígeno puro a razón de 6 a 8 litros por minuto mejora rápidamente la insuficiencia respiratoria.
Los diuréticos tienen por objeto disminuir la masa sanguínea para hacer bajar la presión en la arteria pulmonar. Hay que tener cuidado de compensar mediante bebidas las pérdidas de líquido.
La evolución es en general favorable cuando el EPA es descubierto precozmente. En todos los casos donde sea posible hay que descender; sino, reposo absoluto en posición semisentado; oxígeno y diuréticos permiten controlar la evolución en la mayoría de los casos.
No existe aún un test capaz de descubrir precozmente la hipersensibilidad a la altura. La experiencia conjunta de los médicos que estudian la adaptación a la altura y los que acompañan expediciones y trekking, ha permitido enunciar algunas medidas preventivas:
- El ascenso debe ser lento. El EPA es muy frecuente entre las personas, cada vez más numerosas, que llegan en avión a gran altura en la ruta de aproximación al Everest.
- Evitar hacer esfuerzos violentos los primeros días. El ejercicio es el factor sobre el que insisten todos los autores, aunque ciertos EPA ocurren de noche, cuando descansamos.
- El frío y la ansiedad son considerados como potencializadores.
- Hay que tomar en serio los primeros síntomas del mal agudo de montaña.
- Las recaidas son frecuentes.
- La susceptibilidad personal es a la vez el factor esencial y el gran misterio dificil de penetrar.

Por otro lado y vinculado al ECA, recordamos que el cerebro es el órgano más sensible a la falta de oxígeno. No sorprende que las funciones intelectuales simples como el juicio, la decisión y la apreciación sean muy precozmente afectadas y rápidamente agravadas por la hipoxia.
El edema cerebral de altura aislado es más raro y más grave. El edema comprimirá rápidamente al cerebro pues la caja craneana es inextensible. Un violento dolor de cabeza domina generalmente el cuadro, el alpinista se pone a delirar, tiene conversaciones incoherentes, alucinaciones auditivas y visuales. Pierde progresivamente la noción del tiempo y del medio ambiente geográfico en el cual se encuentra.
Imperativamente hay que forzarlo a descender pues no sólo no puede juzgar por sí mismo la situación, sino que sólo aspira a recogerse sobre si mismo y que lo dejemos tranquilo. Si tenemos un botiquín a mano, no dudar de darle un diurético y antiinflamatorios corticoides. El cuadro clínico no siempre es tan completo; hay que tomar en serio la percepción de ruidos o voces insólitas y la vista de personas y objetos extraños al medio. Estos son signos de sufrimiento cerebral que es más fácil descubrir en los otros que en uno mismo. En estas circunstancias, hay que descender inmediatamente. El escalador solitario a más de 8000 metros requiere un perfecto dominio de las reacciones del cuerpo a gran altura.

3.10 EVOLUCIÓN DEL HIMALAYISMO
Digamos que la naturaleza ha fijado un límite alrededor de los 4500 metros. Más allá de esta altura, ningún humano puede vivir permanentemente. Allí pasamos los límites de la vida posible a largo plazo y todas las incursiones en esta zona sólo serán pasajeras; solamente algunos meses por año. Más allá de este límite, el hombre se deteriorará poco a poco, por la simple razón que no hay suficiente oxígeno para asegurar el mínimo energético para el trabajo de base y el mantenimientro de homeostasis, es decir, el equilibrio de todas las funciones vitales.
La incursión pasajera de algunas semanas por año más allá de 5000 metros activará progresivamente, a medida que ascendemos, mecanismos de adaptación transitoria que son generados por el sufrimiento de las células debido a la falta de oxígeno. Como todo mecanismo de adaptación, tienen una inercia para entrar en funcionamiento y estimamos en 3 semanas el plazo fisiológico de una aclimatación eficaz.
Los mecanismos de adaptación a la altura son inducidos por la hipoxia. No perdamos jamás de vista que estas modificadiones fisiológicas son signos de sufrimiento celular.
Más allá de 4500 metros el organismo se deteriora progresivamente. Este desgaste se manifiesta desde la llegada al campamento base, generalmente situado en esta cota máxima.
Frecuentemente el ascenso hasta aquí es progresivo -en promedio una decena de días partiendo desde Paquistan o Nepal- y este plazo debería ser respetado. Se armoniza perfectamente con la puesta en funcionamiento de las reacciones de las células confrontadas a la hipoxia progresiva.
Por el contrario, sobre la vertiente tibetana, la hipoxia es aguda pues llegamos rápidamente en camión, sin esfuerzo previo, casi hasta los 5000 metros. Sería necesario por lo menos pagar esta deuda de oxígeno mediante una pequeña estadía de preparación al descender del camión, antes de partir a instalar el campamento al pie de las rutas, situadas a 2 o 4 días de marcha según la cumbre y el itinerario en el sector del Everest. Una semana, es el tiempo que hay que permanecer en el campamento base, dejando que el organismo modifique progresivamente sus costumbres de vida, sin hacer demasiados esfuerzos para evitar el surmenage sicológico. Esta semana tranquila en el campamento base es indispensable para el “aumento de presión” sicológico.
Hay que esperar el material, ambientarse al lugar, reconocer la ruta. Es el momento en que es absolutamente necesario reencontrar sobre el terreno la energía y la motivación que siempre tuvimos durante la preparación y los periodos de entrenamiento, siempre guiados por el objetivo que está ahora adelante nuestro.
Al final de la primer semana en el campamento base, es indispensable hacer una incursión rápida a la altura (6500, 7000 metros) siguiendo el itinerario para un transporte o para equipar un tramo para el descenso, o bien otro objetivo, para asegurarse sicológicamente y llevar la tensión sicológica a un nivel inferior. Hay que evitar, en la medida de lo posible, pasar una noche en la altura, que cuesta muy caro al organismo.
Algunos días, hasta una semana, pueden pasarse en el camamento base (C.B.) para reagrupar fuerzas y concentración, y al primer indicio de buen tiempo, partir hacia la cumbre, dejando las comodidades del C.B.. Hay que recordar que el C.B. es sólo una etapa en la ruta a la cumbre, aunque sea confortable, el organismo ya sufre de hipoxia y el desgaste de fuerzas tiene lugar aún en reposo. No es un lugar para vivir. Este es un esquema que se puede aplicar a todas las expediciones al Himalaya, de aficionados o profesionales.
La próxima etapa sera intentar llegar hasta la cumbre. Por cuanto la gran altura es un medio agresivo y hostil, hay que permanecer en ella el menor tiempo posible. Se trta de una verdadera carrera, para salir de la alta montaña.
Para el himalayismo en técnica ligera hay que pensar en 8000 como pensamos en el Monte Blanco. Es decir, autonomía total, sin contar con los campamentos de altura para reaprovisionarse y dormir. No hay que contar tampoco con la ayuda de cuerdas fijas en el descenso. El ascenso se hará en las horas más frías por seguridad y eficacia. No olvidemos que la cadena del Himalaya está a la latitud de las Canarias y de la Florida, que al abrigo del viento, al medio día, puede hacer mucho calor, aún a gran altura. El periodo ideal es en luna llena. Podemos escalar durante la noche y la mañana, y detenernos a la siesta para descansar, beber y recuperarnos, y luego partir al final del día o al comienzo de la noche. Hay que salir muy liviano, con lo esencial, un calentador y suficiente combustible para la bebida, una pala de nieve para hacer una plataforma y un refugio, una cobertura de sobrevivencia, y los viveres para la carrera (pasta de almendra, chocolate, té o café, miel, azúcar y sopas instantáneas). Tenga siempre presente la idea de que las noches arriba de 8000 metros son las más caras del mundo y que el organismo no puede tomarse la libertad de exigirse demasiado.
Muchas veces me surgio la pregunta, ¿Para quienes los 8000?. De no ser muy rico, se ha vuelto prácticamente imposible encontrar financiamiento del Estado (expedición nacional) o privado (sponsor) para una expedición al Himalaya, aún para un objetivo mayor que requiera estar equipado al mínimo. En efecto, cuando proyectamos equipar una ruta asistimos a un crecimiento exponencial del presupuesto. Las cuerdas fijas, requieren de hombres para transportarlas, de hombres para transportar los alimentos de los que las transportan, de tiempo en altura para colocarlas, luego más material y alimentos, de porteadores de altura para llevar todo más alto... y al final de cuentas, un bajo porcentaje de éxitos.
El himalayismo va inevitablemente hacia las expediciones ligeras. La expedición ligera exige de cada uno se sus miembros:
- Un excelente entrenamiento físico al partir. Jamás partir cansado con el pretexto de la preocupación de la preparación, diciendo que recuperaremos la forma durante la marcha de aproximación. No hay entrenamiento físico benéfico más allá de 3000 metros. Más allá es el sufrimiento y el desgaste.
- Un excelente nivel técnico, que yo llamaría, un nivel de independencia técnica, que debe permitir ser autónomo. No hacemos el aprendizaje del alpinismo arriba de 5000 metros.
- El dominio del criterio que da la práctica en la alta montaña. Sin miedo de redundar pues se trata de la vida, no olvidemos que, cuando la motivación es grande, es necesario más valor para detenerse con un margen de seguridad para descender, que para obstinarse y perseverar sin discernimiento.

Técnica ligera: más éxitos pero también más accidentes. Como ejemplo citamos lo ocurrido durante el año 1986 en Paquistan. Ocho expediciones que sumaban 45 personas en el monte K2 (8.611m.). Veinticinco escaladores logran la cumbre, lo cual es excepcional y da crédito al estilo alpino. Desdichadamente, lamentamos 12 muertes, 9 de las mismas en el descenso, 8 de estas fueron víctimas del agotamiento. Si analizamos cada uno de los ocho decesos, nos damos cuenta sin entrar en detalle, que la mayoría habían llegado al campamento base hacía dos meses, y que todos habian acumulado un gran cansancio en el transcurso de varias tentativas y numerosas noches pasadas en altura. No hay secretos, los que logran los más altos 8000 en el más puro estilo alpino (mochila liviana, ascenso rápido, cumbre en lo primera o segunda tentativa como máximo, despúes de 15 días o 3 semanas en el C.B.), tienen todos una condición física excepcional y sobre todo frecuentan asiduamente o viven en la montaña.
Comentarios sobre los éxitos y los fracasos de las expediciones livianas a gran altura:
- Los accidentes son más frecuentes en los más altos 8000, notablemente en el descenso por agotamiento y disminución de la concentración. Parece que más allá de 8500 metros, entramos en una franja “prohibida” donde las capacidades sicológicas del hombre durante el esfuerzo tocan sus límites. No hay que permanecer allá.
- Con excepción de los profesionales, candidatos a los encadenamientos, habría que resignarse a abandonar cuando después de tres semanas en el C.B. estamos aún lejos de la cumbre luego de varias tentativas y noches pasadas en altura.
- Finalmente algunos éxitos notables que han hecho tambalear nuestros conceptos de aclimatación: Benoit Chamoux, 23 horas en el K2 por la arista de los Abruzzes. Treuillet y Loretan, 39 horas para el Everest por la directa del canalón Horbein en la cara Norte. La temporada en el Himalaya de Eric Escoffier: 1 de junio cumbre del Gasherbrum 2 (8.035 m.), 22 de junio Gasherbrum 1 (8.068 m.), 6 de julio K2 (8.611 m.), 14 de julio Broad Peak donde se detiene a 7.500 metros. Al más puro estilo alpino.

Cliente para un 8000. El término cliente no tiene el mismo significado en el Himalaya que en los Alpes. En Europa, contratamos un Guía para una ruta difícil o para la iniciación. En un 8000 hay que partir con la idea que sobre todo somos clientes de la organización. Aún con un buen grupo, el éxito es una cuestión personal, que requiere una buena experiencia en montaña y un muy buen entrenamiento físico. Hay que ser también conciente de que no se hacen salvamentos en altura como se pueden hacer en los Alpes: no hay helicópteros. En caso de accidente los socorros serán lentos y dificiles, aún con los mejores Guías del mundo.

Breve mataburro.
Acetazolamide: Diurético para aumentar la cantidad de orina, para bajar la presión arterial.
Acidosis: Estado anormal procudido por exceso de ácidos en los tejidos y sangre.
Alcalosis respiratoria: Cantidad de bases con ph menor a 7 que se alimina en la respiración.
Anorexia: Falta de apetito.
Apnea: Falta o suspensión de la respiración.
Ataxia: Desorden, perturbación de las funciones del sistema nervioso.
Cefalorraquideo: Aplicase al sistema nervioso cerebro-espinal y también al liquido en que están sumergidos los centros nerviosos.
Dexametasone: Corticoide.
Disnea: Dificultad en la respiración.
Edema cerebral: Cantidad de líquido o agua acumulada en el cerebro.
Edema pulmonar: Cantidad de líquido o agua acumulado en el pulmón que produde aumento del volumen del pulmón.
Eritropoyetina: Hormona encargada de la síntesis de los globulos rojos, es secretada por el riñon y actúa en la médula osea.
Fosfolipidos: Lipidos con ácido fosfórico que se encuentran en las células plasmáticas.
Hematocrito: Estudio que se realiza para saber la cantidad de glóbulos rojos que participan en una centrifuga.
Hipertensión: Tensión excesivamente alta de la sangre en el aparato circulatorio.
Hiperfusión: Aumento del pasaje sólido al líquido.
Hiperventilación: Aumento de la respiración producida por la actividad.
Hipotermia: Temperatura central del cuerpo inferior a la normal.
Hipocapnia: Deficiencia de dioxido de carbono en la sangre.
Hipoxia: Disminución de oxígeno en los tejidos.
Hipernéa: Respiración rápida.
Histamina: Es una amina, contribuye en la regulación del tono de la musculatura lisa.
Nitrógeno: Metaloide gaseoso incoloro, que constituye aproximadamente las cuatro quintas partes del aire atmosférico. No sirve para la combustión ni la respiración, aunque es un elemento fundamental en la composición de los seres vivos.
Oxígeno: Metaloide gaseoso esencial para la respiración, un poco más pesado que el aire, componente del agua y todas las materias orgánicas.
Vasodilatación: Que dilata los vasos sanguíneos y produce más circulación.
4. - EL FRIO
(Traducido de “Medicine et sports de montagne”, autor Dr. Jean Louis Etienne)

4.1 La percepción del frío.
4.2 Velocidad de enfriamiento.
4.3 Las reacciones del organismo al frío.
a) Disminución del caudal sanguineo cutaneo.
b) La termogenesis.
4.4 Tolerancia y aclimatación al frío.
4.5 Los congelamientos.
4.6 La hipotermia.

El hombre es un homeotermo, es decir que su temperatura central debe mantenerse constantemente a 37º C. La temperatura central es la de los órganos nobles (cerebro, corazón, pulmones, hígado y riñones). La lucha contra el frío se hace de dos maneras: por redistribución de la sangre caliente en el interior del cuerpo, a expensas de la periferia y, por un aumento de la producción de calor en el organismo.
Los congelamientos son indicadores del sacrificio de la periferia. La hipotermia es la falla de los mecanismos de termorregulación.

4.1 La percepción del frío
La sensación de frío está relacionada con la velocidad de enfriamiento de la superficie de la piel. La información térmica la dan corpúsculos termosensibles situados en la dermis y ligados al centro de termorregulación situado en el cerebro. Podemos tener frío en pleno verano saliendo del baño, cuando la evaporación rápida del agua de la superficie de la piel, por efecto de un pequeño viento, enfría muy rápidamente la superficie cutánea. Las terminaciones nerviosas de percepción del frío informan al cerebro de un enfriamiento brusco. La reacción es inmediata: escalofríos y temblores. Tendremos calor cuando la piel se seque y sea recalentada por el sol, mientras que el ambiente térmico no habrá cambiado. Por las mismas razones podremos tener escalofríos después de una ducha caliente en una sala de baño que no esté bien calefaccionada.
Decimos siempre que la madera es más caliente que el metal, mientras que en una habitación, un trozo de madera está forzosamente a la misma temperatura que un trozo de acero. La diferencia de percepción de temperatura está relacionada con la conductividad térmica. El hierro es mejor conductor del calor que la madera, luego capta más rápidamente el calor de la piel, produciendo inmediatamente una sensación de frío que no sentimos al contacto con la madera. La intensidad del frío o del calor es proporcional a la velocidad de enfriamiento o de ganancia de calor.

4.2 Velocidad de enfriamiento
En la montaña, tres factores influyen en la velocidad de enfriamiento: la temperatura, el grado de humedad del aire y la velocidad del viento.
La temperatura disminuye en promedio entre 0,5 y 1º C cada 100 metros. La conductividad térmica del agua es 20 veces mayor que la del aire, lo que explica que un frío húmedo sea menos tolerable que un frío seco. A medida que subimos este factor de enfriamiento disminuye en intensidad. A 2000 metros la humedad relativa disminuye a la mitad, y bajamos a tres cuartos en los 4000 metros. El viento, por el contrario, se intensifica con la altura: mientras más importante sea la superficie de exposición al viento, mayor será la velocidad de enfriamiento del organismo.

4.3 Las reacciones del organismo al frío
El hombre es un homeotermo que sólo puede vivir en una gama térmica muy estrecha alrededor de 37ºC. Permanentemente debe administrar su capital térmico, el cual debe permanecer invariable, tanto en calor como en frío. Cuando, en frío, las perdidas sobrepasan a las ganancias de calor, el organismo reacciona de dos formas:
- limitando las pérdidas mediante la disminución del caudal sanguíneo cutáneo.
- aumentando la producción interna de calor: termogénesis.

a). Disminución del caudal sanguíneo cutáneo: La piel modifica permanentemente sus intercambios térmicos con el medio ambiente, para amortiguar las variaciones de temperatura del núcleo central que contiene los órganos vitales. En la lucha contra el frío, la piel menos irrigada, es menos eficiente conductora de calor. En un ambiente frío, una piel fría constituirá una barrera eficaz contra las perdidas de calor del organismo. Los primeros sitios víctimas de esta vasoconstricción son las extremidades, los piés y las manos.

b). La termogénesis: Es el aumento de la producción de calor en el interior del organismo puede ser voluntario o involuntario.
La termogénesis voluntaria: El esfuerzo muscular produce calor como desecho energético. El ejercicio producirá luego un flujo de calor en el organismo. Es un excelente medio de calentamiento, pero conviene saber que consume energía.
Los alimentos aportan, aparte de su valor nutricional, una ganancia de calor durante la digestión. Llamamos “acción dinámica específica de los alimentos (ADE)” al suplemento calórico aportado por la ingestión de alimentos, que se traduce en un aporte inmediato de calor al final de la comida. Los prótidos tienen una ADE superior a la de las grasas y azúcares.
La termogénesis involuntaria: Dos mecanismos intervienen por vía refleja: uno mecánico “el temblor térmico” y otro endócrino por “secreción de hormonas que estimulan el metabolismo”.
El temblor térmico: Es una contracción involuntaria de los músculos, rítmica y de corta duración, tendiente a producir calor. Estas contracciones musculares autónomas cumplen un papel muy importante en el mantenimiento de la homeotermia. Son inhibidas por la hipoxia, lo que explica la disminución de las posibilidades termoreguladoras en frío a gran altura.
Secreciones hormonales durante una exposición al frío: Su intervención en la lucha contra el frío tiende a aumentar el conjunto de metabolismos con el objeto de producir más calor.
Tres clases de hormonas están esencialmente implicadas:
La adrenalina y noradrenalina, segregadas por las glándulas suprarrenales, aumentan el grado de temblor espontáneo. Por otra parte ayudan en esta contracción poniendo más nutrientes a disposición del músculo. La adrenalina y noradrenalina facilitan la liberación de glucosa a partir de las reservas musculares y hepáticas, y la liberación de ácidos grasos a partir de grasas de reserva. La glucosa y los ácidos grasos son los dos alimentos del músculo.
Las hormonas tiroideas, actúan en cooperación con la adrenalina elevando el nivel metabólico del organismo. Las personas que sufren de hipertiroidismo tienen siempre calor.
La cortisona es segregada también por las glándulas suprarrenales. Por su acción generalizada, interviene a todo nivel para la defensa del organismo. Facilita el conjunto de procesos de la termogénesis involuntaria.

4.4 Tolerancia y aclimatación al frío
Las calefacciones y los climatizadores han llevado al hombre a un “adormecimiento térmico” que ha puesto en reposo sus facultades de adaptación a las variaciones de temperatura. Las exposiciones voluntarias y repetidas al frío despiertan sus notables propiedades de tolerancia al frío: es la aclimatación.
Los especialistas del ambiente frío separan las reacciones de defensa del frío de las reacciones de aclimatación. Las reacciones de defensa ponen en funcionamiento los costosos procesos energéticos de la termogénesis y producen un rápido agotamiento de las reservas del organismo. Las reacciones de aclimatación son reacciones protectoras que ahorran reservas. Parece evidente que la aclimatación corresponde a la maduración de las reacciones de defensa, cuyo grado de afinamiento varía según los individuos, el estilo de vida y los orígenes étnicos.

¿Como trabajar la tolerancia al frío? Manteniéndose en buen estado mediante ejercicios al aire libre y en el frío. Es una forma natural de aclimatarse.
Las técnicas propuestas por los médicos especialistas en supervivencia al frío, están basadas en la inmersión diaria en agua fría, hasta el límite de la tolerancia personal. Al cabo de 15 días, se constatan los primeros signos de tolerancia, es decir:
- un aumento de la tolerancia al frío.
- un retardo en la aparición del temblor térmico, lo que permite suponer que se ponen en funcionamiento reacciones energéticas menos costosas que los temblores.
- un mejor ajuste de las reacciones energéticas del organismo en relación a las pérdidas calóricas, lo que va también en el sentido de economizar energía.
- una mejora de la habilidad manual a bajas temperaturas, necesaria para realizar algunas acciones útiles para la supervivencia.
- una demora en la aparición de los dolores de las extremidades, pies y manos, luego de una prolongada inmersión en agua helada.
Mantenerse en forma, esquiar sin guantes y tomar una ducha fría todos los días bastan para llegar a un buen nivel de tolerancia en algunas semanas.

La aclimatación al frío: Hablamos de aclimatación al frío como de aclimatación a la altura, cuando el organismo por un contacto prolongado con bajas temperaturas, pone en funcionamiento reacciones fisiológicas automáticas, que escapan a la voluntad y que son duraderas. Para facilitar la comprensión, permítanme referirme a mi experiencia personal en el Polo Norte.
Antes de partir hice una serie de pruebas para tener una idea de mi aptitud para soportar bajas temperaturas. Me pusieron en una campana a la temperatura de 1º C, con un viento de 8 m/s, lo cual equivale a una velocidad de enfriamiento igual a -10º C. Estuve allí durante dos horas, completamente desnudo, sin moverme, estirado sobre un catre de tela. Durante estas dos horas que me parecieron muy largas, no dejé de temblar, de tener sobresaltos musculares automáticos que tenían por objeto producir calor. Al final de la prueba, mi temperatura central se mantenía a 37º C mientras mi temperatura periférica había descendido a 12º C. Durante ese tiempo consumí una cantidad “Q” de oxígeno, testimonio del gasto energético necesario para mantener mi temperatura a 37º C.
Después de 70 días de vivir permanentemente a bajas temperaturas (-52º C al principio y -15º C al final), volví a la campana para la misma prueba. Al término de 2 horas en las mismas condiciones, constatamos que yo había dejado descender mi temperatura central a 35,5º C, y que sólo había gastado una pequeña cantidad “q” de energía para luchar contra el frío. Paralelamente mis temblores fueron menos intensos.
Esta es una ilustración de lo que llamamos aclimatación hipotérmica. Para afrontar el frío no luchamos, sino que adquirimos esta aptitud particular de dejar descender la temperatura, lo que es mucho más económico.
Esta adaptación de tipo hipotérmico, ha sido descripta entre los bushmen del desierto de Kalahari, los indios quichuas del Perú, todos pueblos que viven en el desierto y en la altura, donde las noches son frías cuando el fuego se apaga. A la mañana ellos reencienden el fuego, el sol sale y su temperatura central aumenta a la normal de 37ºC. El caso más espectacular es constatado entre los “ama”, buzos coreanos que se sumergen desnudos, en el mar, todo el año, para pescar perlas y esponjas. En invierno, la temperatura del aire es de 0º C y la del agua de 4º C a 10º C. Al final del día, la temperatura central de estos buzos es cercana a los 33º C.

4.5 Los congelamientos
Los congelamientos son lesiones localizadas debidas a una exposición prolongada al frío.
La medicación extrema de las primeras grandes expediciones Polares y al Himalaya han permitido modernizar los conocimientos adquiridos por los médicos durante las dos últimas guerras. No se ha logrado aún la unanimidad entre los investigadores sobre los mecanismos de aparición de los congelamientos. Esto explica ciertas divergencias en las concepciones terapéuticas que disponen en todos los casos de los medios más modernos de examen y tratamiento.

a) Las circunstancias de aparición: Lo que hace peligrosos los congelamientos es que aparecen sin prevenir, de forma progresiva e insidiosa. Nada más normal que tener las extremidades frías, que se hinchan, que pierden su sensibilidad. Todos los alpinistas han conocido esto sin sospechar nunca que estaban en vías de congelarse.
En la siguiente etapa, la anestesia persiste, la extremidad se pone blanca, fría, dura, rígida. Es un congelamiento y el reflejo inmediato no debe ser sólo calentar la extremidad helada sino también el cuerpo en su totalidad.
El calentamiento es doloroso en la zona revascularizada. El dolor es punzante, profundo. La repermeabilización va a extenderse a todo el miembro o se detendrá en una zona que limitará el congelamiento. Al décimo día de tratamiento la extensión de las lesiones se estabiliza; las clasificamos en cuatro grados de gravedad creciente. (Estas clasificaciones difieren según los autores).

a) Congelamiento de primer grado. Forma eritematosa. A la palidez sucede un eritema. La extremidad se hincha ligeramente. La piel se calienta, se torna rojo violacea y no se forman ampollas. La evolución es favorable en algunos días.

b) Grados de congelamientos
b) Congelamiento de segundo grado. Forma ampollada. El edema es violáceo, voluminoso; la piel se cubre rápidamente de ampollas claras que son verdaderas bolsas de agua. La sensibilidad superficial desminuye, pero la sensibilidad profunda a la percusión se conserva. La evolución es buena en algunas semanas, con secuelas posibles como la persistencia de sensibilidad al frío y la piel frecuentemente sudorosa (hiperhidrosis) con poca sensibilidad.

c) Congelamiento de tercer grado. Forma necrótica superficial. El edema es importante y la piel permanece fría, violácea, sin ninguna sensibilidad. El contenido de las ampollas es hemático, opaco. La zona helada se pone negra, seca, acartonada y se elimina espontáneamente dejando al vivo un tejido rosa, cuya cicatrización será muy lenta. Las secuelas son frecuentes, sobre todo en los dedos donde la alteración de la piel y de la movilidad pueden producir una molestia funcional permanente.

d) Congelamiento de cuarto grado. Forma necrótica profunda. Termina en amputaciones. No aparecen los signos clásicos de calentamiento (ampollas, color rojo violáceo). La extremidad helada permanece de “hielo”, se pone amoratada. No se siente más el pulso en las extremidades. Es necesario esperar varios meses, hasta que la separación entre los tejidos muertos y vivos sea bien definida, para decidir las amputaciones mínimas.

c) La localización de los congelamientos: Se produce generalmente en las extremidades. La mayoría de los congelamientos encontrados en los alpinistas se reparten entre los dedos de manos y pies. Los congelamientos de mejillas, nariz y oidos son frecuentes pero nunca muy graves.
Los nervios y los vasos sanguíneos también son sensibles a la acción del frío, lo que explica las secuelas tardías y persistentes, como las modificaciones del tacto, de la sensibilidad, la comezón de las extremidades, la piel sudorosa y violácea, y una sensibilidad particular al frío. En las formas más severas, el hueso puede helarse, lo que conduce a graves mutilaciones.

d) El mecanismo de los congelamientos: surge de todas las hipótesis emitidas por los especialistas en biología del frío que no es solamente la temperatura negativa la responsable de la extensión de las lesiones, sino también la velocidad de enfriamiento de los tejidos.
El estado de adormecimiento biológico por un frío masivo e intenso permite conservar largo tiempo los tejidos que recuperarán su actividad biológica por calentamiento. El frío es un medio de conservar la vida de las células, previendo que éstas sean enfriadas bruscamente.
En la montaña el frío actúa de una forma más progresiva y parece que las cosas ocurren en dos tiempos:
1) Fase vascular: Para conservar la temperatura central del cuerpo en su valor normal, la sangre no irá más a las extremidades enfriadas por el medio ambiente hostil. El frío aumentará el tono constrictor de los vasos y las extremidades que son las más expuestas al frío serán “sacrificadas”. La sangre que calienta y a la vez nutre las células, se abrirá cada vez más difícilmente un camino hacia las extremidades de los dedos de piés y manos. Tarea tanto más difícil en la altura donde la sangre se vuelve extremadamente viscosa por la poliglobulia y una deshidratación casi constante durante el esfuerzo. Aparecerán tres factores agravantes:
- Un enfriamiento en la profundidad de los tejidos.
- Una anoxia celular por defecto de oxigenación.
- Una trombosis en los vasos que puede aparecer mucho más fácilmente cuando el caudal sanguíneo disminuye mucho por constricción y cuando la sangre se pone muy viscosa. En caso de trombosis, las células que no son más irrigadas están condenadas. Puede luego producirse “congelamiento” a una temperatura no necesariamente negativa. Pero esta trombosis, ¿es la causa de la muerte de los tejidos o una consecuencia de la agresión de los tejidos y de los vasos por el frío?. Es la frontera de la discusión entre la concepción vascular y la concepción térmica que acusa al frío de ser el agente directo de las destrucciones celulares.
2) Fase celular: Las células anóxicas y enfriadas como consecuencia de que no le llega más sangre (con o sin trombosis) sufrirán la acción del frío, un frío inferior a 0ºC. El congelamiento del agua (que constituye lo esencial de los tejidos humanos) producirá en el medio celular, graves perturbaciones hidroelectrolíticas que producirán la muerte de las células.

e) Medidas preventivas: Vamos a clasificarlas en medidas prácticas, dietéticas y de profilaxis médica.
Medidas prácticas: - Conservar una buena circulación mediante movimientos que además producirán calor en el organismo. No perder de vista que todo movimiento activa la circulación de aire fresco y puede, si no estamos bien vestidos, activar el enfriamiento del cuerpo. Hacer contracciones estáticas.
- Desajustar las ropas y el calzado y adoptar una posición confortable que facilite la circulación en los miembros. La posición “acurrucado” no facilita la circulación en piernas y pies.
- Protegerse de todo contacto metálico que, como hemos visto, es un excelente conductor térmico y producirá congelamiento por contacto.
- Controlar regularmente la sensibilidad de las extremidades pues la instalación de congelamientos es insidiosa.
- Despojarse, en la medida de lo posible, de todo lo que este húmedo. Piés y manos húmedas constituyen un excelente punto de fijación para el frío. Los materiales sintéticos constituyen un progreso considerable en la prevención de accidentes debidos al frío; son hidrófobos y se secan muy rápido con la llama del calentador, manteniéndolos a unos 20 cm..
- Es útil remarcar que el viento glaciar es un enemigo temible, y aunque cueste, es siempre necesario instalar el vivac protegido del viento.

Medidas dietéticas: En la medida de lo posible es necesario alimentarse bien y sobre todo beber abundantemente. La lucha contra el frío cuesta caro al organismo y el aporte hídrico, casi siempre insuficiente, disminuirá la viscosidad sanguínea generada a la vez por un estado permanente de deshidratación y la poliglobulia de altura.

Profilaxis “medicinal”: No existen en la actualidad medicamentos que puedan proteger contra los congelamientos. Los vasodilatadores a título preventivo están proscriptos. Aumentando el caudal sanguíneo periférico, favorecen las pérdidas de calor del organismo. El alcohol es un vasodilatador y debe ser proscripto por las mismas razones, cuando somos prisioneros del frío. En la serie de restricciones, hay que saber que la nicotina es un vasoconstrictor periférico. Un estudio hecho en 1934 ha puesto en evidencia que luego de haber fumado un cigarrillo (de esa época), la temperatura cutánea de la mano bajó, en promedio, 4,6º C y la de los pies 3,9º C. No hay que creer que un cigarrillo pueda ser el antídoto de un trago de alcohol.
La dilución sanguínea tendiente a disminuir la viscosidad de la sangre ha sido practicada por los médicos de dos expediciones alemanas: una en 1975 al Kanchenjunga y la otra, en 1977, al Lothse. Estas diluciones practicadas por sustracción de sangre e inyección de una misma cantidad de una solución macromolecular tendían a corregir la poliglobulia y el déficit hídrico después de varios días pasados en altura. El criterio de la dilución era obtener un hematócrito de 30, mientras que puede alcanzar 50 entre los sujetos aclimatados. Esta hemodilución ha permitido reducir considerablemente la viscosidad de la sangre sin que sea afectada la oxigenación de los tejidos. En las dos expediciones, ningún miembro tratado sufrio congelamientos (19 de los 21 miembros alcanzaron la cumbre del Lothse), mientras que los alpinistas no tratados tuvieron problemas.
Estos resultados permiten sacar algunas conclusiones: la poliglobulia no es una adaptación que facilite la vida en la altura, sino una producción refleja de glóbulos rojos, proporcional a la hipoxia de altura. La viscosidad sanguínea es un obstáculo real a la irrigación de las extremidades; aumenta el trabajo del corazón e incrementa el riesgo de trombosis. Estos resultados remarcan la falta de sentido de las poliglobulias artificiales por autotransfusión antes de la partida. Estas hemodiluciones son trabajos médicos que necesitan una gran infraestructura en altura y permanecen en el dominio de la investigación.

f) Conducta a tener en caso de congelamientos en la montaña
En el transcurso de un ascenso o luego de una noche de vivac, notamos que las extremidades (dedos de manos y pies) están blancas, insensibles, pesadas, hinchadas y que todo esto se produce insidiosamente, sin darnos verdaderamente cuenta. Hay que rendirse a la evidencia: hemos sido alcanzados por un congelamiento, pero nada permite apreciar su extensión ni su gravedad.
¿Que hacer?
Una regla debe ser conocida: no hay que comenzar el calentamiento de una extremidad helada si no estamos seguros de poder mantener un calentamiento constante y suficiente hasta que seamos auxiliados.
Un calentamiento lento e insuficiente, frecuentemente seguido de un recongelamiento produce serias complicaciones, más vale retrasar el calentamiento algunas horas para hacerlo en buenas condiciones. Hay que saber que una extremidad calentada es inutilizable debido a que está tumefacta, hinchada, dolorosa al movimiento y a la compresión y que es extremadamente frágil. Después del calentamiento al alpinista alcanzado por congelamientos es impotente. En el caso de que los auxilios (camilla o helicóptero) no puedan acercarse, su sobrevivencia compromete a la de todo el equipo que va a ayudarlo a salir de esta situación precaria en condiciones difíciles. Se podría afirmar que una extremidad calentada fuera del momento oportuno puede ser un grave error.
Los médicos ingleses y norteamericanos que han colaborado con el artículo sobre congelamientos aparecido en The New England Journal of Medicine afirman unánimemente que, contrariamente a la creencia popular, podemos caminar mucho tiempo con los piés helados sin riesgo de producir más complicaciones. El doctor William, especialista en congelamientos de Anchorage en Alaska, informa 12 casos de personas que marcharon entre 3 y 4 días con las extremidades de los pies completamente heladas; algunas no sufrieron ningún daño y a otras, en el peor de los casos, les fueron amputados dedos de los pies.
Cuando aplicamos los primeros auxilios en el campamento base, debemos recordar que el calentamiento no solo comprende el de la zona helada, sino también el del cuerpo en su conjunto. Sólo puede realizarse en un local o una carpa, al abrigo del viento y con buena calefacción. Es necesario sacar las ropas húmedas, el calzado y envolver al congelado con ropas precalentadas. Darle de comer y de beber en abundancia, bebidas calientes y azucaradas. Colocarle cantimploras con agua caliente en las axilas y entre las piernas (Máxima temperatura 40º C).
Después de esto hay que comenzar inmediatamente el calentamiento de las extremidades heladas con agua entre 40º C y 42º C. Si no disponemos de un recipiente suficientemente profundo, envolvemos el miembro helado con toallas y agregamos el agua por arriba (atención con el enfriamiento rápido). El agua del baño debe estar desinfectada con un antiséptico sin alcohol. El calentamiento debe hacerse por sesiones de 20 o 30 minutos. Es un momento muy doloroso que hay que prevenir con analgésicos. Después del baño, envolver las extremidades en una gasa estéril y apósitos muy sueltos para evitar cualquier estrangulamiento pues el pié o la mano aumentarán su volumen.
¡¡Hay algunas cosas que no debemos realizar jamás!!: Friccionar con nieve o flagelar pues se trata de tejidos frágiles aunque estén insensibles.
Tampoco hay que calentar la zona congelada al calor de una llama pues la temperatura es muy elevada y la parte helada, insensible puede ser quemada.

Después de los primeros auxilios, acostar al herido en una bolsa de duvet. Las partes heladas deben permanecer horizontales o ligeramente elevadas. Los baños deben repetirse dos veces por día los tres primeros días y luego una vez hasta el octavo día. Todo debe ser hecho con grandes precauciones de asepsia pues el enemigo número uno de los congelamientos es la infección. Una vez calentadas, las zonas afectadas son indoloras. Todo congelamiento que produce dolores punzantes después del período de los primeros calentamientos es un congelamiento infectado: antibiótico durante un mínimo de 8 días.
Las medicinas de apoyo: Vasodilatador durante 15 días. En altura, respirar oxígeno si se dispone de botellas.

La marcha de regreso: No presenta problemas en caso de congelamientos de manos, simplemente hay que recordar que los brazos no deben estar colgando a lo largo del cuerpo sino sostenidos a la altura del pecho mediante cabestrillo. Por el contrario, los congelamientos de pies prohiben la marcha y es necesario organizar un transporte.
Si los dedos de manos o pies se ponen negros, no hay que desesperarse por no poder volver a la montaña. Lo principal, en ese momento, es salir de ella. Muy frecuentemente lo profundo se conserva y la costra negra se desprende como “un dedo de guante” dejando aparecer una carne rosada que tomará tiempo en cicatrizar.
Durante la marcha de regreso donde las condiciones de asepsia no son siempre fáciles, hay que temer la infección y el tétano. En los himalayas es necesario salir siempre en expedición con el carnet de vacunación antitetánica al día.
Esperar a “volver al hogar” para consultar a un cirujano pues las decisiones operatorias se toman siempre muy tarde, a veces después de muchos meses.
Cuando se ha sufrido un congelamiento, es necesario armarse de paciencia ya que la cura es siempre muy lenta.

4.6 La hipotermia
La hipotermia comienza cuando la temperatura del cuerpo baja de 35ºC. Es la falla de la homeotermia, cuando la producción de calor del organismo no cubre más las pérdidas calóricas.
La hipotermia se instala progresivamente en circunstancias muy particulares, en general cuando estamos inmovilizados en un ambiente frío por multiples razones: cansancio, agotamiento, accidente, mal tiempo.
En este estado, algunos consejos que podemos dar ayudan a limitar las pérdidas calóricas y a administrar bien las reservas de combustible intentando beber regularmente la mayor cantidad de tiempo posible.
Evitar las pérdidas de calor. Es necesario multiplicar las capas de ropa permaneciendo cómodo y protegerse imperativamente del viento en una carpa, una rimaya o una cueva en la nieve. En las travesías de aristas, y aún cuando esto demande un gran esfuerzo, es necesario instalarse en la vertiente protegida. Es necesario comer lo que tenemos y sobre todo beber regularmente.
Permanecer dueño de la situación. Es fundamental a fin de evitar un desperdicio de calorías que podrían agotarse si la exposición al frío debe prolongarse. Bloqueado por un tiempo indeterminado a una temperatura glaciar (-20º C, -30º C) es vital mantener la calma. La aceptación razonada de la situación por algunos medios simples de relajación, permite evitar las descargas de adrenalina debidas al stress. Estas llamaradas de adrenalina queman muy rápidamente las reservas del organismo. Ha ocurrido que personas poco experimentadas perdidas en media montaña mueran en una noche...
Fue a fuerza de comportarse excepcionalmente que Walter Bonatti sobrevivió a su vivac imprevisto en el K2 a más de 8000 metros, y que Rene Desmaison salio vivo de su trampa glaciar en la faz Norte de las Grandes Jorasses.
Cuando la temperatura del cuerpo desciende, comenzamos a tiritar. Esta reacción normal del temblor tiene por objeto producir calor por contracción refleja de los músculos. Es útil entonces imponerse algunas contracciones estáticas que producirán calor disminuyendo los temblores desagradables.
Continuar alimentadose y sobre todo bebiendo, ayudarán a salir de esta mala situación. ¡Es por moral que ganamos!.

Los primeros auxilios en la montaña: En la montaña el diagnóstico es evidente. Hasta 35º C la persona permanece consciente y describe sus sensaciones. Por abajo de 33º C las ideas dejan de ser claras y es necesario buscar algunos signos que ayuden a hacer el diagnóstico de hipotermia. Lo más simple es tomar la temperatura, para lo cual es necesario tener un termómetro (es un elemento indispensable en el botiquín). Sino, observaremos que la piel se pone fría, el rostro pálido, lívido, el pulso débil, rápido, por momentos el enfermo es sacudido del estado de frío. Ponerle ropas secas precalentadas, meterse con el en una bolsa de duvet, darle bebidas calientes y dulces, colocarle cantimploras con agua caliente en las axilas y entre las piernas. Hay que examinar las extremidades de las manos y de los piés en busca de los congelamientos frecuentemente asociados.
Algunos días de reposo, calor y una buena alimentación permitirán la recuperación después de una hipotermia.
5.- LA RADIACIÓN SOLAR
(Traducido de “Medicine et Sports de Montagne”, autor: Dr. Jean Louis Etienne)

5.1 Radiación solar y tipos de rayos.
5.2 Rayos ultravioletas.
5.3 La oftalmía de la nieve.
5.4 Los signos de la oftalmía.
5.5 Los anteojos de sol.
5.6 Las quemaduras solares.
5.7 La protección de la piel.
5.8 Las insolaciones.

5.1 Radiación solar y tipos de rayos
La radiación solar está constituida por un amplio espectro de ondas electromagnéticas que son clasificadas en diferentes categorías según su longitud de onda.
De este amplio espectro de rayos, sólo una pequeña franja es responsable de fenómenos biológicos. Esta comprende los ultravioletas (UV), la luz visible y los infrarrojos (IR). Los UV son los rayos de mayor actividad biológica, la fracción llamada visible nos aporta la luz y los IR el calor del sol. Los UV son los responsables de las quemaduras de piel y de la oftalmía de la nieve.
Los rayos solares que tienen efectos biológicos están comprendidos en una estrecha franja entre 290 y 900 mm de longitud de onda, desde los ultravioletas hasta los infrarrojos.

5.2 Rayos ultravioletas (UV).
Son los rayos de los cuales debemos protegernos. Son los responsables de las insolaciones y de la oftalmía de la nieve. Hay tres clases de UV: los UVC, UVB y UVA por orden decreciente de actividad.
Los UVC son prácticamente detenidos por la atmósfera a una quincena de kilómetros de altura; son extremadamente peligrosos e incompatibles con la vida.
Los UVB y UVA son los más activos biológicamente y toda exposición prolongada producirá quemaduras de la piel y de la córnea del ojo. Los UVB son tanto más activos cuanto más corto es su trayecto en la atmósfera. En la montaña, mientras más subimos, más se achica la capa de protección atmosférica y más se intensifica la radiación UVB.
La cantidad de UVB aumenta el 4% cada 300 metros. A la inversa, prácticamente no hay UVB a nivel del Mar Muerto que está 400 metros por debajo del nivel del mar. Por otra parte, mientras más inclinado está el sol sobre el horizonte, más ancha es la capa atmosférica atravesada. Prácticamente ningún UVB llega del sol cuando éste está a más de 30º del cenít. Hay un máximo de UVB entre las 11 y las 14 horas (por eso, a esta hora no es recomendable tomar sol).
Los rayos solares no caen sobre la tierra como gotas de agua; no toman el camino directo. Son difundidos por el aire y las partículas que están en suspensión, como las gotitas de agua que constituyen la humedad y las nubes, o polvos de toda clase.
En la atmósfera pura, la difusión de UV por las moléculas de aire da un cielo azul.
En atmósfera nublada, los alto-cúmulus de media altura absorben la mayor parte de los UV. Por el contrario, en tiempo cubierto por cirrus de gran altura, el cielo gris muy luminoso transmite prácticamente tantos UV como el cielo claro; en la montaña hay que desconfiar de ese tiempo traicionero, que da una falsa impresión de seguridad, responsable de quemaduras cutáneas de oftalmías.
La reflexión del sol depende de la naturaleza del suelo; es del 80% sobre la nieve, 20% sobre la arena, 5% sobre el agua y 3% sobre la hierba. Así, en una playa, aún bajo la sombrilla que protege de los rayos visibles (sombra) e infrarrojos (fresco) estamos expuestos a la radiación UV de difusión.

5.3 La oftalmía de la nieve
La oftalmía de la nieve es la quemadura de la córnea, superficie de revestimiento del ojo, por los rayos ultravioletas del sol. Este accidente, muy temido, felizmente no es grave y cura en 48 horas sin dejar secuelas. Los anteojos dan una protección eficaz.

El UV, un rayo invisible y peligroso para el ojo: En la montaña, cuatro factores hacen más agresivos a los UV.
- La altura: La filtración atmosférica disminuye cuando subimos. La intensidad de la radiación se multiplica por 1,5 a 2000 metros y por 2,5 a 4000 metros.
- La superficie de reflexión: En las mejores condiciones de incidencia, la nieve puede reflejar cerca del 90% de los UV. Esto es prácticamente mirar al sol de frente.
- El cielo: Los ultravioletas invisibles no son absorbidos por las nubes o la niebla de la misma forma que la luz o los infrarrojos, lo que da una falsa impresión de seguridad. Si la niebla ligera filtra luz, deja pasar la mayor parte de UV. En la montaña, arriba de 2000 metros, un cielo cubierto de nubes emite aún la mitad de ultravioletas.
- El tiempo de exposición: Las lesiones aparecen en algunas horas aún por exposiciones intermitentes. Debemos saber que las lesiones se adicionan si el intervalo que las separa no es mayor de 24 horas.

5.4 Los signos de la oftalmía.
Los primeros signos aparecen a la noche o a la mañana siguiente, despues de una jornada ligeramente asoleada en la montaña. El enfermo siente una dolorosa sensación de arena bajo los párpados, que se convierte progresivamente en una quemadura muy dolorosa. La más pequeña fuente de luz produce dolores agudos y un abundante lagriméo. Los párpados se ponen rojos y se hinchan. En la penumbra, el enfermo se da cuenta de que su vista está empañada y de que todo es borroso.
En un examen, un especialista notaría que la córnea ha perdido su brillo, que está apagada, recubierta de una gran cantidad de pequeñas erosiones provocadas por los rayos UV.

Las medidas a tomar: No hay un tratamiento curativo. La superficie del ojo destruida por el sol se eliminará sola y será remplazada por un nuevo revestimiento. Algunas recomendaciones para ayudar al enfermo a soportar la molestia y el dolor durante las 48 horas necesarias para la reconstitución de la córnea:
- Permanecer en la oscuridad o poner una venda sobre los ojos.
- Utilizar compresas de agua fría aplicadas sobre los ojos cerrados para calmar el dolor.
- Poner una gota cada 4 horas (durante 48 horas) de un colírio que contenga atropina, para aliviar el cierre doloroso de la pupila.
- Colocar alternadamente y en la misma dosis un colírio antiséptico y un vaso constrictor.
- Aliviar el dolor con un analgésico y dar un somnífero si el enfermo inquieto no logra descansar.
Estas simples curaciones permiten superar las temibles primeras horas con mayor comodidad y lograr en 48 horas una cura sin problemas. Están proscriptos los colirios anestésicos y la cortisona. Ante la duda no poner nada en los ojos.

5.5 Los anteojos del sol.
Los anteojos solares se distinguen por tres características:
- La calidad “óptica” da imágenes sin deformación a cualquier distancia. Está caracterizada por la mención: vidrio superficial o menisco.
- El material, de preferencia de vidrio de seguridad.
- El poder filtrante es la aptitud de filtrar la luz y los ultravioletas. Un vidrio ordinario blanco de 5 mm de espesor detiene todos los rayos nocivos. Los vidrios de color de un espesor menor deben filtrar los UV y la luz. La intensidad de la coloración es denominada A, B o C según que la absorción de la luz sea de 15, 65 u 85%. Los anteojos para glaciares tienen una tintura C, suficientemente filtrante a cualquier altura.
Los colores de los vidrios no tienen influencia sobre el poder filtrante de los UV. Los vidrios grises, verdes, rosados o marrones detienen todos los rayos inferiores a 350 mm, de decir los más nocivos. El poder filtrante de los vidrios amarillos es tan eficaz como los otros y gracias a su luminosidad es recomendado para tiempos de niebla. Las personas que tienen una vista normal pueden elegir el color de deseen, para cada color es la intensidad de la coloración (A, B ó C) lo que determina el poder filtrante. El marrón es aconsejado para los miopes y el gris para los hipermétropes. Los vidrios espejados aportan una protección suplementaria por su poder reflejante. Los vidrios fotosensibles de gran velocidad de variación tienen un poder de absorción de casi 100% en la franja de los UV.
En general los vidrios de color vendidos corrientemente son suficientemente filtrantes, las diferencias de precio vienen de la calidad de los materiales y de la calidad óptica de los vidrios.
Hay colirios que tienen la propiedad de absorber los rayos nocivos. Protegen eficazmente cuando el riesgo de oftalmía es débil, debajo de 2000 metros en tiempo cubierto. Son útiles como filtros de ayuda si el riesgo es importante, en caso de luminosidad a gran altura. Arriba de 2000 metros es indispensable llevar anteojos de sol de calidad.

5.6 Las quemaduras solares
A pesar de la seducción que ejerce el sol, la exposición prolongada en alta montaña produce serias quemaduras de la piel. Los UV del sol son responsables de estas quemaduras. Es necesario protegerse con cremas que los absorban.

Los efectos biológicos del sol sobre la piel.
Los fenómenos precoces. El calor y el enrojecimiento son las manifestaciones calóricas debidas a la acción de los infrarrojos sobre la piel. Una pigmentación aparecerá muy rápidamente, pero durará sólo algunas horas.
Los fenómenos tardíos: la insolación.
El primer grado: En algunas horas la piel se pone rosada pálida; vuelve a la normalidad en dos o tres días sin pelarse.
El segundo grado: La piel toma rápidamente un color vivo, rojo violáceo. En 72 horas, se pela dejando un ligero bronceado.
El tercer grado. Al color rojo violáceo se suma una tumefacción del rostro, los párpados frecuentemente se hinchan. Después de pelarse, la piel conserva un bronceado duradero.
El cuarto grado. Aparecen ampollas. Es una quemadura de segundo grado que si es extensa, es acompañada de temblores, fiebre y náuseas. La piel se resquebraja dejando cicatrices.
Si la pie es expuesta regularmente al sol, se crea una barrera de protección. Es la aparición progresiva del bronceado, debido a la pigmentación de la piel por una sustancia llamada melanina que tiene la propiedad física de interponerse a la penetración de los ultravioletas. El ensanchamiento de la piel es una protección suplementaria que se produce simultaneamente.
Los efectos a largo plazo. Son consecuencia de exposiciones frecuentes y prolongadas. Bajo la acción del sol la piel envejece prematuramente a causa de la alteración de las fibras elásticas de la dermis. Marinos, agricultores, guías de montaña... son los más expuestos profesionalmente. La piel afinada, arrugada, seca, salpicada de manchas de pigmentación da al rostro el clásico aspecto “apergaminado”.
El cáncer de la piel es la consecuencia más grave de las sobre exposiciones solares. Es frecuente entre los marinos profesionales y los agricultores. Los UVB son los culpables de los cánceres de piel.
5.7 La protección de la piel
La protección natural. A los animales, los pelos los protegen del sol, para los hombres, la piel constituye la única barrera contra la penetración de la radiación. El ensanchamiento de la capa córnea y la pigmentación melánica absorben los rayos y disipan su energía.
Las productos de protección solar. Son de dos tipos:
- Los solares destinados a permitir el bronceado atenuando el “golpe de sol” indispensable para el bronceado.
- Los productos antisolares aseguran una protección total deteniendo todos los rayos ultravioletas y visibles; los llamamos “pantalla total”. Tienen un índice de protección máximo.
Arriba de los 3000 metros es recomendable que las personas sensibles protejan las partes más expuestas (la frente y la nariz) con una pantalla total.

5.8 Las insolaciones
Puede ocurrir que después de una exposición prolongada al sol con una protección insuficiente, seamos alcanzados por quemaduras solares. La piel se pone rojo carmín, se cumbre de ampollas. Generalmente el enfermo tiene fiebre y temblores. El tratamiento es el de todas las quemaduras superficiales: analgésicos contra el dolor, la fiebre y la inflamación. Recubrir la piel con crema suavizante y antiséptica.
Las personas extremadamente sensibles al sol, los colorados y rubios de piel fina, deberán en la altura protegerse el rostro con máscaras para el sol.

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